El deep work con TDAH dura 23 minutos si tienes suerte
Los libros dicen 4 horas de deep work. Tu cerebro TDAH te da 23 minutos. Pero esos 23 minutos, bien usados, valen más que las 4 horas.
Cal Newport dice que el deep work - ese estado de concentración profunda donde haces tu mejor trabajo - debería durar entre 1 y 4 horas seguidas. Que los profesionales que lo dominan pueden sostenerlo durante sesiones largas, produciendo un trabajo excepcional mientras el resto del mundo se distrae.
Lo leí. Me inspiró. Lo intenté.
Duré 23 minutos.
No es una exageración. Lo cronometré. Me senté con el móvil en otra habitación, todas las pestañas cerradas, un temporizador visible, y la intención firme de trabajar sin interrupción durante 2 horas.
A los 23 minutos mi cerebro ya estaba en otro planeta. Pensando en si había respondido un email. Pensando en una conversación de hace tres días. Pensando en que tengo que comprar leche. Pensando en una idea para un vídeo que no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo.
Volví al trabajo. Aguanté 7 minutos más. Me distraje otra vez. Intenté volver. 4 minutos. Distracción. Y a los 45 minutos de mi sesión de "deep work de 2 horas", ya estaba mirando el móvil preguntándome por qué soy así.
El problema de medir tu cerebro con la regla de otro
El deep work de Cal Newport está diseñado para cerebros neurotípicos. Cerebros que pueden decidir "voy a concentrarme" y luego concentrarse. Que tienen un interruptor de atención que funciona cuando lo accionas.
Tu cerebro TDAH no tiene ese interruptor. Tiene un interruptor roto que a veces funciona, a veces no, y nunca sabes cuándo va a decidir cooperar.
Cuando lees que el deep work debería durar 4 horas y el tuyo dura 23 minutos, tu cerebro concluye: soy defectuoso. No sirvo para el trabajo intelectual. Todo el mundo puede y yo no.
Pero es que estás usando la regla equivocada. Es como medir la velocidad de un submarino con la escala de un avión. Son máquinas diferentes. Funcionan de forma diferente. Y producen resultados diferentes.
Los 23 minutos de deep work de un cerebro TDAH en hiperfoco son salvajes. Esos 23 minutos producen cosas que a otra persona le costarían 2 horas. Porque cuando tu cerebro por fin se engancha, se engancha a un nivel de intensidad que el cerebro neurotípico rara vez alcanza.
El problema no es la duración. Es que planificas como si fueras a tener 4 horas y solo consigues 23 minutos. Y entonces te sientes fracasado y no aprovechas ni esos 23.
Cómo saco el máximo de mis 23 minutos
He dejado de luchar contra la duración. He aceptado que mis sesiones de trabajo profundo son cortas. Y he reorganizado todo mi sistema alrededor de eso.
Cada tarea que requiere concentración está dividida en bloques de 20 minutos o menos. No 45. No una hora. Veinte minutos. Porque sé que tengo entre 20 y 30 minutos de concentración antes de que mi cerebro se vaya.
Así que la pregunta no es "¿qué puedo hacer en 4 horas?" sino "¿qué puedo hacer en 20 minutos?". Y la respuesta es: mucho más de lo que crees.
En 20 minutos puedo escribir 500 palabras de un artículo. Puedo diseñar la estructura de una página de ventas. Puedo grabar la intro de un vídeo. Puedo responder 10 emails importantes. Puedo revisar un capítulo de un libro.
Veinte minutos no es poco. Es un sprint. Y yo soy mejor en sprints que en maratones.
La técnica del micro-arranque
El mayor problema del deep work con TDAH no es mantener la concentración. Es empezar. Porque entre que te sientas, abres el archivo, recuerdas dónde lo dejaste, y decides por dónde seguir, ya han pasado 15 minutos y tu ventana de concentración se ha comido la mitad.
Mi solución: al final de cada sesión de trabajo, dejo una frase a medias. Literalmente. Si estoy escribiendo un artículo, paro a mitad de un párrafo. Si estoy programando, dejo una función sin cerrar. Si estoy diseñando, dejo un elemento sin colocar.
¿Por qué? Porque cuando vuelvo al día siguiente, no tengo que decidir por dónde empezar. El cerebro ve algo incompleto y quiere completarlo. Es el efecto Zeigarnik: tu mente no puede dejar ir las tareas incompletas.
Y eso me ahorra los 15 minutos de arranque. Mi cerebro entra directo en modo trabajo porque tiene algo que necesita terminar. Y de ahí, con suerte, enganchó otros 20 minutos de trabajo nuevo.
23 minutos multiplicados por consistencia
Imagina que tienes 4 sesiones de 23 minutos al día. Son 92 minutos. Hora y media de deep work real.
Suena ridículo comparado con las 4 horas de Cal Newport. Pero hora y media de deep work real al día son 7,5 horas a la semana. 30 horas al mes. 360 horas al año.
360 horas de trabajo profundo y concentrado. ¿Sabes cuánto puedes construir en 360 horas? Productos enteros. Negocios enteros. Libros. Cursos. Canales de YouTube.
El problema nunca fue que tuvieras poco tiempo de deep work. El problema era que al compararte con estándares neurotípicos, sentías que no valía la pena ni intentarlo. Y esos 23 minutos se convertían en cero.
Cero multiplicado por lo que quieras sigue siendo cero.
23 minutos multiplicados por consistencia son un negocio.
Deja de perseguir las 4 horas
Si tienes TDAH y estás intentando hacer deep work al estilo Newport, para. No porque el deep work no funcione. Porque la versión de 4 horas no funciona para ti.
Tu versión son sprints. Ráfagas. Explosiones cortas de intensidad absurda seguidas de descanso real.
Acepta los 23 minutos. Protege los 23 minutos. No intentes convertirlos en 4 horas. Y verás cómo esos 23 minutos, repetidos con consistencia, construyen algo que las 4 horas imaginarias nunca van a construir.
Porque 23 minutos reales siempre ganan a 4 horas ficticias.
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