Tu negocio depende de ti y eso no es un logro, es una trampa

Eres imprescindible en tu negocio y lo dices con orgullo. Pero si no puedes irte una semana sin que todo se hunda, no tienes un negocio. Tienes una jaula.

Lo dices con orgullo.

"Sin mí esto no funciona." Lo dices en cenas. Lo dices en grupos de emprendedores. Lo dices como si fuera una medalla. Como si ser imprescindible fuera un logro.

No lo es. Es una trampa.

Si tu negocio no puede funcionar una semana sin ti, no tienes un negocio. Tienes un trabajo por cuenta propia con horarios de mierda y un jefe que no te deja descansar. Y ese jefe eres tú.

¿Cómo acabaste aquí?

Fácil. Empezaste haciendo todo tú porque era lo lógico. No tenías dinero para contratar. No tenías volumen para justificar un equipo. Eras tú, tu portátil, y tu café.

Y funcionó. Empezaste a facturar. Los clientes entraron. El negocio creció. Pero creció alrededor de ti. Tú eras el centro de todo. El que vendía, el que entregaba, el que cobraba, el que apagaba fuegos.

No contrataste porque "nadie lo hace como yo". No delegaste porque "tardo menos haciéndolo yo". No creaste sistemas porque "estoy demasiado ocupado para documentar cosas".

Y un día te das cuenta de que estás trabajando 14 horas diarias, no puedes irte de vacaciones, y si te pones enfermo tu negocio se para.

Felicidades. Has construido tu propia cárcel.

El TDAH lo hace tres veces peor

Con TDAH, la necesidad de control es brutal. Porque nuestro cerebro ya siente que todo es caótico. Todo se nos olvida. Todo se nos acumula. Y la respuesta natural es controlarlo todo. Cada email. Cada factura. Cada detalle.

Pero controlar todo es imposible. Y cuando intentas controlar todo, lo que consigues es agotarte sin avanzar. Es como intentar sujetar 37 pelotas de ping pong a la vez. No importa lo rápido que muevas las manos: se te van a caer.

La paradoja es brutal. El TDAH te hace sentir que necesitas controlar más, y al mismo tiempo te hace pésimo controlando cosas. Así que acabas en un bucle de intentar controlar, fallar, sentirte culpable, e intentar controlar más.

La salida no es más control. Es menos. Es soltar. Es aceptar que delegar significa que se hará diferente, pero se hará.

Señales de que estás atrapado

A ver si te reconoces en alguna de estas:

Contestas emails de clientes a las 11 de la noche. Trabajas los fines de semana "solo un ratito" que se convierte en 4 horas. No recuerdas la última vez que te fuiste de vacaciones sin el portátil. Tus amigos han dejado de invitarte a planes porque siempre dices que no puedes. Tu pareja te ha dicho "estás aquí pero no estás aquí" más de una vez.

Si te has reconocido en tres o más, no tienes un negocio que funciona. Tienes una dependencia que paga facturas. Que no es lo mismo.

¿Cómo se sale de la trampa?

Paso uno: admite que eres el cuello de botella. No la pieza clave. El cuello de botella. Lo que frena todo. Duele, pero es el primer paso.

Paso dos: haz una lista de todo lo que haces en una semana. Todo. Desde contestar emails hasta editar vídeos. Marca con un asterisco las cosas que solo tú puedes hacer. Te prometo que son menos del 20%.

Paso tres: el otro 80%, empieza a sacarlo de tu plato. No mañana. No "cuando tenga más ingresos". Ahora. Con freelances, con herramientas, con automatizaciones, con lo que sea.

Paso cuatro: acepta que durante un tiempo las cosas se van a hacer peor que si las hicieras tú. Es el precio de construir algo que no dependa de ti. Un precio que vale la pena pagar.

El test real de tu negocio

¿Puedes irte un mes sin tocar nada y que siga funcionando? Si la respuesta es no, tu trabajo es convertirla en sí. No en "más o menos sí". En sí.

Porque un negocio que depende de ti al 100% no es un activo. Es un empleo. Un empleo donde no tienes vacaciones, ni baja por enfermedad, ni derecho a desconectar.

Y te lo digo yo, que tardé años en verlo. Estaba tan metido en el día a día que no tenía perspectiva. Cada mañana me levantaba, abría el portátil, y apagaba fuegos durante 12 horas. Me sentía productivo. Me sentía importante. Me sentía necesario. Pero en realidad estaba atrapado. La diferencia entre sentirse necesario y ser imprescindible es que lo primero alimenta tu ego y lo segundo destruye tu vida.

Escalar

Yo tardé demasiado en entender esto. No cometas el mismo error. Tu cerebro con TDAH te va a decir que tú lo haces mejor, que nadie entiende tu negocio como tú, que soltar es peligroso. Y va a tener razón en parte. Pero estar encadenado a tu propio negocio también es peligroso. Y mucho más agotador que emprender de verdad.

¿Tu TDAH está saboteando tu negocio sin que lo sepas? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo