El calor extremo amplifica tu TDAH: por qué en julio todo es peor
38 grados y un cerebro con TDAH. El calor empeora la concentración, el sueño y la regulación emocional. No es excusa: es neurología.
38 grados. Tu cerebro ya funcionaba regular con 22. Con 38, la cosa es un desastre completo.
No es que seas dramático. No es que "con el calor todos estamos peor, anda ya". Es que tu cerebro con TDAH, el que ya de por sí va con la dopamina justita, ahora tiene un problema extra: tu cuerpo está gastando energía en no derretirse, y esa energía sale de algún sitio.
Sale de tu concentración. De tu paciencia. De tu capacidad para no mandar a la mierda la tarea que llevas intentando hacer desde las 10 de la mañana.
¿Por qué el calor empeora los síntomas del TDAH?
Tu cerebro funciona con un equilibrio bastante delicado. Dopamina, norepinefrina, temperatura corporal, hidratación, calidad del sueño. Todo conectado. Cuando uno falla, los demás se resienten.
Con el calor extremo pasan varias cosas a la vez:
Tu cuerpo entra en modo supervivencia. Cuando la temperatura sube de 30 grados, tu organismo dedica recursos a regular la temperatura interna. Suda, dilata vasos sanguíneos, redistribuye sangre hacia la piel. Todo eso consume glucosa y energía que tu córtex prefrontal necesita para hacer su trabajo. Y el córtex prefrontal, casualmente, es la parte del cerebro que peor funciona con TDAH.
Es como si tu cerebro fuera un portátil viejo que ya iba lento, y ahora encima le pones a minar criptomonedas en segundo plano. El ventilador a tope y las aplicaciones cerrándose solas.
La deshidratación te destroza. No hace falta que estés en el Sáhara. Con perder un 1-2% del agua corporal, que es menos de lo que crees, ya notas bajón cognitivo. Memoria de trabajo peor, atención más dispersa, tiempo de reacción más lento. En un cerebro neurotípico eso se nota. En un cerebro con TDAH, es como quitarle las dos ruedas de apoyo a una bici que ya iba haciendo eses.
El sueño se va al garete. Julio en España es dormir con 28 grados en la habitación, dar vueltas, despertarte empapado, quedarte dormido a las 4 y sonar la alarma a las 7. Y si ya de por sí tienes problemas para dormir con TDAH, el calor multiplica eso por tres. Tu cerebro ya decide que las 4 de la mañana es buen momento para reorganizar tu vida. Ahora además lo hace sudando.
Y el sueño malo no es solo cansancio. Es peor regulación emocional, peor memoria, peor control de impulsos. Es el efecto dominó perfecto.
¿Es el calor o es que julio es un mes trampa?
Las dos cosas.
Julio no es solo calor. Es también cambio de horarios, rutinas que se rompen, vacaciones que desmontan la poca estructura que habías conseguido mantener. Es comer más tarde, acostarte más tarde, levantarte más tarde. Es el cerebro TDAH diciendo "genial, libertad" y a los tres días estando completamente perdido.
Porque un cerebro con TDAH necesita estructura como un cactus necesita sol. Sin ella, se marchita. Y julio es el mes donde toda la estructura se derrite junto con el asfalto.
Además, si tomas medicación para el TDAH, el calor puede afectar a cómo la procesas. Algunos estimulantes pueden alterar la termorregulación. Si notas que en verano tu medicación "funciona menos" o te sientes más agitado, no estás loco. Hay una explicación fisiológica. Habla con tu psiquiatra, no con Google.
¿Qué puedes hacer sin que suene a consejo de revista de sala de espera?
No te voy a decir "bebe agua" como si fueras un cactus al que nadie riega. Bueno, sí, bebe agua. Pero vamos más allá.
Acepta que julio no va a ser tu mes más productivo. Punto. No luches contra la física. Si hace 38 grados y tu cerebro va al 60%, trabaja con ese 60% en lugar de frustrarte por no estar al 100%. Ajusta expectativas. Haz menos cosas pero las que importan.
Reorganiza tu horario. Las 7 de la mañana y las 9 de la noche son tus nuevas horas de oro. De 14 a 18, tu cerebro está frito. Literalmente. No intentes hacer la tarea más difícil del día a las 3 de la tarde en julio. Es como intentar estudiar en un sauna.
Duerme como si tu vida dependiera de ello. Porque un poco sí. Ventilador, sábanas finas, ducha templada antes de dormir. Y si te funciona, una siesta corta de 20 minutos después de comer. No de dos horas. Veinte minutos. Pon alarma. El cerebro TDAH en modo siesta sin alarma se despierta a las 7 de la tarde sin saber qué día es.
Hidratación activa, no pasiva. No esperes a tener sed. Ten una botella visible en tu escritorio. Esto con TDAH es clave: si no lo ves, no existe. La botella tiene que estar ahí, mirándote, juzgándote, como esa tarea pendiente que llevas ignorando tres semanas.
No es falta de voluntad. Es julio.
Esto es lo que más me molesta del discurso de "todo el mundo tiene calor y no todo el mundo se queja". Sí, todo el mundo tiene calor. Pero no todo el mundo tiene un cerebro que ya de base funciona con el combustible justo.
Cuando le metes 38 grados a un cerebro neurotípico, rinde menos. Cuando le metes 38 grados a un cerebro con TDAH, es como quitarle la tercera pata a un taburete que ya se tambaleaba con las dos que tenía.
No es excusa. Es neurología. Es entender cómo funciona tu cerebro para dejar de machacarte por no rendir en condiciones en las que nadie rinde bien.
Así que si estás leyendo esto en julio, sudando, incapaz de concentrarte, con la sensación de que eres la única persona del planeta a la que le afecta tanto el calor: no. No eres tú. Es tu cerebro haciendo lo que puede con lo que tiene.
Y lo que tiene ahora mismo es 38 grados y cero ganas.
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