Tu escritorio está lleno de post-its que ya no lees

Tu escritorio tiene 23 post-its que dejaste de leer hace semanas. No son recordatorios. Son pruebas de que tu cerebro externaliza sin sistema.

Tengo un amigo que tiene el monitor rodeado de post-its. Literalmente rodeado. Como un marco. Amarillos, rosas, verdes, azules. Un arcoíris de buenas intenciones que nadie lee.

Le pregunté un día: "Oye, ¿qué dice ese de ahí, el rosa?" Me miró. Miró el post-it. Se quedó callado un segundo. "Ni idea, tío. Lleva ahí desde octubre."

Octubre. Estábamos en marzo.

Y me reí. Pero me reí porque yo tenía exactamente lo mismo. No en el monitor. En la nevera. En la mesilla. En el espejo del baño. Post-its por toda la casa que se habían convertido en parte de la decoración. Invisibles. Como un cuadro que llevas años sin mirar de verdad.

¿Por qué los post-its dejan de funcionar en 72 horas?

Porque tu cerebro los filtra.

Es un mecanismo que se llama habituación. Cuando algo está siempre en el mismo sitio, tu cerebro deja de verlo. Literalmente. No es que no lo mires. Es que tu sistema visual decide que ya no es relevante y lo borra del mapa. Como el ruido de la nevera. Está ahí, pero no lo oyes.

El primer día que pones un post-it, funciona. Lo ves, lo lees, actúas. El segundo día, lo ves pero ya no lo lees entero. El tercer día, es parte del mobiliario. Y a la semana es un rectángulo de color que tu cerebro ha decidido que no merece atención.

Con TDAH esto pasa más rápido. Porque tu cerebro es un experto en filtrar estímulos que no son nuevos. Y un post-it que lleva 5 días en el mismo sitio es lo opuesto a nuevo. Es antiguo. Es aburrido. Es invisible.

El sistema de externalización sin sistema

A ver, la idea detrás de los post-its no es mala. De hecho es buena. Externalizar lo que tu cerebro no puede retener es inteligente. Tu memoria de trabajo es pequeña. No puedes retener 15 cosas a la vez. Así que las sacas fuera. Las pones en un papel. En una app. En la pared.

El problema es que externalizar sin un sistema de revisión es coleccionar papel con buenas intenciones. Es como tener un almacén lleno de cosas que nunca vas a buscar. Sí, están ahí. No, no te sirven para nada.

He visto escritorios de emprendedores con TDAH que parecen el muro de un detective de película. Hilos, papeles, notas, flechas. Todo conectado en la mente de quien lo puso ahí. Y completamente inútil para cualquier otra persona, incluido el yo del futuro que ya no recuerda qué significaba "LLAMAR A PEDRO - URGENTE" escrito con rotulador rojo.

Pedro. ¿Qué Pedro? ¿El de la web? ¿El de la contabilidad? ¿El del gimnasio? No lo sabes. Y el post-it lleva 4 meses.

Lo que hice yo (y sí, tiré todos los post-its)

Un domingo por la tarde, cogí todos los post-its de mi casa. Todos. Los del monitor, los de la nevera, los de la mesilla, los del espejo. Los puse todos en la mesa del comedor. Eran 23. Veintitrés recordatorios que no estaba leyendo.

De los 23, solo 4 seguían siendo relevantes. Cuatro. Los otros 19 eran cosas que ya había hecho, cosas que habían dejado de importar o cosas que ya ni entendía.

Y esos 4 los pasé a una lista digital con fecha y alarma. No un post-it estático que mi cerebro va a filtrar. Una alarma que salta en el momento en que tengo que hacer algo. Activa. Intrusiva. Imposible de ignorar.

Porque si tu cerebro filtra los estímulos estáticos, dale estímulos dinámicos. No le pongas un cartel en la pared. Ponle una alarma que le moleste. No le dejes ignorarte.

El minimalismo del que se rinde

Y mira, hay gente que dice "es que a mí los post-its me funcionan". Genial. A ti. A mí no. Y probablemente a la mayoría de gente con TDAH tampoco, porque nuestro cerebro no funciona con recordatorios pasivos. Funciona con urgencia, con novedad, con presión.

Un post-it no tiene urgencia. No tiene novedad después del primer día. Y no tiene ninguna presión. Es un papelito pegado a una pantalla. Tu cerebro lo mira y dice "sí, ya lo haré" con la misma convicción que cuando dices "mañana voy al gimnasio".

No lo vas a hacer. Lo sabes. Yo lo sé. El post-it lo sabe.

Así que deja de decorar tu escritorio con buenas intenciones y busca un sistema que te interrumpa, que te moleste, que no te deje en paz hasta que hagas la cosa. No es bonito. No queda bien en una foto de tu setup para Instagram. Pero funciona.

Y al final, funcionar es lo único que importa.

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