Vendes una vez y desapareces: el error de no fidelizar
Conseguiste el cliente, hiciste la venta, y desapareciste. El error más caro del emprendedor con TDAH es olvidarse del que ya te compró.
Te voy a contar algo que me da vergüenza.
En 2023, un alumno compró mi curso. Me escribió al día siguiente con una duda. No le contesté. No porque no quisiera. No porque fuera mala persona. Sino porque mi cerebro ya estaba en otra cosa.
La venta estaba hecha. La dopamina del "alguien ha comprado" se había agotado. Y mi cerebro TDAH hizo lo que siempre hace: buscar la siguiente descarga. El siguiente lanzamiento. El siguiente producto.
Ese alumno nunca volvió a comprar nada. Y lo peor es que ni me di cuenta.
¿Por qué el cerebro TDAH odia fidelizar?
Porque fidelizar es aburrido.
Vender es un subidón. El lanzamiento, la cuenta atrás, los emails, el "quedan 3 plazas". Tu cerebro se pone a mil. Es como una montaña rusa de dopamina.
Pero después de vender viene lo que nadie te cuenta: mantener la relación. Contestar dudas. Preguntar cómo le va. Mandar un email a los 30 días para ver si necesita algo. Eso no tiene pico de dopamina. Eso es mantenimiento. Y el TDAH y el mantenimiento se llevan como el aceite y el agua.
El resultado es que te pasas la vida buscando clientes nuevos cuando los que ya tienes se mueren de ganas de que les hagas caso.
El cliente que ya te compró vale 5 veces más que uno nuevo
No me lo invento. Es un número que se repite en todos los libros de marketing que no he terminado de leer. Conseguir un cliente nuevo cuesta 5 veces más que retener uno que ya te compró.
Piénsalo. Ese cliente nuevo necesita conocerte, confiar en ti, entender tu producto, superar sus objeciones, sacar la tarjeta. Todo eso lleva semanas. Meses.
El que ya te compró solo necesita que le demuestres que no te has olvidado de él.
Y tú, cerebro TDAH, te has olvidado de él. Porque estás montando otro lead magnet para captar gente nueva que todavía no te conoce.
Lo que hacía yo vs. lo que hago ahora
Antes: lanzamiento, ventas, desaparecer. Siguiente lanzamiento. Más ventas. Desaparecer otra vez. Era como un fantasma del ecommerce. Aparecía cada 3 meses, vendía, y me esfumaba.
Ahora tengo algo que a mi cerebro le costó aceptar: un sistema de seguimiento. No, no es un CRM de 200 euros al mes con 47 campos que nunca voy a rellenar. Es una lista. Una simple lista con nombres y fechas.
Cada lunes miro la lista. Si alguien compró hace más de 30 días y no he hablado con él, le escribo. Un email corto. Sin vender nada. "Oye, ¿qué tal vas? ¿Necesitas algo?"
Parece una tontería, pero esos emails me han generado más ventas que cualquier embudo de venta automatizado. Porque la gente te compra otra vez cuando siente que te importa.
El miedo a "molestar" es mentira que te cuenta tu cerebro
"No le voy a escribir, no vaya a ser que le moleste."
Te suena, ¿verdad? A mí me pasa con todo. Con clientes, con amigos, con mi familia. El cerebro TDAH tiene un filtro de rechazo tan fino que interpreta el silencio como "no le molestes".
Pero la realidad es otra. La mayoría de clientes que te compraron quieren saber de ti. Quieren que les preguntes. Quieren sentir que no fueron un número en una hoja de cálculo.
Fidelizar no es vender más, es dejar de empezar de cero
Lo peor de no fidelizar es que cada mes empiezas de cero. Cero clientes, cero ingresos, cero seguridad. Es como empezar de cero cada vez, pero por elección inconsciente.
Cuando fidelizas, acumulas. Y acumular es lo contrario de lo que el cerebro TDAH quiere hacer, pero es exactamente lo que tu negocio necesita.
No necesitas más seguidores. No necesitas más tráfico. Necesitas que las personas que ya confiaron en ti vuelvan a hacerlo. Y para eso solo necesitas una cosa: no desaparecer.
Sé que es difícil. Sé que tu cerebro te está pidiendo ya el siguiente proyecto nuevo. Pero emprender con TDAH es un deporte de riesgo, y parte del riesgo es pelear contra tu propio instinto de huir al siguiente estímulo.
Quédate. Contesta ese email. Escríbele a ese cliente.
El dinero más fácil que vas a ganar está en la bandeja de entrada de alguien que ya te compró.
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