"Ya lo hago luego" y van 6 meses: la mentira favorita del TDAH
Tu cerebro lleva medio año diciendo "luego". Ese trámite, esa llamada, esa devolución. Con TDAH, "luego" es el agujero negro del tiempo.
El "luego" más largo del mundo. Ese trámite, esa llamada, esa devolución. Tu cerebro lleva medio año prometiéndose que mañana sí.
Y mañana nunca llega.
Lo sabes porque tienes una devolución de Amazon de julio. Un email marcado como "importante" desde septiembre. Una cita con el dentista que llevas posponiendo desde antes del verano. Y cada vez que piensas en ello, tu cerebro dice lo mismo: "Ya lo hago luego". Con la misma convicción que la primera vez. Como si fuera una promesa nueva y no la repetición número 347 de la misma mentira.
Pero tú te la crees. Cada vez. Porque en el momento suena completamente razonable. No es que no quieras hacerlo. Es que ahora no es el momento. Luego sí. Luego seguro.
Luego.
¿Por qué "luego" nunca llega con TDAH?
Porque tu cerebro no funciona con plazos. Funciona con urgencias.
Un cerebro neurotípico recibe la tarea "devolver ese paquete" y la coloca en una cola mental. Hoy o mañana. Esta semana. Tiene un sistema interno que le dice "oye, llevas tres días, hazlo ya" y lo hace. Sin drama. Sin épica. Sin una crisis existencial de por medio.
Tu cerebro con TDAH recibe la misma tarea y la mira como un gato mira una bañera llena de agua. Sabe que tiene que pasar por ahí. Pero todo su ser le dice que ahora no. Que luego. Que hay cosas más interesantes, más urgentes, más cualquier cosa que no sea eso.
Y "luego" se convierte en un agujero negro temporal. Una dimensión paralela donde las tareas entran y no salen. Donde julio se convierte en diciembre sin que nadie haya tocado ese paquete que sigue en la esquina del salón, juzgándote en silencio cada vez que pasas por delante.
El problema no es pereza. El problema es que tu cerebro necesita una de dos cosas para activarse: interés o pánico. Y devolver un paquete no genera ni lo uno ni lo otro. Así que se queda en el limbo. En ese "luego" eterno que es la sala de espera más larga del universo.
El cajón de las tareas fantasma
Todos tenemos una versión de ese cajón. Ese lugar mental (o físico, o ambos) donde van las cosas que no haces pero tampoco olvidas del todo. Que flotan en algún rincón de tu cabeza ocupando espacio, generando culpa a goteo, pero sin la suficiente urgencia como para que tu cerebro les dé prioridad.
Es como tener 40 pestañas abiertas en el navegador. Sabes que están ahí. Sabes que deberías cerrar la mayoría. Pero cada una de ellas te da la sensación de que "igual la necesito luego". Y ahí siguen. Consumiendo RAM mental. Ralentizándolo todo.
Si alguna vez has sentido ese horror al papeleo que paraliza, sabes exactamente de qué hablo. No es que el trámite sea difícil. Es que tu cerebro lo percibe como una montaña de 8.000 metros cuando en realidad es un formulario de tres campos.
Y lo peor es que cuanto más tiempo pasa, más grande se hace la montaña. Porque ahora no solo tienes que hacer la tarea. Tienes que enfrentarte a la vergüenza de no haberla hecho antes. "¿Cómo le digo al dentista que llevo seis meses sin llamar?" Y esa vergüenza se convierte en otra capa de parálisis. Otro motivo para dejarlo para luego.
El ciclo perfecto.
La diferencia entre procrastinar y no poder empezar
Hay una diferencia que poca gente entiende.
Procrastinar es saber que tienes que hacer algo, poder hacerlo, y elegir no hacerlo. Es una decisión, aunque sea mala. Es consciente.
Lo que pasa con TDAH es otra cosa. Es querer hacerlo, levantarte para hacerlo, abrir el portátil para hacerlo, y que tu cerebro se niegue a dar el primer paso. Como si hubiera una barrera invisible entre tú y la tarea. Una pared de cristal que ves perfectamente lo que hay al otro lado pero no puedes atravesar.
Y la gente de fuera solo ve que no lo haces. No ve la pared. No ve las 15 veces que lo intentaste hoy. No ve que llevas todo el día pensando en esa maldita llamada al seguro y que cuando por fin te sientas a hacerla, ya han cerrado. Porque tu cerebro decidió activarse a las 19:47 de un viernes.
Siempre a las 19:47 de un viernes.
Qué hago yo cuando "luego" lleva demasiado tiempo
No voy a decirte que uses una agenda. Ni una app. Ni que te pongas alarmas. Si eso funcionara, ya lo habrías solucionado hace años.
Lo que a mí me funciona es reducir la tarea a algo tan pequeño que mi cerebro no tenga excusa para decir "luego". No "devolver el paquete". Eso son seis pasos mentales (buscar el paquete, buscar la etiqueta, imprimir la etiqueta, cerrar la caja, ir a correos, hacer cola). Mi cerebro ve seis pasos y se apaga.
En vez de eso: "buscar el paquete y ponerlo al lado de la puerta". Solo eso. Ya. Mañana será "pegar la etiqueta". Y pasado será ir a correos. Pero hoy solo muevo la caja.
Es lo mismo que pasa con los papeleos acumulados que te aplastan. No los vas a resolver todos en una tarde. Pero puedes abrir uno. Solo uno. Leer el primer párrafo. Y dejarlo ahí si hace falta. Porque abrir uno ya es romper el hechizo del "luego".
La otra cosa que me funciona: contárselo a alguien. "Oye, llevo seis meses sin devolver un paquete de Amazon." Decirlo en voz alta rompe algo. La vergüenza se disuelve cuando la compartes. Y muchas veces la otra persona te dice "tío, yo llevo ocho meses". Y te das cuenta de que no eres el único que vive en esa dimensión paralela del "luego".
No eres vago. Tu cerebro tiene un sistema de prioridades roto.
Porque eso es lo que pasa. No te falta disciplina, ni voluntad, ni ganas. Lo que te falta es un cerebro que sepa distinguir entre "esto puede esperar" y "esto lleva esperando medio año y ya no puede esperar más". Para tu cerebro, todo es "luego" hasta que se convierte en una emergencia. Y entonces actúas. A las 23:30 de la noche, con el plazo vencido, sudando, preguntándote por qué no lo hiciste antes.
Porque antes no podías. Así de simple. Y así de injusto.
El "luego" con TDAH no es una elección. Es el modo por defecto de un cerebro que no tiene sistema de alarmas internas. Que no siente la urgencia hasta que explota. Que necesita que el edificio esté en llamas para salir corriendo.
Así que la próxima vez que te digas "ya lo hago luego" y sientas ese peso familiar en el estómago, para un segundo. No te machaques. Reconócelo. "Ah, mira. Mi cerebro haciendo lo suyo otra vez." Y si puedes, haz el paso más pequeño posible. No la tarea entera. Un paso. Solo uno.
Porque de "luegos" está hecho el camino de vuelta al paquete de Amazon de julio.
Y oye, si al final no lo devuelves, tampoco pasa nada. Jeff Bezos no lo necesita.
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Si cada tarea pendiente se convierte en un "luego" de seis meses y siempre pensaste que era falta de voluntad, quizá no lo es. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro tiene su propio concepto del tiempo.
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