Dejo la ropa para lavar hasta que no tengo nada limpio que ponerme

Pospones lavar la ropa hasta quedarte sin opciones. No es dejadez. Es lo que pasa cuando tu cerebro no puede arrancar con tareas que no le interesan nada.

La semana pasada llegué a un punto en el que mi única opción limpia era una camiseta de un evento de 2019 al que ni siquiera recuerdo haber ido.

Ahí estaba yo. A las nueve de la mañana. Mirando el armario. Con tres opciones: la camiseta del evento misterioso, una camisa de vestir que es demasiado para un miércoles de trabajo en casa, y algo que técnicamente podría volver a usar si pasaba por el olfato.

Y lo peor no es la situación. Lo peor es que llevaba dos semanas sabiendo que eso iba a pasar.

¿Por qué pospones lavar la ropa si tarda media hora?

Ese es el tema, ¿no? Porque lavar la ropa no es difícil. Meter ropa en la lavadora, poner el programa, secar. En mi caso tardo literalmente veinte minutos contando el tiempo de decidir qué botón es el bueno. Es una tarea que cualquiera haría sin pensarlo.

Pues yo llevo viéndola acumularse durante días y no puedo arrancar.

No es que no quiera tener ropa limpia. La quiero, y mucho. No es que me dé pereza el proceso en sí. Si me pongo, termino. El problema es que hay algo entre "sé que tengo que hacerlo" y "me pongo a hacerlo" que falla. Como un semáforo que se queda en ámbar. Todo el tráfico aparcado, esperando la señal, y la señal no llega.

Y mientras tanto, la ropa se apila. Y yo paso por delante. Y la veo. Y pienso "luego". Y luego pienso "mañana". Y mañana pienso "este fin de semana". Hasta que el armario me manda un aviso en forma de camiseta de evento de 2019.

La tarea fácil que no puedes empezar

A ver, si esto te suena, quiero que entiendas algo importante.

No eres un desastre. O a lo mejor sí un poco, pero ese no es el problema de fondo.

El problema es que hay tareas que para tu cerebro no tienen ningún enganche. Ningún punto de entrada con interés. Son tareas que no tienen urgencia real, no tienen recompensa inmediata visible, y no tienen nada estimulante en el proceso. Y entonces tu cerebro dice: "Muy bien, esto puede esperar". Y espera. Y sigue esperando. Hasta que esperar tiene consecuencias reales, como quedarte sin calcetines.

Esto tiene mucho que ver con por qué te cuesta hacer cosas simples que duran cinco minutos

Y la ropa sucia es el ejemplo perfecto. No hay deadline. No hay consecuencias inmediatas. No hay nadie mirando. No hay nada que estimule. Es solo una tarea aburrida que te espera, callada, acumulándose.

El momento en que por fin lo haces (y lo que dice de ti)

Porque al final lo haces. Eso también es parte de esto.

Llegado a un punto, normalmente cuando ya no te queda otra, de repente hay suficiente urgencia como para que tu cerebro arranque. La camiseta de 2019 fue esa señal para mí. Otros la reciben cuando se quedan sin la toalla que usan siempre. Otros cuando ya tienen una pila que da miedo abrirla.

Y entonces la haces. En veinte minutos. Sin ningún drama.

Y te quedas ahí pensando: "O sea, ¿por qué no lo hice antes? Era una tontería." Y eso es lo que duele, ¿no? Que una vez que arrancas, ves que no era para tanto. Que el obstáculo real no era la tarea, era el inicio.

Pero lo que no te dices es que tú no controlabas ese inicio. No es que te faltara fuerza de voluntad. Es que tu cerebro no tenía lo que necesitaba para activarse.

Que es básicamente lo mismo que le pasa a la gente que procrastina el autocuidado. Ducharse, comer bien, dormir a una hora razonable. Todo cosas que sabes que tienes que hacer, que no son difíciles, y que sin embargo se van postergando hasta que no hay más remedio. No es desidia. Es que sin el tipo correcto de señal, tu cerebro no conecta "debería" con "lo hago ahora".

Por qué esto no es un problema de organización

Ya sé lo que piensas. O lo que te han dicho.

"Pon una alarma." "Hazlo siempre el mismo día." "Ponlo en el calendario." "Hazlo hábito."

Mira, no digo que esas cosas no funcionen. Para mucha gente funcionan. Pero si llevas tiempo intentándolo y sigues con el mismo patrón de posponer, posponer, posponer hasta el límite, quizá el problema no es que no sepas organizarte. Quizá es que tu cerebro funciona con otras reglas.

Porque a algunas personas todo les cuesta más que a los demás, y no es un problema de actitud ni de método. Es un problema de cómo está cableado su sistema de atención y motivación. Y poner más recordatorios o intentar tener más disciplina no arregla eso. Es como intentar forzar el arranque de un coche con la batería descargada dándole más vueltas a la llave.

¿Y si esto tiene nombre?

Hay un momento en el que posponer la ropa, posponer el autocuidado, posponer tareas simples que "solo tardan veinte minutos" deja de ser una rareza y empieza a ser un patrón. Y los patrones se pueden entender.

En muchos casos, esa dificultad para arrancar tareas aburridas sin urgencia externa tiene que ver con cómo regula la atención tu cerebro. Y eso, en muchos adultos, está relacionado con el TDAH. No el TDAH de película con el niño que no para quieto en clase. El TDAH del adulto que funciona perfectamente cuando hay presión o interés, y que se congela cuando la tarea es "simplemente" algo que hay que hacer.

Esto no es un diagnóstico. Soy programador con TDAH, no psiquiatra, y lo que cuento aquí es mi experiencia, no un manual médico. Si sospechas que puede ser tu caso, consulta con un profesional de verdad.

Pero si algo de esto te suena más de la cuenta, puede que merezca la pena investigarlo.

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