Necesito que alguien me obligue a empezar para poder hacerlo

Si solo arrancas cuando alguien te presiona o hay una fecha límite, no eres vago. Tu cerebro necesita un empujón que no sabe generarse solo.

Hay una frase que he dicho en voz alta, avergonzado, unas cuantas veces en mi vida.

"Es que necesito que alguien me obligue."

No sé si la has dicho tú también. Pero si la has sentido, sabes exactamente a qué me refiero. Esa sensación de que tienes la tarea delante, la capacidad de hacerla, y aun así no puedes arrancar. No hasta que alguien te llama. O hay un plazo que se acerca como un camión. O tu jefe te manda un mensaje preguntando cómo va.

Y entonces, de repente, el motor arranca.

¿Por qué no puedo empezar por mi cuenta?

La respuesta corta es: porque tu cerebro necesita una señal que no está generando por sí solo.

La respuesta un poco más larga es esta.

Tu cerebro tiene un sistema que se encarga de arrancar cosas. De decirte "esto es importante, ponte ya". Ese sistema funciona con estímulos: urgencia, novedad, interés, presión externa. Cuando alguno de esos estímulos está presente, el arranque es casi automático. Como cuando alguien te llama por teléfono y de repente eres capaz de explicar en cinco minutos lo que llevas tres días sin poder escribir.

El problema es que sin esa señal, el sistema se queda... esperando.

No porque seas vago. No porque te importe poco. Sino porque hay cerebros que no generan esa señal internamente. Que necesitan que llegue de fuera. Y cuando no llega, la tarea se queda ahí, flotando, con toda la intención del mundo pero sin el empujón que la pone en marcha.

O sea, no es pereza. Es que el motor de arranque funciona diferente.

La presión como combustible (y sus efectos secundarios)

El caso es que, si tu motor de arranque depende de la presión externa, la vida se organiza sola: entregas en el último momento, funciones mejor cuando alguien te espera, produces en rachas de emergencia que agotan.

Y encima funciona. Eso es lo que confunde. Solo eres productivo bajo presión y, claro, como funciona, piensas que es tu modo de operar y ya está.

El problema es que ese modo te pasa factura. Vives con la ansiedad de fondo de quien sabe que no va a arrancar hasta que no quede otro remedio. Pospones cosas importantes que no tienen fecha límite. Y cuando alguien te dice "¿por qué no lo hiciste antes?", no tienes una respuesta que no te haga quedar mal.

Porque la respuesta real es: "Porque no había nadie que me obligara". Y eso, dicho en voz alta, suena horrible. Aunque sea completamente verdad.

Yo estuve años funcionando así. Mis mejores entregas son las que hice a las 2 de la noche con el plazo encima. Mis peores meses son los de agosto, cuando no hay urgencia de nada. Y durante mucho tiempo pensé que era un defecto de carácter. Que si tuviera más disciplina, más madurez, más lo-que-sea, podría arrancar solo.

No te voy a engañar. No era un defecto de carácter.

Lo que pasa en realidad

A ver, aquí voy a ser un poco técnico durante dos líneas, perdona.

Hay algo que se llama función ejecutiva. Es el conjunto de procesos mentales que te permiten iniciar tareas, mantener el foco, priorizar, y regular tu propio comportamiento. Es, básicamente, el director de orquesta de tu cabeza.

Y en algunos cerebros ese director de orquesta no tiene la batuta. O la tiene, pero no siempre funciona. Especialmente cuando la tarea no tiene un estímulo claro que diga "esto es urgente, muévete ya".

Cuando alguien te impone la urgencia desde fuera, le estás prestando su batuta al director. Y el director, que sabe hacer su trabajo, empieza a dirigir. El problema no es que no sepas hacer las cosas. Es que tu cerebro no genera solo la señal de arranque.

Eso es lo que hay detrás de esa frase de "necesito que me obliguen".

Y mira, si además te pasa que antes de empezar te entra una parálisis que no sabes explicar, probablemente es la misma historia. El sistema de inicio atascado. No eres raro. No estás solo. Pero sí puede que tu cerebro funcione con otras reglas que nadie te ha explicado todavía.

¿Esto tiene arreglo?

Sí, pero no del modo que te han dicho.

No se arregla "siendo más disciplinado". No se arregla con una app nueva ni con levantarte antes. No se arregla convenciéndote de que tienes que empezar. Ya sé que lo has intentado. Y a veces funciona y a veces no, y no sabes por qué.

Lo que sí funciona es entender cómo funciona tu sistema de arranque y darte las señales que necesita de manera intencional. No esperar a que lleguen solas. Construirlas tú.

Por ejemplo: plazos artificiales que te crees de verdad. Compromisos con otras personas para que haya alguien que te espere. Estructuras de trabajo donde la presión social reemplaza la que no generas internamente. Entornos donde el estímulo llega desde fuera porque sabes que desde dentro no va a aparecer.

Esto no es trampa. Es conocerte.

Dicho esto: hay una razón por la que te cuesta todo más que a los demás en este aspecto. Y a veces esa razón tiene nombre. Se llama TDAH. No el trastorno de los niños que no paran de moverse en clase. El que tienen muchos adultos que funcionan bien en situaciones de presión y se bloquean en silencio cuando no la hay.

Puede que sea tu caso. Puede que no. Yo no soy médico y esto no sustituye hablar con un profesional. Pero si llevas años sintiéndote así y pensando que simplemente no tienes suficiente fuerza de voluntad, quizá valdría la pena explorar esa dirección.

Si quieres saber si tu cerebro funciona con estas reglas, hay un test de 43 preguntas que hice para esto. Diez minutos. Sin registro. Puedes hacerlo aquí.

Relacionado

Sigue leyendo