Cambio de app de productividad cada mes buscando la definitiva
Notion, Todoist, Obsidian, TickTick... Llevas años probando apps y nunca encuentras la perfecta. El problema no es la app. Te cuento qué está pasando.
He instalado y desinstalado Notion cuatro veces en el mismo año.
Y no es porque Notion sea mala. Es que cada vez que la instalaba, pasaba exactamente lo mismo: dos semanas de euforia total, mil plantillas configuradas, mi vida organizada en bases de datos perfectas. Y luego, nada. Se me olvidaba abrirla. Dejaba de funcionar. Y yo pensaba: "Pues a lo mejor no era para mí. A lo mejor el problema es que Notion es demasiado compleja. A lo mejor necesito algo más simple."
Que si Todoist. Que si TickTick. Que si Things 3. Que si la libretita de papel con mi letra imposible de descifrar.
Spoiler: tampoco funcionaban.
¿Por qué ninguna app de productividad te convence del todo?
A ver, esto es algo que me ha costado años entender.
Cuando cambias de app de productividad una vez, es normal. Las probarás, verás con cuál te sientes más cómodo, te quedarás con una. Eso es lo que hace cualquiera. Pero cuando llevas cuatro años cambiando de app cada mes o cada dos meses, cuando has probado absolutamente todo lo que existe en el mercado, cuando tienes carpetas con sistemas que creaste con muchísima ilusión y abandonaste a las tres semanas...
Eso ya no es un problema de la app.
El problema que tienes no lo va a solucionar ninguna app. No porque las apps sean malas. Es que estás intentando arreglar algo que no se puede arreglar con una interfaz bonita y atajos de teclado.
Te lo digo por experiencia: cuando yo descubrí por qué me cuesta todo más que a los demás, entendí que mis problemas de productividad no eran un tema de herramientas. Eran un tema de cómo funciona mi cerebro.
El ciclo que probablemente conoces de memoria
Escucha el ciclo, a ver si te suena:
Ves una review de una app nueva. Alguien dice que le cambió la vida. Algo en tu cabeza hace clic. "Pues claro, eso es lo que me faltaba. Una app con esa funcionalidad concreta." La descargas. La configuras con una energía que no tienes para otras cosas. Te pasas el fin de semana montando tu sistema de productividad definitivo. Lunes: funciona de maravilla. Martes: funciona. Miércoles: empiezas a notar que hay cosas que no te convencen del todo. Jueves: la abres una vez. Viernes: se te olvida que existe.
Y al mes siguiente repites.
Lo más gracioso del asunto, y también lo más triste, es que la energía que le metes a configurar el sistema nuevo es brutal. La entusiasmo con el que lo montas das miedo. Y luego... nada. Como si alguien apagara un interruptor.
O sea, no es que no tengas ganas de ser productivo. Las ganas las tienes a raudales. El problema es que las ganas llegan en oleadas, y la oleada que te entra cuando descubres la app nueva no dura lo suficiente para que el sistema se convierta en hábito.
La app perfecta no existe, y aunque existiera no te ayudaría
Mira, esto es importante.
No hay ninguna app que tenga las funcionalidades perfectas para ti. Porque las "funcionalidades perfectas" cambian dependiendo del día que tengas, de cómo estés, de lo que necesites en ese momento. Un día te parece que lo que necesitas es una vista Kanban. A la semana, una lista simple. A la siguiente, un calendario semanal. Tu cabeza no quiere lo mismo dos semanas seguidas.
Eso no es capricho. Es que tu cerebro busca novedad de forma activa. Cuando algo deja de ser nuevo, pierde interés. Y una app que llevas usando tres semanas ya no es nueva. Ya no genera ese punto de estimulación que necesitas para usarla.
¿Ves el problema? El sistema perfecto, el que te organizaría la vida, tiene que ser constante. Tiene que funcionar cuando tienes energía y cuando no la tienes. Tiene que funcionar cuando tienes claro lo que hay que hacer y cuando tienes la cabeza a cuadros. Y una app que solo funciona durante las dos primeras semanas porque el efecto novedad todavía está ahí... no es un sistema de productividad. Es un juguete caro.
Y esto tiene que ver directamente con otro patrón que igual también te pasa: tener mil ideas y no ejecutar ninguna. No es casualidad que los dos patrones aparezcan juntos.
Lo que realmente estás buscando cuando cambias de app
Voy a decirte algo que a lo mejor suena raro pero te lo digo con toda la certeza del mundo.
Cuando cambias de app de productividad, no estás buscando una app mejor. Estás buscando la sensación de empezar de cero.
Empiece de cero. Todo ordenado. Todo limpio. El pasado pasado y el futuro lleno de posibilidades. Con el sistema nuevo, esta vez sí. Esta vez lo haré bien. Esta vez no voy a dejar que se desorganice todo.
Es lo mismo que pasa cuando tienes la idea más brillante del mundo durante tres semanas y luego la abandonas. El cerebro se engancha al inicio, a la novedad, a la posibilidad. Y cuando eso pasa, lo que necesita es otro inicio. Otra novedad. Otra posibilidad.
Las apps son la excusa perfecta para eso. Son una forma de decirte a ti mismo "voy a reorganizar mi vida" sin tener que reorganizar realmente nada difícil.
¿Y si el problema no es tu sistema sino tu cerebro?
Aquí llego al punto que más me costó entender.
Yo pensé durante años que si encontraba la app correcta, o el sistema correcto, o la rutina correcta, todo encajaría. Que la razón por la que nada funcionaba era que todavía no había encontrado el método adecuado para mí.
Y pues no. El método no era el problema.
El problema era que mi cerebro procesa la atención de una manera que no encaja con los sistemas de productividad estándar. Los sistemas estándar están diseñados para cerebros que regulan el foco de forma consistente. Que pueden volver a una tarea sin que eso cueste un esfuerzo descomunal. Que tienen la misma energía a las 3 de la tarde que a las 9 de la mañana.
No todos los cerebros funcionan así.
Hay cerebros que necesitan urgencia, novedad o interés para activarse. Que sin eso no arrancan, da igual lo bien montado que esté el sistema. Y que cuando sí arrancan, entran en un modo de concentración tan intenso que da miedo. Ese modo on y off que no depende de cuánto lo intentes.
Si este patrón te suena demasiado familiar, no descarto que haya algo más detrás. Hay bastante gente a la que le pasa exactamente esto, y en muchos casos tiene nombre. Tiene que ver con cómo el cerebro regula la atención, y no es algo que se arregle con más disciplina ni con la app de productividad número 47.
Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que algo no cuadra con cómo funciona tu cabeza, consulta con un psicólogo o psiquiatra. Lo que sí puedo decirte es que entender el patrón fue la diferencia entre seguir cambiando de app eternamente y empezar a hacerme preguntas útiles. Y si quieres explorar si tu cerebro funciona con otras reglas, hay un camino por el que puedes empezar.
Si te has sentido identificado con todo esto, hice un test con 43 preguntas. 10 minutos. Gratis. No es un diagnóstico, pero sí un punto de partida para dejar de buscarle la culpa a la app y empezar a entender cómo funciona tu cabeza. Hacer el test
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