La crisis de los 30 con TDAH: cuando todos avanzan y tú sigues buscándote
Tus amigos tienen hipoteca y ascensos. Tú llevas 5 trabajos en 4 años y no sabes qué quieres ser. Bienvenido a los 30 con TDAH.
Tus amigos tienen hipotecas, bodas, ascensos. Tú llevas 5 trabajos en 4 años y todavía no sabes qué quieres ser de mayor. Y cumples 30 en tres meses.
Lo sé porque lo viví.
A los 29 años yo tenía un currículum que parecía el menú de un restaurante asiático: de todo un poco, sin especialidad clara, y con algunas decisiones cuestionables que preferías no mirar dos veces. Mientras mis amigos del instituto compartían fotos de sus casas nuevas o de sus bebés, yo estaba buscando en Google "es normal cambiar de trabajo cada 8 meses" a las 3 de la madrugada.
Y lo peor no era estar perdido. Lo peor era sentir que todo el mundo había recibido un manual de instrucciones para la vida adulta y a mí se me había perdido el sobre en correos.
¿Por qué la crisis de los 30 es diferente con TDAH?
Porque la crisis de los 30 "normal" ya es bastante jodida. Es ese momento en el que miras atrás y evalúas si lo que has construido tiene sentido. Todos lo hacen. Es parte de crecer.
Pero cuando tienes TDAH, no miras atrás y ves un camino con curvas.
Miras atrás y ves un campo de minas. Proyectos a medias. Relaciones que saboteaste sin entender por qué. Trabajos que dejaste porque "no era lo tuyo" (y el siguiente tampoco, ni el siguiente). Decisiones impulsivas que parecían brillantes a las 2 de la mañana y desastrosas a las 9 de la mañana siguiente.
La persona sin TDAH llega a los 30 y piensa "¿estoy donde quiero estar?".
La persona con TDAH llega a los 30 y piensa "¿alguna vez he estado donde quería estar, o llevo toda la vida saltando de una cosa a otra sin saber por qué?".
Es una diferencia que parece sutil. No lo es.
¿Por qué la comparación social duele el doble?
Porque el TDAH te lleva generando un historial de "fracasos" desde que eras crío. Y a los 30, ese historial te explota en la cara.
Piénsalo. Llevas años viendo cómo la gente de tu edad avanza en línea recta mientras tú vas en zigzag. Cuando tenías 22, podías justificarlo. "Ya maduraré". "Ya encontraré lo mío". "Estoy explorando". Con 25 seguía colando. Con 28, empezaba a chirriar.
A los 30 ya no hay excusa socialmente aceptable.
Y eso no es solo presión social. Es que tu cerebro, después de tres décadas sin diagnóstico, ha interiorizado que el problema eres tú. Que eres vago. Que no te esfuerzas lo suficiente. Que si de verdad quisieras, podrías.
Spoiler: no es eso.
Es que tu CV tiene 7 trabajos en 5 años y nadie te ha explicado que eso no es falta de compromiso. Es un cerebro que necesita novedad como el resto de la gente necesita café por las mañanas.
¿Y si resulta que no llegas tarde?
Esta es la parte que me habría gustado que alguien me dijera a los 29.
El TDAH no te hace ir más lento. Te hace ir por otro camino. Un camino que no tiene señales, que no sale en Google Maps, y que la mayoría de la gente no reconoce como válido porque no se parece al suyo.
Pero es un camino.
El problema no es que no hayas avanzado. Es que estás midiendo tu progreso con la regla de otro. Y esa regla no funciona para un cerebro que funciona diferente.
Tus amigos compraron un piso a los 27 porque llevaban 5 años en el mismo trabajo. Tú a los 27 descubriste tu cuarto sector profesional. No es peor. Es distinto. Y hasta puede ser una ventaja si dejas de castigarte por ello.
Porque esos 5 trabajos que parecen un desastre en un CV son 5 industrias que conoces por dentro. 5 formas de trabajar que has vivido. 5 tipos de jefe que has sobrevivido. Eso, en el mundo real, vale más que una línea recta de 10 años en la misma silla.
¿Qué haces cuando cumples 30 y no tienes nada "estable"?
Primero, dejas de usar la palabra "estable" como si fuera un requisito moral.
Estable para ti puede significar algo completamente diferente que para tu primo el funcionario. Y eso está bien. No necesitas una hipoteca para demostrar que eres un adulto funcional. Necesitas entender cómo funciona tu cabeza y dejar de forzarla a funcionar como la de los demás.
Segundo, te buscas un diagnóstico si no lo tienes. Porque mucha gente llega a los 30 arrastrando un TDAH sin diagnosticar que explica el 90% del caos. Y cuando lo entienden, todo cambia. No porque el TDAH desaparezca, sino porque por fin dejas de pelearte contigo mismo.
Tercero, te das permiso para cambiar de sector a los 35 si hace falta. O a los 40. O cuando te dé la gana. Porque la idea de que a los 30 ya tendrías que saber qué quieres hacer con tu vida es una mentira que se inventó alguien que claramente no tenía TDAH.
Y cuarto, dejas de compararte. Sé que suena a consejo de Instagram. Pero hablo en serio. La comparación social con TDAH es como jugar al Monopoly contra gente que lleva jugando desde antes de que tú entendieras las reglas. No es justo. Y no dice nada sobre lo que puedes hacer a partir de ahora.
No eres un caso perdido a los 30
Hay gente que empieza de cero a los 40 y construye algo brutal. A los 30 tienes más tiempo del que crees. Lo que no tienes es la perspectiva para verlo, porque tu cerebro lleva tres décadas diciéndote que vas con retraso.
No vas con retraso. Vas por otro sitio.
Y el sitio al que llegas cuando dejas de fingir que tu camino debería parecerse al de los demás puede ser mucho más interesante que una hipoteca y un ascenso que no te importan.
Cumplir 30 no es el deadline. Es el punto en el que por fin puedes dejar de intentar encajar en el molde de otro y empezar a construir el tuyo.
Aunque el tuyo tenga una forma rara. Sobre todo si tiene una forma rara.
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