Me agobia quedar con gente aunque luego lo pase bien

Te agobia la idea de quedar, pero cuando quedas te lo pasas genial. No eres antisocial. Tu cerebro te boicotea antes de arrancar.

Te escriben. "¿Quedamos el viernes?" Y tu primera reacción no es ilusión. Es agobio.

No porque no quieras. No porque esa persona te caiga mal. Sino porque la idea de tener un compromiso social en el calendario te genera una presión en el pecho que no sabes explicar. Como si fuera una obligación. Como si quedarte en casa fuera lo único que tu cuerpo te pide.

Y luego vas. Y te lo pasas genial. Y piensas: "¿por qué me agobiaba tanto por esto?"

Y al viernes siguiente, la misma historia.

¿Por qué te agobia algo que sabes que vas a disfrutar?

Porque tu cerebro no evalúa las cosas por cómo te van a hacer sentir. Las evalúa por cuánta energía necesita para arrancarlas.

Y quedar con gente, para tu cabeza, no es "ir a un sitio y charlar". Es una cadena de micro-decisiones y transiciones que tu cerebro ve como una montaña. Qué me pongo. A qué hora salgo. Cómo llego. Qué hago si llego pronto. Qué hago si hay gente que no conozco. Cuánto rato me quedo. Cómo me voy sin que sea raro.

Para la mayoría de la gente eso son cosas automáticas. Para ti, cada una de esas cosas consume un recurso que no tienes de sobra: la capacidad de planificar y ejecutar transiciones.

Es como si antes de ver una peli tuvieras que montarte el cine, construir la butaca y fabricar las palomitas. Cuando llegases a darle al play ya estarías agotado. ¿Te gusta el cine? Sí. ¿Te apetece todo lo previo? Ni de broma.

¿Es pereza social o es algo más?

Pereza social sería no querer ir y no ir. Esto es otra cosa. Esto es no querer ir, luego ir y pasarlo bien, y luego no querer ir otra vez. Es un patrón que no tiene sentido si lo piensas racionalmente.

Pero es que no es racional. Es neurológico.

Lo que pasa antes de quedar es una resistencia que tiene que ver con la activación. Tu cerebro necesita un empujón extra para arrancar cualquier tarea que no sea urgente ni inmediatamente placentera. Y "quedar el viernes" no es ni urgente ni inmediatamente placentera. Es algo futuro, abstracto, y que requiere transición. Tres cosas que tu cerebro gestiona fatal.

Una vez que estás ahí, la cosa cambia. Porque ahora hay estímulos reales, personas reales, dopamina real. Tu cerebro se activa porque ya tiene con qué trabajar. El problema no era la situación social. El problema era la transición hasta llegar a ella.

Es la misma razón por la que te cuesta todo más de lo que debería. No es la tarea. Es arrancar la tarea.

¿Qué pasa con los planes a futuro?

Aquí viene lo divertido. Cuando alguien te propone algo para dentro de dos semanas, dices que sí encantado. Porque dentro de dos semanas parece lejísimos y tu cerebro no lo procesa como real.

Pero cuando llega el día, tu cerebro se da cuenta de que es real. Y se agobia. Porque ahora tiene que hacer la transición. Ahora tiene que activarse. Y no quiere.

Y entonces empieza el festival de excusas internas. "¿Y si no voy?" "Puedo decir que no me encuentro bien." "Si cancelo ahora aún queda tiempo para que no se lo tome mal."

No porque seas mala persona. Porque tu cerebro está intentando protegerse de un gasto de energía que ve como innecesario. Es supervivencia mal calibrada.

Y lo peor es cuando cancelas y luego te sientes culpable. Porque sabes que si hubieras ido, lo habrías pasado bien. Pero la culpa de cancelar se suma al agobio del siguiente plan, y se crea un bucle del que cuesta mucho salir.

Hasta que un día empiezas a dejar de ir a cosas. Y tus amigos empiezan a dejar de invitarte. Y acabas aislado sin entender muy bien cómo has llegado ahí, solo sabiendo que no puedes estar en grupos grandes mucho tiempo y que la idea de quedar te pesa más de lo que debería.

¿Tiene nombre esto que me pasa?

Sin entrar en diagnósticos que no me corresponden, sí. Tiene un nombre en la investigación clínica: dificultad de activación. Y es especialmente frecuente en adultos con TDAH.

No es ansiedad social clásica. No es introversión. Es un problema de arranque. Tu cerebro necesita más gasolina que el de la mayoría para ponerse en marcha, y como socializar no genera urgencia ni deadline, se queda en la cuneta hasta que la presión social te obliga a ir.

Y entonces vas. Y te lo pasas bien. Y el ciclo se repite.

Si te suena demasiado, no te autodiagnostiques por un post de blog. Eso es cosa de un psicólogo o psiquiatra.

Pero lo que sí puedes hacer es dejar de pensar que eres raro por sentir agobio antes de algo que disfrutas. No eres raro. Tu cerebro tiene un motor de arranque que necesita más chispa que el estándar.

Y eso tiene soluciones. Pero primero hay que saber que existe.

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