Contratos precarios y TDAH: cuando la inestabilidad multiplica el caos
Contrato temporal, incertidumbre constante y un cerebro que ya iba sin freno. Así funciona la precariedad laboral con TDAH.
Contrato temporal. Tres meses. Si va bien, te renuevan. Si no, a la calle.
Y tu cerebro, que ya tenía bastante con lo suyo, ahora tiene que funcionar con la espada de Damocles encima.
Yo he firmado contratos de tres meses sabiendo que iba a estar los noventa días enteros pensando en si me renovarían. No en hacer bien el trabajo. No en aprender. En si el día 89 alguien me llamaría al despacho para decirme "ha sido un placer, pero no podemos seguir contando contigo".
Y claro, cuando tu cabeza está en eso, el trabajo se resiente. Y cuando el trabajo se resiente, la renovación peligra. Y cuando la renovación peligra, tu cabeza se come más. Bucle infinito. Como un perro persiguiéndose la cola, pero con ansiedad y facturas de por medio.
¿Por qué la precariedad laboral afecta más a las personas con TDAH?
Porque el TDAH ya viene con un sistema nervioso que funciona a base de urgencia e interés. Tu cerebro no regula bien la dopamina, así que necesita que algo sea urgente, novedoso o estimulante para activarse. Lo rutinario, lo estable, lo predecible, le cuesta. Pero la inestabilidad total tampoco le va bien.
La precariedad laboral genera un tipo de estrés muy concreto: el estrés de fondo. No es un pico de ansiedad que viene y se va. Es un ruido constante. Un "¿y si no me renuevan?" que suena bajito pero no para nunca. Como un mosquito en la oreja a las tres de la mañana.
Y ese ruido consume recursos mentales. Recursos que una persona neurotípica puede tener de sobra, pero que tú ya estabas gastando en recordar dónde dejaste las llaves, en no perder la noción del tiempo y en no interrumpir al compañero en mitad de una reunión.
La precariedad te quita ancho de banda. Y el TDAH ya venía con el ancho de banda justo.
¿Qué pasa cuando tu cerebro TDAH entra en modo supervivencia?
Pasa que se activa el modo compensación a lo bestia.
Llegas antes. Te quedas más tarde. Revisas todo tres veces. Te conviertes en el trabajador más perfeccionista de la oficina, no porque seas perfeccionista por naturaleza, sino porque tienes tanto miedo a que te pillen un error que te machacas para que no haya ninguno.
Y funciona. Un tiempo.
Hasta que el cuerpo dice basta. Porque mantener ese nivel de hipervigilancia con un cerebro que ya de por sí gasta el triple de energía en las tareas básicas es como conducir un coche con el motor revolucionado en primera. Llegas, sí. Pero el motor se funde.
Ahí es cuando aparece el bajón. El agotamiento. Los días en los que no puedes ni abrir el portátil. Y como tienes un contrato temporal, no puedes permitirte esos días. Así que tiras de café, de culpa y de fuerza de voluntad. Las tres cosas que menos funcionan con un cerebro TDAH.
El círculo que nadie te explica
La precariedad genera inestabilidad. La inestabilidad genera ansiedad. La ansiedad agrava los síntomas del TDAH. Los síntomas agravados hacen que rindas peor. Rendir peor hace que la renovación peligre. Y vuelta a empezar.
No es pereza. No es falta de ganas. Es un sistema laboral que no está diseñado para cerebros que necesitan un mínimo de previsibilidad para funcionar.
Y lo peor es que muchas personas con TDAH acaban acumulando contratos temporales no por casualidad, sino por consecuencia. Un CV con siete trabajos en cinco años no es de alguien que no se compromete. Es de alguien a quien no le han dado la estabilidad mínima que necesita para demostrar lo que puede hacer.
Porque cuando una persona con TDAH tiene contexto, tiene tiempo para adaptarse, tiene un mínimo de seguridad, rinde a un nivel que asusta. Pero nadie le da esos tres meses de gracia cuando el contrato es exactamente de tres meses.
¿Qué puedes hacer si estás ahí?
No te voy a decir "busca un trabajo estable" como si fuera cuestión de elegir. Si fuera tan fácil, no estaríamos teniendo esta conversación.
Pero hay cosas que sí dependen de ti:
Identifica qué parte es el TDAH y qué parte es el contexto. Si siempre has tenido problemas para organizarte y concentrarte, eso no es culpa del contrato temporal. Eso estaba antes. Lo que el contrato hace es amplificarlo. Separar las dos cosas te ayuda a no culparte de todo.
Deja de compensar con perfeccionismo. Lo sé, suena contradictorio. Pero el perfeccionismo con TDAH es un mecanismo de defensa, no una virtud. Y te quema más rápido que a cualquiera. Haz tu trabajo bien, no perfecto.
Busca la estructura que el contrato no te da. Si tu trabajo no te ofrece estabilidad, créala tú donde puedas. Rutinas, sistemas, lo que sea que le dé a tu cerebro un marco predecible. Que al menos una parte de tu vida no dependa de que alguien te renueve.
Piensa en largo plazo, aunque el contrato sea de tres meses. Muchos cerebros TDAH se quedan atrapados en la urgencia del ahora. Normal, si no sabes si tendrás trabajo en abril. Pero pensar en qué dirección quieres ir profesionalmente te da un ancla que va más allá del contrato que tengas firmado hoy.
Esto no es culpa tuya
Hay un discurso muy cómodo que dice que si no te va bien en el trabajo es porque no te esfuerzas lo suficiente. Que si cambias mucho de empleo es porque eres inestable. Que si te agobias con la incertidumbre es porque no tienes tolerancia a la frustración.
Y puede que algo de eso sea verdad. Pero también es verdad que el mercado laboral está diseñado para un tipo de cerebro muy concreto. Y el tuyo no es ese tipo. No es peor. Es diferente. Y en un sistema que no contempla esa diferencia, tú siempre vas a estar jugando en desventaja.
Saberlo no lo soluciona todo. Pero sí cambia la conversación que tienes contigo mismo. Porque no es lo mismo pensar "soy un desastre" que pensar "mi cerebro funciona distinto y este contexto lo pone todo más difícil".
Lo primero te hunde. Lo segundo te da un punto desde el que construir.
---
Si llevas tiempo sospechando que tu cerebro funciona diferente y quieres algo más concreto que una sospecha, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre cómo funciona tu cabeza que cualquier artículo genérico. 10 minutos, gratis, sin email obligatorio.
Sigue leyendo
47 pestañas abiertas y ninguna leída: noticias con TDAH
Abres una noticia, te lleva a otra, y otra. Media hora después tienes 47 pestañas abiertas y no recuerdas nada. Lo que le pasa a tu cerebro con las noticias.
La sala de espera del médico con TDAH
Llegas puntual (milagro) pero te toca esperar 45 minutos sin saber cuánto queda. El móvil se muere. El reloj no avanza. Y cuando te llaman, ya no recuerdas para qué venías.
Volver al trabajo después de Navidades con TDAH: 200 emails y cero ganas
Abres el portátil, 200 emails, 14 tareas. Tu cerebro lo ve todo a la vez y no elige. Así es volver al trabajo con TDAH después de Navidades.
Enviar el mensaje a la persona equivocada con TDAH: la pesadilla del doble check
El mensaje iba para tu amigo. Lo mandaste a tu jefe. Con TDAH, el doble check llega siempre tarde. Y la vergüenza, siempre pronto.