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La hiperactividad de Usain Bolt: el niño que no podía parar

La madre de Usain Bolt ha contado que era un niño incontrolable. Canalizó esa energía en velocidad y se convirtió en el hombre más rápido de la historia.

tdahfamosos

Imagina que eres la madre de un crío en Jamaica a mediados de los ochenta.

Tu hijo no se sienta. No para. No escucha. No es que no quiera. Es que literalmente no puede. Su cuerpo parece conectado a una toma de corriente invisible que nadie más ve. Corre antes de caminar. Interrumpe antes de pensar. Se distrae antes de terminar cualquier frase.

La mayoría de madres en esa situación buscan un médico o un maestro que les diga qué hacer con ese niño.

La madre de Usain Bolt hizo algo distinto. Le puso zapatillas y le dijo que corriera.

Y vaya si corrió.

¿Era Bolt hiperactivo o simplemente un niño con mucha energía?

Esta es la pregunta que mucha gente hace. Y es una pregunta trampa.

Porque "demasiada energía" es exactamente cómo durante décadas se describió la hiperactividad antes de entender qué era. Un niño que no podía parar, que se levantaba constantemente, que hacía implosión si le pedías que se quedara quieto más de cinco minutos. No era rebeldía. No era mala educación. Era un cerebro funcionando a un ritmo diferente al del resto del aula.

La propia madre de Usain Bolt ha contado en entrevistas que de pequeño era incontrolable. La palabra que usa ella es esa: incontrolable. Un niño con tanta energía que no sabían qué hacer con él.

No hay un diagnóstico público de TDAH. Bolt nunca ha dicho en cámara "tengo TDAH". Así que esto no es un certificado médico, es un patrón de rasgos que cualquier persona que conozca el TDAH reconocería de inmediato.

Hiperactividad extrema de base. Dificultad para mantener la atención en entornos estructurados. Energía que desborda a los adultos de alrededor. Y una capacidad de foco casi sobrehumana cuando aparece el estímulo correcto.

En el caso de Bolt, ese estímulo fue la pista de atletismo.

¿Qué pasa cuando un cerebro hiperactivo encuentra su pista?

La respuesta corta: 9,58 segundos.

El récord mundial de los 100 metros lisos que Bolt estableció en Berlín en 2009 y que sigue sin romperse. El hombre más rápido que ha pisado este planeta. Y probablemente el que más energía acumulaba en el cuerpo desde que tenía uso de razón.

Pero antes de Berlín hay un camino que no suele aparecer en los titulares.

Bolt era tan hiperactivo de niño que en el colegio era conocido por ser imposible de controlar. No era el mejor estudiante. No era el que se quedaba después de clase a repasar apuntes. Era el que llegaba al recreo antes de que sonara el timbre porque su cuerpo ya había tomado la decisión de moverse sin consultar al cerebro.

Sus profesores de primaria empezaron a usar las carreras como moneda de cambio. Si terminaba los ejercicios, podía correr. Si se portaba bien por la mañana, tenía tiempo en la pista por la tarde. Es el mismo patrón que aparece en la historia de Jim Carrey, al que su padre negoció quince minutos de comedia al final del día si aguantaba las clases.

El cerebro hiperactivo no necesita que le apaguen el motor. Necesita un circuito donde ese motor tenga sentido.

Para Bolt, ese circuito tenía cien metros de largo.

¿Por qué los mejores velocistas del mundo suelen ser los que no podían estarse quietos?

Esto no es casualidad.

La hiperactividad que asociamos al TDAH no es solo agitación sin sentido. Es un nivel de activación del sistema nervioso que, en el entorno equivocado, parece un problema de conducta. En el entorno correcto, es una ventaja brutal.

Un velocista necesita reaccionar en milésimas de segundo al disparo de salida. Necesita que su cuerpo explote antes de que el cerebro haya terminado de procesar la señal. Necesita una activación física que los demás tienen que entrenar durante años para conseguir y que a alguien con hiperactividad le sale de forma natural.

No estoy diciendo que todos los hiperactivos sean sprinters. Estoy diciendo que hay un patrón aquí que merece atención.

Bolt no es el único deportista de élite con rasgos compatibles con TDAH. La lista es larga. Y no es coincidencia. El deporte de alta intensidad, el que requiere reacción inmediata, explosividad, adaptación constante, es uno de los entornos donde ese tipo de cerebro encuentra por fin un terreno que le entiende.

La parte que nadie ve en la línea de meta

Usain Bolt en la pista es pura alegría. Sonrisas. Bailes antes de la salida. Gestos al público mientras sus rivales todavía están mirando el suelo. Parece que todo le viene fácil, que nació con el resultado ya escrito.

Pero hubo un momento en su carrera que pocas veces se cuenta.

En los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Bolt tenía diecisiete años y era uno de los favoritos en 200 metros. Se lesionó en la ronda clasificatoria y quedó eliminado. Para un cerebro que funciona con alta estimulación, ese tipo de parada forzada es devastadora. No es solo la lesión física. Es el cerebro que de repente pierde el único entorno donde todo tiene sentido.

El hiperfoco que convierte a alguien con rasgos de TDAH en campeón del mundo

Bolt volvió. Ganó tres oros en Pekín 2008. Tres más en Londres 2012. Dos más en Río 2016. Ocho oros olímpicos en total. El mayor velocista de la historia.

Pero entre Atenas y Pekín hubo cuatro años donde ese cerebro tuvo que aprender a esperar. Y esperar, para alguien hiperactivo, es uno de los ejercicios más difíciles que existen.

¿Qué nos enseña Bolt sobre la hiperactividad?

Que no hay que apagarla. Hay que dirigirla.

La madre de Usain Bolt no lo medicó para que se sentara quieto en clase. No lo castigó hasta que aprendió a comportarse como el resto de críos. Le puso zapatillas y le dijo que corriera. Eso no fue dejadez. Fue inteligencia.

El problema de muchos niños hiperactivos no es que tengan demasiada energía. El problema es que el sistema en el que viven no sabe qué hacer con esa energía. Un aula de cuarenta minutos sin movimiento, con un libro, en silencio, es uno de los entornos más hostiles que existen para un cerebro que necesita estímulo constante.

Metes a Usain Bolt en esa aula y tienes un problema de conducta.

Lo sacas a la pista y tienes al hombre más rápido de la historia.

Simone Biles tiene TDAH diagnosticado

No todos vamos a correr los 100 metros en 9,58. Eso está claro.

Pero si tienes un cerebro que no puede parar, que busca estímulo constantemente, que se activa a velocidades que los demás no entienden, la pregunta no es cómo calmarlo.

La pregunta es dónde ponerlo a correr.

Si alguna vez te han dicho que eres demasiado intenso, demasiado activo, demasiado de todo, puede que no sea un defecto de fábrica. Puede que simplemente no hayas encontrado todavía tu pista.

Hacer el test de TDAH

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