La ansiedad de que se acaban las vacaciones con TDAH
Quedan 5 días de vacaciones y ya no puedes disfrutar. Tu cerebro TDAH anticipa la vuelta y convierte el descanso en cuenta atrás.
Quedan cinco días de vacaciones y ya estás sufriendo.
No estás sufriendo por algo que haya pasado. Estás sufriendo por algo que todavía no ha pasado. La vuelta. El despertador a las 7. Los emails acumulados. Las reuniones. La rutina. Tu cerebro ha decidido que el lunes ya está aquí aunque sea miércoles y estés en chanclas comiendo un helado en la playa.
Y lo peor no es el miedo a volver.
Lo peor es que llevas tres días sin poder disfrutar de lo que tienes delante. Porque tu cabeza ya no está aquí. Tu cabeza está en septiembre.
¿Por qué la vuelta de vacaciones genera tanta ansiedad con TDAH?
Porque un cerebro con TDAH no sabe vivir en el presente cuando el futuro pesa.
La gente neurotípica también siente esa punzada de "uf, se acaban las vacaciones". Pero la procesan. La aparcan. Piensan "bueno, ya queda poco, voy a aprovecharlo". Y siguen a lo suyo.
Tu cerebro no.
Tu cerebro coge ese pensamiento, lo amplifica, lo conecta con otros treinta pensamientos, y monta una película entera de todo lo que puede salir mal en septiembre. Las tareas pendientes que dejaste antes de irte. El proyecto que no terminaste. El compañero que te va a preguntar por aquello. La sensación de que vas a llegar y no vas a dar abasto.
Y de repente, el helado ya no sabe a nada.
Porque no es solo ansiedad por volver. Es ansiedad por volver a ser esa persona que no llega a todo. Que olvida cosas. Que se abruma el primer día y el segundo ya está quemada. Esa persona que convierte las mañanas en una carrera de obstáculos sin haber dormido bien.
¿Por qué tu cerebro no puede simplemente disfrutar?
Porque el TDAH tiene un problema gordo con la regulación temporal. No gestionas bien el "ahora" y el "luego". Para ti, el lunes de vuelta y el miércoles de vacaciones pesan lo mismo. Tu cerebro no distingue entre "esto pasa dentro de cinco días" y "esto pasa ahora". Todo tiene la misma urgencia emocional.
Es como si tu sistema nervioso no tuviera zoom. Ve todo a la misma distancia. El helado que tienes en la mano y la reunión del 3 de septiembre están en la misma pantalla, al mismo tamaño.
Y cuando algo amenazante compite con algo agradable por tu atención, gana lo amenazante. Siempre. Porque tu cerebro está diseñado para sobrevivir, no para disfrutar.
Resultado: estás de vacaciones, pero emocionalmente ya estás trabajando.
La cuenta atrás que no puedes parar
Hay un fenómeno que conozco bien. Yo lo llamo "la cuenta atrás silenciosa".
Empieza sin que te des cuenta. Un día estás tranquilo, leyendo en la hamaca, y de pronto piensas "me quedan siete días". No pasa nada. Es un dato. Pero al día siguiente piensas "me quedan seis". Y al otro, cinco. Y ese número se va haciendo más pequeño y más ruidoso hasta que ocupa toda tu cabeza.
No es que no quieras disfrutar. Es que cada hora que pasa, la cuenta atrás sube de volumen.
Es lo mismo que pasa cuando intentas planificarte con agendas. Compras la agenda con toda la ilusión del mundo, la usas tres días, y luego la abandonas. No porque seas vago. Sino porque tu cerebro necesita novedad, y la agenda dejó de dársela. Con las vacaciones pasa algo parecido: los primeros días son novedad pura, dopamina, libertad. Pero en cuanto tu cerebro detecta que se acaban, la novedad muere y la ansiedad ocupa su lugar.
¿Qué puedes hacer con esto?
No te voy a decir "mindfulness" ni "vive el presente". Si pudieras, ya lo harías.
Lo que sí puedes hacer es entender qué está pasando. Tu cerebro no es defectuoso por no saber disfrutar los últimos días. Está haciendo lo que sabe hacer: anticipar, simular escenarios, buscar amenazas. El problema es que lo hace sin filtro y sin freno.
Unas cosas que a mí me funcionan:
Saca los pensamientos de tu cabeza. Literalmente. Abre las notas del móvil y escribe todo lo que te preocupa de la vuelta. No para resolverlo ahora. Para que tu cerebro deje de repetirlo en bucle. Si está escrito, tu cabeza siente que no se le va a olvidar, y baja un poco el volumen.
No planifiques la vuelta en vacaciones. Parece contradictorio, pero intentar organizarte los últimos días de vacaciones es como intentar hacer la maleta mientras el avión despega. Solo genera más ansiedad. Pon una fecha concreta para planificar (el domingo por la tarde, por ejemplo) y hasta entonces, cada vez que tu cerebro diga "pero es que...", le dices "el domingo".
Reduce la transición. Si puedes, no vuelvas un domingo para empezar el lunes. Vuelve un día antes. Deja un día de colchón entre vacaciones y realidad. Un día para lavar ropa, abrir el correo sin prisa, decidir si quieres tener plan o no tener plan. Esa transición suave le da a tu cerebro espacio para aterrizar.
Recuérdate que ya has vuelto antes. Tu cerebro te dice que la vuelta va a ser horrible. Pero ya has vuelto de vacaciones antes. Muchas veces. Y el primer día fue raro, el segundo incómodo, y para el miércoles ya estabas en modo automático. Tu cerebro exagera. Lo hace siempre. Pero los datos dicen otra cosa.
Esto no es falta de ganas de vivir
Es un cerebro que no sabe apagar la alarma cuando no hay fuego.
Estás en la playa, o en el pueblo, o en tu sofá viendo series. Y tu cuerpo está ahí. Pero tu cabeza está en el futuro, montando escenarios, calculando riesgos, anticipando desastres que probablemente no van a pasar.
No es que no te gusten las vacaciones. Es que tu cerebro tiene un problema con los finales. Con las transiciones. Con todo lo que implica cambiar de modo. Y las vacaciones son exactamente eso: un cambio de modo con fecha de caducidad.
Así que si estás leyendo esto con el móvil en una tumbona, con una mezcla rara de culpa por no disfrutar y ansiedad por lo que viene, quiero que sepas una cosa.
No eres raro. No eres desagradecido. No te falta nada.
Tu cerebro funciona diferente. Y entender eso es el primer paso para dejar de pelearte con él.
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