La única rutina que mantengo es no tener ninguna
Has intentado mil rutinas. Ninguna dura. La única constante en tu vida es la inconsistencia. Y eso no es ser vago.
Mi rutina matutina cambia cada semana. Mi rutina de ejercicio cambia cada mes. Mi rutina de trabajo cambia cada día. La única constante en mi vida es que nada es constante.
Y ya sé lo que estás pensando. "Pues prueba otra rutina." "Pues sé más disciplinado." "Pues hazte un horario y síguelo."
Ya. Ya he probado. He probado tantas rutinas que podría escribir una enciclopedia de rutinas fallidas. Tomo 1: Rutinas matutinas (enero-febrero). Tomo 2: Rutinas de ejercicio (marzo-abril). Tomo 3: Rutinas de sueño (mayo-mayo y medio, porque esa ni duró un mes).
¿Por qué ninguna rutina me dura?
Porque una rutina es, por definición, hacer lo mismo repetidamente. Y hay cerebros que con la repetición se apagan. No metafóricamente. Literalmente se apagan. La señal que dice "haz esto" se debilita cada día que repites la misma acción. Hasta que un día no queda señal. Y la rutina desaparece.
No es que la abandones. Es que tu cerebro la borra. Como si nunca hubiera existido. Un día estás tomándote el batido verde a las 7:30 y al día siguiente ni recuerdas que tenías un batido verde. Está en la nevera, detrás de las sobras de ayer, pudriéndose lentamente.
Y lo frustrante es que no puedes explicarlo. Si alguien te pregunta "¿por qué dejaste de ir al gym?", no tienes respuesta. No hubo un momento. No hubo una decisión. Simplemente dejó de pasar. Como si alguien hubiera desenchufado algo dentro de tu cabeza sin avisarte.
El ciclo de la rutina nueva
¿Sabes cuál es la parte que sí funciona? El principio.
Cuando descubres una rutina nueva, es la hostia. "Esta vez sí. Esta rutina es LA rutina." Y te lanzas. Con todo. Compras lo que necesitas. Configuras la app. Pones alarmas. Los primeros 3-4 días son increíbles. Te sientes como una persona nueva.
Día 5-7: todavía bien, pero ya no es tan emocionante.
Día 8-10: empieza a costar. Ya no es novedad. Es obligación.
Día 11-14: la rutina y tú ya no os habláis. La alarma suena y la ignoras. El gym te suena a algo que hacías "antes". El batido verde está ahí pero te preparas un café normal.
Día 15: nueva rutina. "Esta vez sí."
Es un ciclo. Las rutinas duran dos semanas y luego mueren. Siempre. Independientemente de cuál sea la rutina. Da igual si es meditación, ejercicio, lectura o simplemente hacer la cama. Dos semanas. A veces tres si hay suerte. Pero el destino es el mismo.
¿Es posible mantener una rutina con un cerebro así?
No te voy a engañar. No de la forma tradicional. No vas a tener una rutina de 10 pasos que hagas cada mañana durante años. Eso no va a pasar. Y cuanto antes lo aceptes, mejor.
Pero hay algo que sí puedes hacer: rotar. En vez de una rutina fija, ten tres o cuatro versiones. Cuando te canses de una, pasa a la siguiente. Cuando te canses de esa, a la siguiente. Y cuando hayas dado la vuelta, la primera ya vuelve a ser "nueva" para tu cerebro.
No es la solución bonita que te venden los libros de productividad. Pero funciona para cerebros que no pueden ser constantes de la forma normal.
Otra cosa que funciona: no llamarlo rutina. Suena absurdo, pero la palabra "rutina" ya lleva carga negativa para ti. Tu cerebro la asocia con fracaso. Llámalo "lo que hago hoy". Sin compromiso de mañana. Sin presión de racha. Solo hoy.
Cuando la inconsistencia es el patrón
Aquí va lo importante. Si tu única constante es la inconsistencia, eso no es ser vago. Eso es un patrón. Y los patrones se pueden entender.
Ser vago es no querer hacer nada. Tú quieres. Tú intentas. Tú planificas. Tú compras las vitaminas y las zapatillas de correr y la app premium. Lo que no puedes es mantenerlo. Y esa diferencia entre querer y poder es enorme.
Si todo lo que te cuesta más que a los demás encaja en este patrón - rutinas que no duran, horarios que no se cumplen, hábitos que se evaporan - no es casualidad. Hay algo debajo. Y se puede descubrir.
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