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Deseo sexual y TDAH: entre el exceso y la ausencia total

Días de deseo intenso y días de cero absoluto. El TDAH regula el deseo sexual de forma caótica. No es falta de atracción: es neuroquímica pura.

tdah

Hay semanas en las que quieres todo, a todas horas, con una intensidad que asusta un poco incluso a ti mismo. Y hay semanas en las que tu pareja te mira y tú piensas "sí, te quiero, pero ahora mismo ni me toques, gracias".

Sin término medio. Sin aviso previo. Sin explicación racional.

Si tienes TDAH, este péndulo te suena. Y si tu pareja no tiene TDAH, este péndulo la tiene confundida, herida, o las dos cosas a la vez.

¿Por qué mi deseo sexual cambia tanto con TDAH?

La respuesta corta: porque el deseo sexual está regulado, en gran parte, por la dopamina. Y la dopamina es exactamente lo que el cerebro con TDAH gestiona fatal.

Cuando tu sistema dopaminérgico está bajo, no tienes ganas de nada. No es que no quieras a tu pareja. No es que te haya dejado de atraer. Es que tu cerebro está en modo ahorro de energía y el deseo sexual es lo primero que apaga. Como cuando el móvil llega al 10% y cierra todas las apps en segundo plano.

Pero cuando la dopamina sube, sube de golpe. Y entonces el cerebro con TDAH busca intensidad, novedad, estimulación. La intimidad física es una fuente brutal de dopamina. Así que en esos momentos, el deseo se dispara de una forma que a veces ni tú mismo entiendes.

No hay reostat. Hay interruptor. Todo o nada.

El hiperfoco del enamoramiento y la caída que nadie te cuenta

Al principio de una relación, el cerebro con TDAH es espectacular.

La novedad es dopamina pura. La atracción inicial, el descubrimiento de otra persona, la incertidumbre de no saber cómo va a ir todo: eso enciende el motor a tope. Llamas a todas horas. Piensas en esa persona constantemente. Planeas cosas, sorprendes, te inventas excusas para verla. El hiperfoco romántico es real y es intensísimo.

Y luego la novedad se acaba.

No es que hayas dejado de querer a tu pareja. Es que tu cerebro ya procesó todo el estímulo que podía extraer de esa situación y necesita el siguiente chute. La relación se estabiliza, la rutina aparece, y con ella llega la caída del deseo que nadie predijo en las primeras semanas de euforia.

Tu pareja lo vive como una señal de alarma. Piensa que algo ha cambiado. Que ya no eres el mismo. Que quizá ya no te interesa tanto. Y tú no sabes cómo explicarle que no ha cambiado nada importante, solo que tu cerebro dejó de producir dopamina a espuertas porque ya conoce la situación. Es frustrante para los dos.

La medicación que ayuda con el TDAH pero complica otra cosa

Si tomas medicación para el TDAH, hay una conversación que muchos médicos se saltan: el efecto sobre el deseo sexual.

Los estimulantes, en particular, pueden bajar la libido de forma significativa. La medicación sube la dopamina y la norepinefrina para que puedas concentrarte, pero ese equilibrio de neurotransmisores puede apagar el deseo sexual como efecto secundario. Es irónico: tomas algo para funcionar mejor y una parte de tu vida funciona peor.

No le pasa a todo el mundo igual. Hay personas que no notan nada. Otras notan una bajada marcada los primeros meses. Otras ajustan dosis o cambio de medicación con su médico y el problema se resuelve. Pero si nunca nadie te lo dijo, de repente tienes un problema de pareja que en realidad es un problema de química que en realidad tiene solución.

Si notas este patrón, habla con quien te lleva la medicación. No es un tema tabú. Es información que necesitas para tomar decisiones informadas.

El agotamiento mental que tu pareja no ve

El cerebro con TDAH trabaja a pleno rendimiento todo el día para hacer cosas que a otros les cuestan la mitad.

Mantener la atención en una reunión. Filtrar el ruido de fondo cuando intentas concentrarte. Gestionar la impulsividad. Regular las emociones cuando algo te desborda. Todo eso cuesta el doble cuando tu cerebro no regula bien la dopamina, como explica bien la idea de que el cerebro TDAH no tiene regulador de volumen emocional.

Al final del día, ese cerebro está agotado.

Y cuando llegas a casa reventado de ejecutar procesos que para otros son automáticos, el deseo sexual no es lo primero de la lista. Estás en modo supervivencia. Tu cerebro quiere silencio, estimulación baja y ninguna demanda emocional.

Tu pareja lo interpreta como desinterés. Tú lo vives como una necesidad fisiológica básica de descanso. Y ninguno de los dos está equivocado, pero se genera un conflicto que escala exactamente igual que cualquier otro bucle de conflictos en parejas con TDAH: tú te cierras, el otro se siente rechazado, el otro lo busca más, tú te cierras más, y así hasta que alguien explota.

¿Entonces la anhedonia es lo que me pasa?

A veces sí. La anhedonia es la incapacidad de sentir placer con cosas que antes lo daban.

No es siempre depresión clínica, aunque puede acompañarla. En el TDAH, la anhedonia puede aparecer cuando el sistema dopaminérgico está especialmente bajo: en épocas de mucho estrés, con poca estimulación, o como parte de los altibajos naturales de la neuroquímica de tu cerebro.

En esos períodos no es que no quieras. Es que no puedes querer. No hay señal. No hay impulso. Y eso es muy difícil de explicarle a alguien que lo está viviendo desde el otro lado.

La diferencia entre "no me apetece" y "no puedo" es enorme. Pero desde fuera se ve igual.

Lo que ayuda (y lo que no sirve para nada)

Lo que no sirve: que tu pareja se lo tome como algo personal. Que tú intentes forzar lo que no sientes para no crear conflicto. Que ninguno de los dos hable del tema porque es incómodo. Lo que no se nombra se convierte en distancia.

Lo que sí ayuda: nombrar el patrón. Explicarle a tu pareja que tu deseo no es una línea recta sino una montaña rusa con periodos muy altos y periodos muy bajos. Que los períodos bajos no dicen nada sobre ella. Que los períodos altos tampoco son manipulación ni están calculados. Es neuroquímica, no estrategia.

También ayuda crear contexto para el deseo, no depender de que aparezca solo. El cerebro TDAH responde a la novedad: cambiar de rutina, proponer algo diferente, crear situaciones con algo de incertidumbre o estimulación nueva puede ayudar cuando la rutina ha matado el estímulo.

Y ayuda, mucho, dejar de asumir. Cuando el deseo de tu pareja cae de golpe, lo primero que piensa la mayoría es "ya no le atraigo" o "hay alguien más". Con TDAH en la ecuación, casi nunca es eso. Casi siempre es el cerebro gestionando mal sus propios recursos. Pero sin esa información, la interpretación por defecto es la peor posible.

Esto no es un problema de amor

Lo más importante que puedo decirte en este post es esto: las oscilaciones en el deseo sexual con TDAH no son una señal de cómo te sientes por tu pareja.

No son un barómetro de la relación. No son un mensaje oculto. No son falta de atracción, de interés ni de compromiso.

Son el resultado de un cerebro que no regula la dopamina como debería. Un cerebro que va a tope cuando hay novedad y estímulo, y que se apaga cuando hay agotamiento, rutina o química baja.

Entender eso no resuelve el problema solo. Pero sí cambia la conversación. Porque es muy distinto hablar de "ya no te intereso" que de "mi cerebro ahora mismo está en las últimas". Una conversación lleva a una herida. La otra lleva a buscar soluciones juntos.

Y eso, con TDAH en una relación, es mucho.

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