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Dani Martín: cuando El Canto del Loco era la descarga perfecta

Dani Martín ha hablado de ansiedad y dificultades de concentración. Su energía en El Canto del Loco encaja con un patrón muy reconocible.

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Dani Martín saltaba por el escenario como si le quemara el suelo.

El Canto del Loco no era solo un nombre. Era una descripción perfecta de lo que pasaba dentro de su cabeza. Una energía que no se podía contener, que necesitaba salir por algún sitio, y que encontró la música antes de que la música la encontrara a ella.

Si creciste en España entre los noventa y los dos mil, Dani Martín fue tu grupo. El tío que gritaba "Besos" a todo pulmón, que se tiraba al suelo del escenario, que sudaba como si cada concierto fuese el último. Y tú ahí, con quince años, pensando que eso era solo carisma.

Puede que fuese algo más.

¿Tiene Dani Martín TDAH o simplemente es muy intenso?

Vamos a dejarlo claro desde el principio: Dani Martín no ha confirmado públicamente un diagnóstico de TDAH. Lo que sí ha hecho es hablar, en varias entrevistas, de dificultades de concentración, ansiedad, rachas de insomnio y una necesidad constante de estar haciendo algo. De no poder parar. De funcionar a un ritmo que a veces le desborda a él mismo.

Eso no es un diagnóstico. Pero es un patrón.

Un patrón que cualquiera que conviva con TDAH reconoce a kilómetros. La cabeza que no se calla. La energía que necesita canalizarse o te come por dentro. La sensación de que si te paras, te mueres. Y la ansiedad como compañera de piso que nadie invitó pero que aparece cada noche.

Dani ha hablado de todo esto sin ponerle una etiqueta. Y en cierto modo, da igual la etiqueta. Lo que importa es lo que hacía con todo eso.

Lo convertía en música.

Un escenario como válvula de escape

Piensa en lo que era un concierto de El Canto del Loco.

Cien minutos de un tío moviéndose sin parar, gritando, saltando, conectando con miles de personas a la vez, improvisando entre canciones, soltando lo primero que se le pasaba por la cabeza. Era como ver a alguien descargando electricidad en tiempo real. Toda esa energía interna que durante el día no tenía dónde ir, de repente tenía un sitio. Un escenario. Un micrófono. Veinte mil personas delante.

Para un cerebro que no para, eso es la gloria.

Hay músicos que han hablado abiertamente de cómo su TDAH se convierte en combustible creativo

Dani Martín hacía exactamente eso. Cada noche. Durante años.

La intensidad que construye y la intensidad que destruye

Pero aquí viene la parte que no se ve desde la primera fila del concierto.

Dani ha contado en entrevistas cómo la intensidad que le hacía brillar en el escenario también le complicaba todo lo demás. Las relaciones. El descanso. La capacidad de estar en calma sin sentir que algo faltaba. Esa sensación de que la vida normal, la que no tiene público ni aplausos, se queda pequeña.

Es algo que le pasa a mucha gente con cerebros intensos. El escenario te da la dopamina que tu cerebro necesita. Y cuando bajas, cuando se apagan los focos y te quedas solo en la habitación de un hotel, tu cabeza sigue funcionando a la misma velocidad. Solo que ahora no hay micrófono. No hay público. No hay sitio donde soltar lo que llevas dentro.

Y eso se convierte en ansiedad. En noches sin dormir. En esa vulnerabilidad que Dani ha tenido el valor de mostrar públicamente.

Porque una cosa es ser intenso en un escenario. Y otra muy distinta es ser intenso a las cuatro de la mañana, solo, con la cabeza a mil por hora y sin botón de apagar.

De El Canto del Loco a reinventarse en solitario

Lo que me parece más interesante de Dani Martín es lo que pasó después.

El Canto del Loco se acabó. El grupo que había sido su vida, su identidad y su válvula de escape dejó de existir. Y ahí es donde un cerebro como el suyo podría haberse ido a pique. Sin estructura. Sin la rutina de giras. Sin el estímulo constante.

Pero Dani hizo algo que para un cerebro que funciona así es increíblemente difícil: se reinventó. Carrera en solitario. Discos nuevos. Otro registro. Actuar en películas. Exponerse de formas diferentes.

Eso requiere algo que a menudo no se asocia con personas hiperactivas: la capacidad de empezar de cero. De soltar lo conocido y construir algo nuevo sin la red de seguridad de lo que ya funcionaba. Y lo hizo. No sin dificultades. No sin ansiedad. No sin momentos de mierda. Pero lo hizo.

Aarón Piper, otro español que ha hablado sin filtros de sus dificultades

Lo que Dani Martín nos enseña sin pretenderlo

Que hablar de tus dificultades no te hace débil. Dani ha contado su ansiedad, su insomnio, su intensidad desbordante, en un país donde los tíos no hablan de esas cosas. Y no le ha ido mal precisamente.

Que la energía que parece excesiva puede ser exactamente lo que te diferencia. El Canto del Loco no hubiera sido lo mismo con un cantante tranquilo y comedido. Era el caos lo que lo hacía especial. La energía desbordante. El canto del loco, literalmente.

Que la intensidad tiene un precio. Y que reconocerlo no es quejarse, es ser honesto. Las mismas características que te hacen brillar en el escenario pueden hacer que las cuatro de la mañana sean un infierno. Y las dos cosas son igual de reales.

Adam Levine cuenta algo parecido

Dani Martín no ha dicho "tengo TDAH". Puede que lo tenga, puede que no. Lo que sí sabemos es que su forma de funcionar tiene un patrón reconocible para cualquiera que conozca lo que es vivir con un cerebro que no sabe ir despacio.

Y que si necesitaba un nombre de grupo que describiera todo eso en cuatro palabras, no pudo elegir mejor.

El Canto del Loco.

Perfecto.

Si alguna vez has sentido que tu cabeza va más rápido que el resto del mundo y quieres entender por qué, puede que te interese descubrirlo.

Hacer el test de TDAH

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