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Arruinarse con TDAH: cuando el impulso financiero te lleva al borde

No fue un gasto grande. Fueron mil pequeños. Con TDAH, arruinarte es un proceso silencioso que nadie te explica hasta que ya es tarde.

tdah

No fue un gasto grande.

Fueron mil pequeños. La suscripción que olvidaste cancelar. El hobby de 300 euros que duró dos semanas. La compra a las 3 de la madrugada que al día siguiente ya no recordabas haber hecho. El "total, son solo 9,99 al mes" repetido diecisiete veces en diecisiete servicios distintos.

Con TDAH, arruinarte no es un evento. Es un proceso. Silencioso, constante, casi invisible. Como una fuga de agua detrás de la pared. No la ves, no la oyes, pero un día abres el armario y está todo podrido.

Yo lo sé porque lo he vivido.

¿Cómo el TDAH puede llevarte a la ruina financiera?

La respuesta corta: dopamina.

La respuesta larga: tu cerebro necesita estímulo. Lo necesita ahora. No mañana, no cuando cobres, no cuando cuadres las cuentas. Ahora. Y comprar algo nuevo es uno de los chutes de dopamina más fáciles que existen. No necesitas moverte del sofá. Solo el pulgar, la tarjeta guardada en el navegador, y tres segundos de convicción.

Tres segundos. Eso es lo que tarda tu cerebro en decidir que sí, que necesitas esa cámara de fotos que has visto en un reel. Que vas a empezar a hacer fotografía callejera. Que va a ser tu nuevo hobby. Que esta vez sí.

La cámara llega. La usas un fin de semana. Quizá dos. Y luego se queda en un cajón, al lado de la guitarra, el kit de acuarelas y las mancuernas ajustables que ibas a usar "todos los días".

El hobby que te costó 300 euros y duró dos semanas

¿Por qué no basta con decir "gasta menos"?

Porque no es un problema de información. Es un problema de regulación.

Tú sabes que no deberías gastar. Lo sabes antes de comprar, mientras compras y después de comprar. No eres idiota. Pero hay una diferencia enorme entre saber algo y poder actuar en consecuencia cuando tu cerebro tiene el freno de mano suelto.

Es como decirle a alguien con miopía que mire mejor. Sí, gracias, muy útil.

El cerebro con TDAH funciona con dopamina, no con disciplina. Y las compras impulsivas son una fuente de dopamina inmediata, barata y accesible. El problema es que la dopamina dura treinta segundos y la factura de la tarjeta dura treinta días.

Y aquí viene lo peor: la culpa.

Gastas. Te sientes mal. Te prometes que no va a volver a pasar. Esa promesa te da un alivio momentáneo. Y cuando el alivio se pasa, necesitas otro chute. Vuelta a empezar. Es un ciclo perfecto de destrucción financiera disfrazado de "es que no tengo fuerza de voluntad".

No es fuerza de voluntad. Es neurología.

El problema de las suscripciones olvidadas

Esto es lo que nadie te cuenta y lo que más daño hace.

Los gastos grandes al menos los ves. Te duelen. Los sientes. Pero las suscripciones de 9,99 euros al mes son invisibles. Se cobran en silencio, sin notificación, sin remordimiento. Y tú ni te acuerdas de que existen.

Yo llegué a tener suscripciones activas a cosas que no usaba desde hacía meses. Aplicaciones de meditación que abrí dos veces. Plataformas de streaming que contrataba para ver una serie y luego olvidaba cancelar. Herramientas online que probé un martes a las once de la noche y de las que no volví a saber nada.

¿El total? No quieres saberlo. Pero te lo digo: sumaba más que la compra del supermercado.

Y lo peor no es el dinero. Lo peor es que cada una de esas suscripciones es un recordatorio de algo que empezaste y no terminaste. Otro proyecto abandonado. Otra versión de ti que no cuajó. Otra deuda que nació de un impulso de las dos de la madrugada.

¿Hay salida?

Sí. Pero no es la que te venden en los libros de finanzas personales.

No es hacer un presupuesto en Excel. No es anotar todos los gastos en una libretita. No es poner alarmas para revisar las cuentas. Todo eso está diseñado para cerebros que pueden mantener hábitos sin que alguien les persiga. Y el nuestro no es ese cerebro.

La salida es entender cómo funciona tu cabeza y diseñar un sistema a prueba de ti mismo.

Eliminar la tarjeta guardada del navegador. Poner un periodo de espera de 48 horas antes de cualquier compra que no sea comida o facturas. Hacer una auditoría de suscripciones una vez al mes, y que esa auditoría esté en el calendario con alarma, porque si no está en el calendario no existe.

No es bonito. No es motivacional. Pero funciona.

Y lo primero de todo es dejar de culparte. Porque la culpa es gasolina para el ciclo. Gastas, te culpas, te sientes mal, y cuando te sientes mal necesitas algo que te haga sentir bien rápido. ¿Y qué es rápido, fácil y no requiere esfuerzo? Comprar algo.

El día que dejas de verte como alguien irresponsable y empiezas a verte como alguien con un cerebro que procesa los impulsos de forma diferente, ese día cambias las reglas del juego. No porque todo se arregle mágicamente. Sino porque por fin estás mirando el problema real, no el síntoma.

Esto no es para asustarte

Es para que entiendas lo que pasa. Porque la mayoría de adultos con TDAH han pasado años creyendo que son malos con el dinero, que son irresponsables, que les falta madurez financiera. Y no. Les falta un diagnóstico, un contexto, y herramientas diseñadas para cómo funciona su cerebro de verdad.

Tu cerebro no está roto. Pero si no lo entiendes, va a seguir tomando decisiones financieras por ti a las tres de la madrugada. Y esas decisiones rara vez son buenas.

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