Lo que tuviste que desaprender para que el negocio funcionara

Nadie habla de lo que hay que desaprender para crecer como emprendedor. Las habilidades que te trajeron aquí son a veces las que te impiden llegar más.

El crecimiento tiene dos movimientos.

Uno es aprender cosas nuevas. El otro, menos visible y más difícil, es desaprender cosas que funcionaron pero que ya no sirven.

Nadie habla del segundo. Todos hablan del primero. Los cursos, los libros, los podcasts: todos están llenos de cosas que añadir. Lo que hay que soltar, eso lo tienes que descubrir solo.

Y suele doler más.

¿Qué cosas hay que desaprender cuando llevas tiempo emprendiendo?

Que hacerlo todo tú es sinónimo de hacerlo bien.

Empezaste haciéndolo todo. Era la única opción. No tenías dinero para delegar, no tenías procesos documentados, no tenías equipo. Y aprendiste que si lo hacías tú, salía como querías. Eso fue funcional durante un tiempo.

Pero ese aprendizaje se convierte en obstáculo cuando el negocio crece y necesitas soltar. El que aprendió que solo él lo hace bien no puede delegar de verdad. Puede externalizar tareas mientras supervisa cada paso. Pero delegar de verdad, con confianza, sin revisar todo, eso requiere desaprender la creencia de que el control total es necesario.

Con TDAH la cosa se complica. El hiperfoco te lleva a dominar areas de tu negocio con una profundidad que nadie más en tu entorno tiene. Eso genera resultados. Y también genera la convicción de que nadie puede hacerlo como tú. Que es verdad para algunas cosas y completamente falso para otras.

El delegar sin hacerlo todo no es solo una habilidad operativa. Es un desaprendizaje.

¿Qué otras creencias hay que soltar aunque en su momento te salvaron?

Que la urgencia es señal de importancia.

El emprendedor que empieza reacciona a todo porque todo parece urgente. Esa reactividad tiene sentido en los primeros meses. Pero si no la desaprendes, te persigue durante años y te impide trabajar en las cosas que realmente importan a largo plazo.

Que estar ocupado significa estar avanzando.

Hay emprendedores que son expertos en llenarse la agenda. Con TDAH esto es especialmente tentador porque la actividad genera estimulación aunque no genere resultados. Desaprender que la ocupación es un indicador de productividad es uno de los trabajos más difíciles y más importantes.

Que el cliente siempre tiene razón.

Al principio aceptas todo porque necesitas el negocio. Después de un tiempo, sigues aceptando todo porque no has desaprendido que los límites son un lujo que no te puedes permitir. Pero el negocio que no tiene límites consume al emprendedor. Y ese consumo tiene un coste real que el burnout gradual describe mejor que cualquier teoría.

¿Cómo sabes qué hay que desaprender y qué hay que mantener?

La pregunta que funciona es: ¿esta forma de hacer las cosas me sigue sirviendo o me está limitando?

No desde la perspectiva de si fue útil antes. Sino de si te sirve ahora, con el negocio que tienes hoy, para llegar a donde quieres ir.

Algunas cosas que aprendiste en la fase de supervivencia son veneno en la fase de crecimiento. La velocidad de decision extrema que te salvó cuando no podías permitirte esperar puede destruirte cuando tienes que tomar decisiones más complejas con más información. El modo solitario que te permitió avanzar cuando no tenías a nadie puede aislarte exactamente cuando más necesitas perspectivas externas.

Con TDAH el desaprendizaje es más difícil porque el cerebro TDAH tiene una tendencia fuerte a sobregeneralizar: si algo funcionó una vez, tiende a aplicarlo en todas partes. Identificar cuándo ese patrón está actuando en contra tuya requiere una metacognición que no es natural ni fácil.

¿Cuánto cuesta desaprender?

Cuesta incomodidad y cuesta tiempo. Las dos cosas que más escasean.

Y hay algo más: cuesta identidad. Porque algunas de esas cosas que tienes que desaprender forman parte de cómo te ves a ti mismo como emprendedor. "Soy el que lo hace todo" no es solo un hábito. Es una identidad. Y soltar esa identidad, aunque sea para construir una mejor, genera una resistencia que no es irracional.

Es humana.

La buena noticia es que lo que se aprendió se puede desaprender. No en un fin de semana. No sin tropiezos. Pero se puede. Y cada cosa que sueltas que ya no te sirve es espacio para algo que sí lo hace.

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