Cuando algo me apasiona no puedo parar aunque deba hacer otras cosas
14 horas investigando acuarios. El informe del trabajo sigue sin empezar. Tu cerebro no te deja soltar lo que le interesa.
14 horas. Catorce. Investigando sobre acuarios. Tipos de peces, filtros, plantas acuáticas, temperatura del agua, sustratos. No tienes acuario. No has tenido nunca. Probablemente nunca lo tengas. Pero tu cerebro decidió que hoy eso era lo más importante del universo.
Mientras tanto, el informe del trabajo lleva 3 días sin empezar. Tienes 12 mensajes sin contestar. No has comido bien. Y son las 3 de la mañana.
Pero sabes todo sobre peces tropicales. Así que algo has hecho.
¿Por qué no puedo soltar algo que me interesa?
Pues porque tu cerebro tiene dos modos. Y solo dos. Cero interés o interés absoluto. No hay punto medio. No hay "me interesa un poco". Es "me da igual" o "esto consume toda mi existencia durante las próximas 6 a 47 horas".
Y cuando estás en modo interés absoluto, no puedes parar. No es que no quieras. Es que no puedes. Tu cerebro ha encontrado una fuente de dopamina y se agarra a ella como si le fuera la vida. Todo lo demás desaparece. El hambre, el sueño, las obligaciones, las personas. Solo existe esa cosa.
Imagínate que tu cerebro es un imán y la cosa que te interesa es un trozo de metal. Cuando se juntan, no puedes separarlos con las manos. Necesitas una fuerza externa. Que se vaya la luz. Que alguien te grite. Que el cuerpo físicamente no aguante más. Pero tu cerebro, por sí solo, no va a soltar.
Es como una especie de secuestro. Tu cerebro secuestra tu atención y la lleva a donde quiere, no a donde tú necesitas. Y tú ahí dentro, viendo cómo pasan las horas, sabiendo que deberías estar haciendo otra cosa, pero absolutamente incapaz de cambiar el rumbo.
El problema no es la pasión
Y aquí viene la parte que la gente no pilla.
Cuando les cuentas esto, te dicen: "Qué guay, ojalá yo pudiera concentrarme tanto en algo". Porque desde fuera parece un superpoder. Parece que eres una persona apasionada, dedicada, con capacidad de profundizar.
Y sí, todo eso es verdad. Pero la parte que no ven es que no lo eliges. No decides cuándo se activa ni cuándo se apaga. No decides sobre qué tema. Y muchas veces se activa con cosas que no te sirven de nada y se niega a activarse con las que sí.
Tu jefe necesita el informe para mañana. Tu cerebro quiere investigar sobre acuarios. Y tu voluntad no tiene ni voz ni voto en esa negociación.
Eso no es pasión. Es un sistema de atención que no regula bien sus prioridades. Y cuando la gente te dice "pues aplica esa concentración al trabajo", es como decirle a alguien que conduce un coche sin volante que gire a la derecha. No es cuestión de querer. Es cuestión de no tener el control.
¿Y cuando se acaba?
Porque se acaba. Siempre se acaba.
Puede que dure 6 horas. Puede que dure 3 días. Puede que dure 2 semanas. Pero cuando la novedad o el interés bajan del umbral mínimo, el apagón es total. De 100 a 0 en un segundo. Y no vuelves. No vuelves a los acuarios. No vuelves al hobby. No vuelves a esa cosa que era lo más importante de tu vida hace 48 horas.
Y eso deja un cementerio de intereses abandonados que te genera culpa. Porque sientes que eres inconstante. Que no terminas nada. Que empiezas bien y acabas mal. Pero no es inconstancia. Es que tu cerebro funciona a base de obsesiones temporales, no de interés sostenido.
Si alguna vez has sentido que te aburres si no pasa nada emocionante, la conexión es directa. Tu cerebro necesita intensidad para funcionar. Cuando la encuentra, no puede soltar. Cuando la pierde, no puede continuar. Es el mismo mecanismo en dos direcciones.
La vida entre la obsesión y el vacío
Esto es lo que más cuesta explicar. Que tu vida emocional no tiene matices. Es obsesión o vacío. Es "esto es lo más importante que existe" o "no siento nada por esto". Y pasar de un estado a otro puede llevar minutos.
Yo he pasado noches enteras programando algo que se me ocurrió a las 11 de la noche. Con una intensidad brutal. Con una claridad que durante el día no tengo ni de broma. Y a las 6 de la mañana, agotado, mirando lo que he hecho, pensando: "¿Y ahora qué hago con esto?"
Y la respuesta muchas veces es: nada. Porque al día siguiente ya no me interesa. El cerebro ya encontró otra cosa. O peor: no encontró nada, y me quedo en el vacío del aburrimiento hasta que aparezca la siguiente obsesión.
Si esto te suena y además tomas decisiones impulsivas cuando estás en modo obsesión, compras cosas, te apuntas a cosas, prometes cosas, ya tienes el cuadro completo. No son problemas separados. Es todo lo mismo.
A mucha gente le cuesta todo más que a los demás y piensa que es porque le falta disciplina. Pero lo que realmente le falta es un sistema de atención que obedezca instrucciones.
Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Si lo que describo te suena a tu forma de funcionar desde siempre, habla con un psicólogo o psiquiatra.
Si quieres un punto de partida, hice un test de 43 preguntas. Diez minutos. Gratis. No diagnostica nada, pero puede explicar por qué tu cerebro solo tiene dos velocidades. Hazlo aquí.
Sigue leyendo
No puedo terminar lo que empiezo en el trabajo y me está costando el puesto
Empiezas proyectos con energía y los abandonas a medias. No es falta de compromiso. Hay una razón concreta y tiene solución.
No puedo desconectar ni estando de vacaciones
Vacaciones en la playa y tu cabeza sigue en los proyectos. No eres adicto al trabajo. Tu cerebro no sabe apagar el ruido sin ayuda externa.
Mis fotos del móvil son 10.000 imágenes sin organizar
Tienes 10.000 fotos en el móvil. Sin carpetas. Sin orden. Capturas, memes, fotos de comida y alguna foto bonita perdida entre el caos.
Me agobia quedar con gente aunque luego lo pase bien
Te agobia la idea de quedar, pero cuando quedas te lo pasas genial. No eres antisocial. Tu cerebro te boicotea antes de arrancar.