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Volver al trabajo después de Navidades con TDAH: 200 emails y cero ganas

Abres el portátil, 200 emails, 14 tareas. Tu cerebro lo ve todo a la vez y no elige. Así es volver al trabajo con TDAH después de Navidades.

tdah

Abres el portátil. 200 emails. 14 tareas pendientes. 3 reuniones que alguien metió en tu calendario mientras tú estabas comiéndote el tercer roscón. Tu cerebro ve todo a la vez, como un mosaico gigante donde cada pieza parpadea pidiendo atención, y no puede elegir por dónde empezar.

Parálisis total.

Y no es que no quieras trabajar. Es que tu cerebro mira esa bandeja de entrada y reacciona como si alguien le pusiera delante 200 platos en un buffet y le dijera "elige uno, pero rápido, que la reunión es en 10 minutos".

Así que no eliges ninguno. Te quedas mirando la pantalla. Abres un email, lo lees a medias, abres otro, vuelves al primero, miras el calendario, piensas en la reunión de las 11, recuerdas que no has contestado a tu jefe desde el 23 de diciembre, y de repente llevas 45 minutos en un agujero de YouTube viendo cómo un tío restaura un Land Rover del 87.

Productividad: cero. Culpa: por las nubes.

¿Por qué tu cerebro se bloquea con la vuelta al trabajo?

Porque no es un problema de actitud. Es un problema de arranque.

Un cerebro con TDAH necesita que la tarea tenga urgencia, novedad o interés emocional para activarse. Volver al trabajo después de Navidades no tiene ninguna de las tres. No hay urgencia real (llevas dos semanas fuera y el mundo no se ha acabado), no hay novedad (es el mismo trabajo que dejaste), y el interés emocional es exactamente cero (o negativo, si somos sinceros).

Así que tu cerebro hace lo que mejor sabe hacer cuando no tiene gasolina: apagarse.

No es pereza. No es falta de profesionalidad. Es un cerebro que funciona por activación, no por obligación. Y "deberías ponerte a trabajar" no es una activación. Es una amenaza difusa que solo genera más ansiedad.

Si te pasó la cuesta de enero con TDAH, ya sabes de qué hablo. Pero la vuelta al trabajo tiene un extra que la cuesta de enero no tiene: presión externa real. Gente esperando respuestas. Plazos que ya han pasado. Compañeros que llevan tres días funcionando al 100% mientras tú todavía estás intentando recordar la contraseña del VPN.

El efecto avalancha de la bandeja de entrada

200 emails es un número que a cualquiera le daría pereza. Pero para un cerebro con TDAH, 200 emails no es una lista. Es un muro.

Porque tu cerebro no ve "200 tareas ordenadas por prioridad". Tu cerebro ve "200 cosas que podrían ser urgentes y no sé cuáles, así que mejor no abro ninguna por si acaso". Es el mismo mecanismo que te hace tener 47 tareas pendientes y no poder empezar ninguna. La cantidad aplasta la capacidad de decisión. Y sin decisión, no hay acción.

Y lo peor: cada hora que pasa sin contestar, la avalancha crece. Llegan más emails. Más mensajes de Slack. Más "¿has visto mi email?" de gente que no entiende que tú llevas toda la mañana luchando contra tu propio cerebro para hacer algo tan simple como abrir el Outlook.

Así que haces lo que hace cualquier persona con TDAH en esa situación: marcar todo como leído y rezar para que nada sea realmente urgente.

Spoiler: algo siempre es urgente.

¿Cómo volver a arrancar cuando tu bandeja de entrada te paraliza?

No te voy a decir "prioriza". Si pudieras priorizar, no estarías leyendo esto. Te voy a decir lo que hago yo cuando abro el portátil en enero y mi cerebro me dice "apaga eso y vuelve a la cama".

Elige el email más fácil de contestar. No el más importante. El más fácil. Tu cerebro necesita una victoria para arrancarse. No necesita que esa victoria sea estratégica ni importante ni brillante. Necesita que sea completable. Un email de "ok, perfecto" a alguien que te preguntó algo sencillo. Listo. Ya has hecho una cosa. Ahora haz otra. Y otra. El cerebro con TDAH arranca por inercia, no por planificación.

Pon un temporizador de 15 minutos. No para trabajar 15 minutos. Para engañar a tu cerebro. "Solo voy a mirar emails 15 minutos, luego paro." Tu cerebro acepta porque 15 minutos no es una amenaza. Y lo que pasa casi siempre es que a los 15 minutos ya estás metido y sigues sin darte cuenta. Es la trampa del arranque: lo difícil es empezar, no continuar.

Borra sin piedad. Newsletters, notificaciones automáticas, emails en CC que no van contigo, hilos donde ya contestó otro. Borra. Cada email que borras es un email que tu cerebro deja de procesar en segundo plano. Vas a pasar de 200 a 60 en cinco minutos. Y 60 es un número que tu cerebro puede mirar sin querer saltar por la ventana.

La mentira de "el lunes ya estaré al 100%"

No vas a estar al 100% el lunes. Ni el martes. Ni probablemente el viernes.

Y está bien.

La vuelta al trabajo con TDAH no es un interruptor. Es un motor diésel en invierno. Necesita calentarse. Necesita unos días de ir a medio gas hasta que la maquinaria coge temperatura. Intentar forzar el 100% desde el día uno es la receta perfecta para el colapso el jueves por la tarde.

Lo que sí pasa, y esto es importante, es que cuando el cerebro por fin arranca, arranca de verdad. Porque el TDAH tiene eso: o no funciona o funciona a tope. Y cuando enganchas con algo, te metes tan dentro que de repente son las 8 de la noche y llevas 6 horas sin levantarte de la silla. Ese será tu momento. No el lunes a las 9. Será un miércoles a las 3 de la tarde, cuando algo por fin active la chispa.

Y mientras tanto, no te castigues por no rendir como los demás. Ellos tienen un arranque automático. Tú tienes arranque manual. Es más lento, pero una vez que arranca, la adrenalina del deadline te puede llevar más lejos que la constancia tibia de los demás.

Enero se pasa. Tu cerebro sigue contigo.

Cada año es lo mismo. Cada enero, el mismo muro. Cada vuelta de vacaciones, la misma parálisis. Y cada vez piensas que esta vez será diferente, que este año sí vas a volver al trabajo como una persona normal.

Pero no eres una persona normal. Tienes un cerebro que funciona distinto. Y cuanto antes dejes de luchar contra eso y empieces a trabajar con eso, antes arrancará el motor.

Un email fácil. Un temporizador. Borrar lo que no importa. Y darte permiso para ir a medio gas unos días.

Enero se acaba. Los 200 emails se contestan. Y tú sigues aquí, funcionando a tu manera, que es la única que tienes y la única que necesitas.

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