Tu casa después de Navidades con TDAH: el caos que sigue ahí en febrero
El árbol medio desmontado, regalos sin sitio, papel por el suelo. Con TDAH el caos navideño se queda semanas porque tu cerebro no sabe por dónde empezar.
El árbol medio desmontado apoyado en la pared del pasillo. Tres bolsas de regalos que no tienen sitio. Papel de envolver debajo del sofá. Una caja de bombones vacía en la mesa desde el 26 de diciembre.
Estamos a mediados de enero y tu casa sigue pareciendo el escenario de un villancico que nadie canceló.
Y lo gracioso es que sabes exactamente lo que hay que hacer. Recoger el árbol. Tirar las bolsas. Pasar la aspiradora. Son tareas que a cualquiera le llevarían una tarde. Pero tú llevas dos semanas mirando el desastre, prometiéndote que "hoy sí lo hago", y luego sentándote en el sofá a ver vídeos de gente organizando su casa en TikTok. Porque tu cerebro con TDAH prefiere ver a otros limpiar que limpiar él.
Bienvenido al caos post-navideño con funciones ejecutivas de vacaciones.
¿Por qué no puedes simplemente recoger y ya?
Porque "simplemente recoger" no existe para un cerebro con TDAH.
Recoger la casa después de Navidades no es una tarea. Son 47 microtareas disfrazadas de una. Guardar las bolas del árbol. Buscar la caja donde iban. Recordar dónde pusiste esa caja. Decidir qué haces con los regalos que no te gustan pero no puedes tirar porque te los hizo tu tía. Encontrar sitio para los regalos que sí te gustan. Tirar el papel de envolver. Pero primero separar el que tiene purpurina porque igual lo puedes reutilizar. Limpiar la purpurina del suelo. Pasar la aspiradora. Pero el aspirador está detrás de las bolsas. Que no puedes mover porque primero tienes que vaciarlas. Que no puedes vaciar porque no sabes dónde van las cosas.
¿Ves el problema?
Tu cerebro necesita un punto de entrada claro para arrancar. Y cuando todo es un caos simétrico donde nada es más urgente que lo demás, se bloquea. No es pereza. Es parálisis de decisión. Tu cerebro mira el desastre, intenta calcular el orden óptimo para hacer todo, no lo encuentra, y decide que lo mejor es no hacer nada.
Es como estar delante de un buffet libre con 200 platos y no pedir ninguno porque no sabes por cuál empezar. Mientras tanto, el camarero te mira raro.
El efecto bola de nieve del desorden navideño
Lo peor del caos navideño no es el caos en sí. Es que se suma al caos que ya tenías.
Porque seamos sinceros: tu casa antes de Navidades tampoco estaba para salir en una revista de decoración. Si mantener la casa limpia con TDAH ya es un deporte de riesgo en condiciones normales, añádele dos semanas de visitas, cenas, regalos y excepciones a toda regla.
El desorden navideño se mezcla con el desorden previo y crea una especie de ecosistema propio. Las luces del árbol conviven con la ropa de la silla. Los turroncitos a medio comer comparten mesa con los papeles del trabajo. Y la bolsa de ropa que ibas a donar en octubre sigue en el mismo sitio, ahora tapada por tres bolsas de regalo.
Y cada día que pasa sin recoger, la tarea se hace más grande en tu cabeza. Porque tu cerebro no ve "recoger unas cuantas cosas". Tu cerebro ve "reorganizar toda mi vida". Y como reorganizar toda tu vida suena agotador, mejor mañana.
Mañana lleva repitiéndose desde el 7 de enero.
La silla, la esquina y la habitación prohibida
Todo el mundo con TDAH tiene zonas de acumulación. Puntos de la casa donde las cosas llegan y nunca se van. La silla con la ropa es la más famosa. Pero después de Navidades se crean zonas nuevas. Temporales que se vuelven permanentes.
La esquina del salón donde dejaste las bolsas "hasta que encuentre sitio". La encimera de la cocina que es mitad cocina, mitad almacén de dulces sobrantes. La habitación de invitados que se convirtió en habitación de "ahí lo dejo luego".
Y lo peor: cada zona de acumulación tiene un campo gravitatorio. Atrae más cosas. Porque cuando tu cerebro ve una zona desordenada, piensa "total, ya está desordenado" y le añade más cosas encima. Es la lógica del "un poco más de caos no se nota". Y así, la esquina se convierte en montaña. La montaña se convierte en paisaje. Y el paisaje se convierte en "así es mi casa ahora".
Si encima eres de los que acumulan cosas por si acaso, el efecto se multiplica. Porque tirar las cosas de Navidad implica decidir qué vale y qué no. Y decidir, con TDAH, consume batería. Batería que no tienes.
Cómo salir del caos sin intentar hacerlo todo a la vez
No voy a decirte que hagas un planning de limpieza de 3 horas con temporizador y lista de Spotify motivacional. Eso lo escriben los que no saben lo que es mirar una habitación desordenada y sentir que te asfixia.
Lo que sí funciona:
Una bolsa de basura. Solo una. Cógela ahora. Métele dentro todo lo que sea claramente basura. Papel de envolver, envases vacíos, cajas rotas, esa cosa que no sabes qué es pero lleva ahí un mes. Cuando la bolsa esté llena, la sacas. Ya has hecho más que en las últimas dos semanas.
Una superficie al día. No "toda la casa". Una superficie. Hoy la mesa del comedor. Mañana la encimera. Pasado la entrada. Tu cerebro puede con una superficie. No puede con una casa entera.
La caja de "ya lo decido luego". Todo lo que no sabes dónde va, a una caja. Los regalos sin sitio, las cosas que igual tiras igual no, los cables misteriosos. Todo a la caja. La caja puede estar un mes en un rincón y no pasa nada. Lo importante es que ya no está repartida por toda la casa ocupando espacio mental.
No es el método Marie Kondo. Es el método "que mi cerebro no se cortocircuite".
Tu casa no es un reflejo de tu valor como persona
Esto parece obvio pero no lo es cuando llevas semanas viviendo entre cajas de Navidad y te sientes como un desastre andante.
Tu casa está desordenada porque tu cerebro prioriza de forma diferente. No porque seas vago. No porque no te importe. No porque "ya deberías haberlo hecho". Tienes un cerebro que necesita instrucciones explícitas, pasos claros y recompensas inmediatas para arrancar. Y "recoger la casa" no cumple ninguno de esos tres criterios.
Así que baja el listón. No necesitas que tu casa parezca un catálogo de IKEA. Necesitas poder caminar sin pisar una bola de Navidad. El resto puede esperar.
Febrero es un buen mes para tener la casa medio decente. Enero era para sobrevivir.
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Si cada vez que miras el desorden de tu casa sientes que algo no funciona en tu cabeza, quizá tengas razón. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos que pueden explicar por qué tu cerebro necesita un manual de instrucciones diferente.
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