Gastas más en herramientas que en lo que producen
47 suscripciones, 12 apps y un negocio que factura menos que la suma de todas ellas. El TDAH y la adicción a las herramientas.
En enero hice algo que no había hecho nunca. Sumé todas mis suscripciones.
Notion. Canva Pro. ChatGPT Plus. Midjourney. Zapier. ConvertKit. Stripe. Calendly. Loom. Descript. Webflow. Ahrefs. Y unas cuantas más que ni recordaba que tenía.
Total: 487 euros al mes. En herramientas.
Mi facturación media ese mes: 2.800 euros.
Estaba gastando casi el 20% de lo que facturaba en herramientas. Y lo peor no era eso. Lo peor era que usaba de verdad unas 4 o 5. El resto estaban ahí, cobrándome cada mes, como fantasmas digitales que aparecen en la tarjeta pero no en mi día a día.
El cerebro TDAH y la dopamina de la herramienta nueva
Cada herramienta nueva es una promesa. Promete que vas a ser más productivo. Que vas a automatizar cosas. Que por fin vas a tener un sistema. Y el cerebro TDAH, que vive buscando la siguiente dosis de novedad, se engancha a esa promesa como un crío a un juguete en Navidad.
Instalar una app nueva se siente como avanzar. Configurarla se siente como trabajar. Explorar sus funciones se siente como ser estratégico. Pero no es ninguna de esas cosas. Es procrastinación disfrazada de productividad.
Tres días perfeccionando Notion y cero minutos vendiendo
El patrón es siempre el mismo
Descubres una herramienta en Twitter. La pruebas. Te parece increíble. Te suscribes al plan pro porque "si la voy a usar, mejor con todas las funciones". La usas mucho la primera semana. Algo menos la segunda. La tercera ya ni la abres. Pero la suscripción sigue activa porque cancelar también es una tarea administrativa que tu cerebro pospone.
Y al mes siguiente descubres otra herramienta. Y el ciclo se repite.
Es el mismo patrón que con los hobbies, los proyectos, las ideas de negocio. Intensidad brutal al principio, abandono silencioso después. Solo que con las herramientas, el abandono tiene un coste mensual que se acumula sin que lo notes.
La excusa favorita: "es una inversión en mi negocio"
Cada herramienta la justificas como inversión. "Si me ahorra una hora a la semana, se paga sola." Sí, si la usaras. Pero no la usas. La compraste, la configuraste durante un fin de semana, y ahora está ahí juntando polvo digital mientras te cobra 19 euros al mes.
La inversión real en tu negocio es vender. No es tener la herramienta perfecta para cuando vendas. Eso es prepararte para una guerra que nunca empieza.
Lo que de verdad necesitas para trabajar
Una herramienta de email. Una de gestión de proyectos. Una de contabilidad. Una de creación de contenido. Y ya.
Todo lo demás es ruido. Bonito, brillante, lleno de features que no usarás nunca, pero ruido.
Yo ahora trabajo con 5 herramientas. Cinco. Y facturo más que cuando tenía 23. No porque las herramientas sean mejores, sino porque dejé de confundir movimiento con avance.
La regla que uso es brutal pero funciona: si una herramienta no ha generado dinero directa o indirectamente en los últimos 30 días, fuera. Sin nostalgia. Sin "por si acaso". Fuera.
La auditoría que deberías hacer hoy
Abre tu cuenta del banco. Busca todas las suscripciones recurrentes. Apúntalas en una lista. Al lado de cada una, escribe la última vez que la usaste de verdad. No que la abriste. Que la usaste para algo que generó dinero.
Si hace más de un mes que no la usas para algo productivo, cancélala. Hoy. No mañana. Hoy. Porque mañana tu cerebro te va a decir "bueno, igual la uso la semana que viene" y no la vas a cancelar nunca.
Hazlo ahora. En serio. Antes de seguir leyendo. Abre otra pestaña, entra al banco, y cancela una. Solo una. La que lleves más tiempo sin usar.
Te voy a decir algo que no vas a querer oír: probablemente puedas cancelar la mitad de tus suscripciones y no va a pasar nada. Nada. Tu negocio va a seguir igual. Porque esas herramientas no eran parte de tu negocio. Eran parte de tu ilusión de negocio.
No es un problema de herramientas, es un problema de dopamina
El día que entiendes que comprar herramientas es tu forma de procrastinar, todo cambia. Porque dejas de buscar la app perfecta y empiezas a usar la que ya tienes. Imperfecta, limitada, pero funcional.
Un Excel feo que usas todos los días vale más que un Notion precioso que abres una vez al mes.
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