Actúo sin pensar y luego me arrepiento casi siempre
Envías el mensaje, compras la cosa, dices la frase. 10 segundos después quieres volver atrás. No es imprudencia.
Envías el mensaje. Dices la frase. Compras la cosa. Y 10 segundos después quieres volver atrás.
Pero ya no puedes.
Porque tu cerebro ya tomó la decisión. Sin consultarte. Sin esperar a que pensaras. Sin darle una vuelta. Decidió y ejecutó en el mismo milisegundo. Y cuando tu parte racional llega a la fiesta, la fiesta ya ha terminado y solo queda recoger los platos rotos.
¿Por qué hago cosas sin pensar en las consecuencias?
Pues mira, no es que no pienses. Es que piensas después. Tu cerebro tiene la secuencia invertida.
La mayoría de gente funciona así: estímulo, pausa, evaluación, decisión, acción. Tu cerebro funciona así: estímulo, acción. Punto. El paso de evaluar viene luego, cuando ya has dicho lo que no debías, has mandado el mensaje que no tocaba o has comprado algo que no necesitabas.
Es como si tu cerebro fuera un coche sin frenos de mano. Puedes acelerar perfectamente. Pero frenar antes de chocar es otra historia.
Y no hablo de cosas graves necesariamente. Hablo de lo cotidiano. De contestar bruscamente cuando te interrumpen. De decir que sí a un plan sin pensar si realmente puedes. De comprar algo online a las 2 de la mañana porque en ese momento parecía una idea brillante. De soltar un comentario en una reunión que a los 3 segundos desearías tragarte.
El arrepentimiento constante
Lo que más agota no es el impulso. Es el arrepentimiento.
Porque vives en un bucle. Haces algo impulsivo. Te arrepientes. Te prometes que la próxima vez vas a pensar antes de actuar. Y la próxima vez haces exactamente lo mismo.
Y cada vez que pasa, un pedacito de tu autoestima se va por el desagüe. Porque empiezas a creer que eres imprudente. Irresponsable. Que no piensas en los demás. Que eres egoísta.
Pero no eres nada de eso. Si fueras egoísta, no te arrepentirías. Si fueras imprudente, no te importaría. El hecho de que te joda tanto ya te dice algo sobre quién eres realmente.
Lo que pasa es que hay una diferencia entre querer hacer las cosas bien y tener la capacidad de frenar a tiempo. Y eso es justo lo que falla. El mecanismo que en otros cerebros crea una pausa entre "quiero hacer esto" y "lo hago", en el tuyo no funciona igual.
Si tomas decisiones impulsivas de las que luego te arrepientes, no eres una persona sin criterio. Eres una persona cuyo cerebro decide antes de que tú puedas intervenir.
No es falta de madurez
A ver, esta es la parte que más me fastidia del tema.
Cuando eres un crío y haces cosas impulsivas, la gente dice: "Ya madurará". Cuando eres adulto y sigues haciéndolas, la gente dice: "¿Pero cómo es posible? Ya deberías saber".
Y ahí te quedas tú. Con 30 años. Sabiendo perfectamente que no deberías haber mandado ese mensaje. Sabiendo que no deberías haber comprado eso. Sabiendo que no deberías haber dicho eso en esa reunión. Pero habiéndolo hecho igual.
No es falta de madurez. Es que el control de impulsos es una función ejecutiva. Es una función del cerebro. Y en algunas personas, esa función no trabaja al mismo nivel que el resto.
Lo explican bastante bien cuando hablan de por qué algunas personas no pueden evitar actuar antes de pensar. No es una cuestión de carácter. Es una cuestión de neurología.
Yo he llegado a mandar mensajes que he querido borrar 4 segundos después de darle a enviar. He dicho cosas en conversaciones que eran verdad pero que no tocaban en ese momento. He comprado cosas que ni recordaba haber comprado cuando llegaba el paquete. Y no, no estaba borracho. Estaba siendo yo.
¿Y si la frustración también entra en el pack?
Pues sí. Porque cuando actúas sin pensar y luego te arrepientes, la frustración contigo mismo se acumula. Y esa frustración no se queda quieta. Sale por otros lados.
Te frustras por cosas pequeñas
Porque la impulsividad y la frustración se alimentan. Actúas sin pensar, te arrepientes, te frustras, y cuando estás frustrado eres todavía más impulsivo. Es un bucle que se retroalimenta y cada vuelta es un poco peor.
Lo que cambia las cosas es saber que esto tiene explicación y le pasa a más gente de la que crees. No como consuelo barato, sino como punto de partida para dejar de tratarte como si fueras el problema.
No es un diagnóstico lo que te digo. Es un punto de partida. Si esto te suena a tu vida entera, habla con un profesional que entienda de control de impulsos y función ejecutiva.
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