Me aburro en trabajos estables y necesito cambiar cada poco

Empiezas motivado, aprendes rápido, y a los meses te aburres. No es que seas inconstante. Es que tu cerebro necesita novedad para funcionar.

Los primeros tres meses eres el empleado del año. Aprendes rápido. Te involucras. Aportas ideas. Tu jefe piensa que ha encontrado oro.

Al sexto mes algo empieza a cambiar. La tarea ya no es nueva. Ya sabes cómo funciona todo. Ya no hay nada que descubrir. Y tu motivación, que parecía inagotable, se evapora como si nunca hubiera existido.

Al año estás mirando ofertas de empleo desde el baño de la oficina.

¿Por qué los trabajos estables se vuelven insoportables?

Porque "estable" para tu cerebro significa "predecible". Y "predecible" significa "sin novedad". Y "sin novedad" significa "sin la dopamina mínima necesaria para que me importe lo que estoy haciendo".

No es que seas caprichoso. No es que no valores la seguridad. Es que tu cerebro funciona con un sistema de recompensa que necesita estímulos nuevos para mantenerse activo. Cuando la novedad desaparece, la motivación se va con ella. Y no porque tú quieras. Sino porque tu química cerebral lo decide por ti.

Es como un motor que solo funciona con gasolina de alto octanaje. La gasolina normal técnicamente debería servir. Pero el motor petardea, pierde potencia y al final se para.

La novedad es tu gasolina de alto octanaje. Y un trabajo estable, por definición, tiene cada vez menos.

¿Cuántos trabajos llevas?

No sé tú, pero yo he tenido una colección de trabajos que parece un currículum inventado. Y en cada uno pasó exactamente lo mismo: entusiasmo, aprendizaje, meseta, aburrimiento, salida.

El patrón es tan predecible que podrías cronometrarlo. Y cada vez que pasaba, yo pensaba que el problema era el trabajo. Que no era el trabajo adecuado. Que necesitaba algo más creativo. Más dinámico. Más yo.

Hasta que me di cuenta de que no era el trabajo. Era yo. O mejor dicho, era cómo funciona mi cerebro. Porque el problema no estaba en los trabajos. El problema estaba en que mi cerebro dejaba de producir motivación en cuanto desaparecía la curva de aprendizaje.

Y eso pasa en cualquier trabajo. En el creativo, en el aburrido, en el que te encanta y en el que no. La novedad siempre tiene fecha de caducidad. Y cuando caduca, mi cerebro quiere otra cosa.

Lo que piensa tu entorno (y lo que piensas tú)

"Es que no sabes lo que quieres." "Es que eres un culo inquieto." "Es que tienes que aprender a aguantar."

Y tú acabas creyendo que tienen razón. Que eres inconstante. Que no tienes disciplina. Que el problema es un defecto de carácter que deberías corregir con fuerza de voluntad.

Pero a ver. Si fueras realmente inconstante, no serías capaz de aprender tan rápido al principio. No serías capaz de volcarte con esa intensidad. No serías capaz de aportar lo que aportas en los primeros meses. Eso no es cosa de alguien sin disciplina. Es cosa de alguien que tiene mucha energía dirigida por el interés y que se queda sin combustible cuando el interés desaparece.

Y eso, amigo, es exactamente lo que pasa cuando rindes mucho unos días y nada otros. No es inconsistencia. Es un patrón de rendimiento ligado al estímulo, no a la voluntad.

Hay un nombre para esto (y no es "vago")

Te lo digo sin rodeos.

Lo que describes - la búsqueda constante de novedad, el aburrimiento crónico en tareas repetitivas, la dificultad para mantener la motivación cuando la tarea deja de ser nueva - es uno de los patrones más frecuentes en adultos con TDAH.

No porque todos los que se aburren en el trabajo tengan TDAH. Sino porque el TDAH afecta directamente al sistema de regulación de la dopamina. Y la dopamina es lo que tu cerebro necesita para mantener el interés. Sin novedad, sin urgencia, sin estímulo externo, el cerebro TDAH no produce la dopamina suficiente para mantenerse enganchado.

Y la persona lo vive como aburrimiento. Pero no es aburrimiento normal. Es un aburrimiento que duele. Que pesa. Que te hace sentir que estás desperdiciando tu vida en algo que no importa, aunque objetivamente sí importa.

Esto no sustituye un diagnóstico, que para eso están los profesionales. Pero si este patrón de "empiezo fuerte y me desinflo" ha definido tu carrera laboral, hablar con un psicólogo o psiquiatra que sepa de TDAH adulto puede cambiarte la perspectiva entera.

¿Y qué haces con eso?

No te voy a decir que "busques tu pasión" porque eso es la frase más vacía que le puedes decir a alguien con este patrón. Tu pasión cambia cada tres meses. Ese es el punto.

Lo que a mí me funciona es crear novedad dentro de la rutina. Cambiar el cómo, no el qué. Buscar maneras nuevas de hacer lo mismo. Proponerte mini-retos dentro de las tareas que ya conoces. Aprender una herramienta nueva para hacer lo de siempre. Cualquier cosa que le dé a tu cerebro la dosis mínima de novedad para seguir funcionando.

No es perfecto. Hay días que no funciona. Pero es mejor que cambiar de trabajo cada año y medio sin entender por qué.

Eso es algo que también pasa con las tareas que te cuesta más que a los demás. El truco no es forzarte a ser como los demás. Es adaptar el entorno a tu cerebro, no al revés.

---

Si el patrón de aburrir-cambiar-aburrir te ha acompañado toda la vida y quieres entender por qué, tengo un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención. Gratis, anónimo, sin compromiso. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo