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Cómo el TDAH cambió la historia de la exploración

Colón insistió 10 años en su ruta. Marco Polo viajó 24 años. Amelia Earhart cruzó el Atlántico sola. Los exploradores más grandes no podían quedarse quietos.

tdahfamosos

Hay una cosa que todos los grandes exploradores de la historia tienen en común.

No es valentía. No es preparación. No es talento.

Es que ninguno de ellos podía quedarse quieto.

Y eso, en la época en que vivieron, cambió el mapa del mundo.

¿Y si la exploración fuera el deporte extremo del cerebro que no para?

Antes de entrar en los casos, el aviso habitual: no voy a decirte que el TDAH es un superpoder. Tengo demasiados lunes en los que no puedo ni responder un correo como para romantizarlo.

Pero hay una cosa que sí es real: el cerebro que no tolera la rutina, que necesita novedad, que va detrás del siguiente horizonte antes de haber digerido el anterior... ese cerebro, en el contexto adecuado, puede hacer cosas que el resto del mundo considera imposibles.

Y pocas cosas requieren más esa mentalidad que salir a explorar un planeta del que no sabes nada.

Vamos con cuatro casos.

¿Quién insiste 10 años en una idea que todos consideran una locura?

Cristóbal Colón intentó vender su proyecto a la corona de Portugal en 1485. Le dijeron que no.

Fue a Castilla. Le dijeron que no. Esperó. Volvió a insistir. Le dijeron que no otra vez. Siguió esperando. Siguió insistiendo. Diez años después, Isabel y Fernando dijeron que sí.

Diez años.

Piensa en lo que tienes que tener en la cabeza para insistir en la misma idea durante diez años mientras todo el mundo te dice que estás equivocado. No es perseverancia normal. Es una fijación que no tiene interruptor de apagado. Una certeza que no se negocia con la realidad externa.

Colón también era conocido por su impulsividad. Tomaba decisiones rápidas, a veces catastróficas, que luego no podía revertir. La gestión de sus colonias fue un desastre. Lo arrestaron y lo mandaron de vuelta a España encadenado. No porque fuera mala persona necesariamente, sino porque una cosa es tener una visión de largo plazo y otra muy distinta es gestionar el día a día de un territorio con 50 conflictos simultáneos.

Obsesión monumental para el objetivo grande. Caos absoluto en la ejecución del detalle.

Si tienes TDAH, el patrón te suena.

Y por eso existe América en el mapa.

¿Quién deja su casa durante 24 años y lo llama "un viaje"?

Marco Polo salió de Venecia en 1271. Tenía 17 años. Volvió en 1295. Tenía 41.

Veinticuatro años.

No fue una expedición planificada con fecha de retorno. Fue un viaje que se fue alargando porque siempre había otro lugar que ver, otra ruta que explorar, otra corte que visitar. Llegó a China. Se quedó 17 años al servicio de Kublai Kan. Viajó por todo el imperio. Cruzó desiertos, montañas, mares.

El tipo no podía parar.

Cuando volvió a Venecia y contó lo que había visto, nadie le creyó. Le llamaron "Il Milione", el de los millones, porque todo lo que contaba parecía exagerado. Los palacios de oro, las ciudades de millones de habitantes, las rutas de especias. La gente pensaba que había perdido la cabeza.

Él seguía contando.

Dictó sus memorias desde una prisión en Génova, donde acabó preso por otro motivo. No tenía nada mejor que hacer y tenía un mundo entero que contar.

La inquietud que le llevó a no volver a casa durante 24 años es la misma que produce el cuaderno lleno de ideas a las tres de la mañana, la incapacidad de quedarse en un trabajo aburrido, la sensación permanente de que hay algo más interesante justo después del siguiente giro.

Aplicada al siglo XIII, eso produce el primer relato europeo detallado de Asia.

¿Por qué cruzar el Atlántico sola cuando nadie te lo pide?

Amelia Earhart era de las que hacían cosas que nadie les había pedido que hicieran.

En 1928 cruzó el Atlántico como pasajera. Para cualquier persona normal, eso habría sido suficiente. Una historia que contar. Un logro que exhibir.

Para Earhart no fue suficiente. Cuatro años después lo hizo sola. Primera mujer en cruzar el Atlántico en solitario. Quince horas y dieciocho minutos desde Newfoundland hasta Irlanda del Norte.

Luego intentó dar la vuelta al mundo. Desapareció en el Pacífico en 1937. Nunca encontraron ni el avión ni el cuerpo.

Lo que a veces se pasa por alto es el patrón completo. Earhart no buscaba la fama, o al menos no era lo que la movía. Lo que la movía era la siguiente prueba. El siguiente límite. La siguiente cosa que nadie había hecho todavía o que nadie esperaba que ella hiciera.

Fue una de las primeras mujeres en obtener el carné de piloto. Fundó una organización de mujeres pilotos. Daba conferencias. Escribía. Y entre conferencia y conferencia, planeaba el siguiente vuelo imposible.

La búsqueda de riesgo que describe el TDAH no es autodestrucción. Es que el cerebro necesita un nivel de estimulación que la vida normal no proporciona. Y cuando encuentras algo que sí lo proporciona, nada más importa demasiado.

Para Earhart, eso era volar hacia donde nadie había volado antes.

¿Quién da la vuelta al mundo a punta de impulsividad?

Fernando de Magallanes no empezó la expedición pensando en dar la vuelta al mundo.

Empezó buscando una ruta a las islas de las especias que fuera más corta que la portuguesa. Cuando se encontró con el estrecho que ahora lleva su nombre, al sur de América, tomó una decisión. Siguió.

No era la decisión más racional. Sus hombres llevaban meses en el mar. El suministro de comida era un problema. El estrecho era peligroso. Tres de sus cinco naves se habían perdido o amotinado. Tenía razones de sobra para volver.

Siguió.

Cruzó el Pacífico. Tardó noventa y nueve días. Murieron de escorbuto, de hambre, de deshidratación. Cuando llegaron a Filipinas, Magallanes se metió en un conflicto local que no era su problema y murió en la batalla de Mactán en 1521.

Impulsividad que lleva a la acción, incapacidad de calcular el riesgo con frialdad, decisiones tomadas en el momento sin suficiente análisis de las consecuencias.

El resultado, sin embargo, fue la primera circunnavegación de la Tierra. La prueba definitiva de que el planeta era redondo y de que todo estaba conectado.

Juan Sebastián Elcano, que terminó el viaje con 18 supervivientes de los 270 originales, recibió el escudo con el lema "Primus circumdedisti me". El primero en rodearme.

Magallanes no llegó a verlo.

Pero sin su impulsividad, nadie lo habría intentado.

Lo que tienen en común estos cuatro

Colón no podía aceptar que le dijeran que no.

Marco Polo no podía volver a casa.

Earhart no podía quedarse con lo que ya había conseguido.

Magallanes no podía dar la vuelta cuando la razón le decía que lo hiciera.

Ninguno de ellos funcionaba de la forma en que se supone que hay que funcionar. Todos tenían una relación con el riesgo, con la novedad, con la obsesión y con la impulsividad que el resto de la gente consideraba excesiva o directamente incomprensible.

Y esa relación, aplicada a la exploración en los siglos XV y XVI, produjo el mapa del mundo que conocemos hoy.

No te estoy diciendo que si tienes TDAH tienes que salir a cruzar un océano. Hay opciones menos dramáticas.

Lo que sí te estoy diciendo es que el cableado que hace que no puedas quedarte quieto, que necesites la siguiente novedad, que te resulte físicamente imposible aceptar que algo no puede hacerse... ese cableado no es un error de diseño.

Es el mismo que usaron las personas que descubrieron que el mundo era redondo.

El problema no es cómo funciona tu cabeza.

Es que nadie te ha explicado qué hacer con ella.

Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, he preparado un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero es el mejor punto de partida que conozco.

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