Automaticé todo y perdí la conexión con mis clientes
Automaticé emails, onboarding, soporte y hasta las felicitaciones de cumpleaños. Gané tiempo pero perdí algo más importante: la conexión humana.
Automaticé mi negocio entero en tres semanas.
Emails de bienvenida. Secuencias de venta. Onboarding de clientes. Seguimiento post-compra. Recordatorios. Encuestas de satisfacción. Hasta las felicitaciones de cumpleaños.
Todo automático. Todo perfecto. Todo funcionando sin que yo tocara nada.
Y al cabo de un mes, las cancelaciones subieron un 40%.
No entendía nada. Mi sistema era objetivamente mejor que antes. Más rápido, más consistente, más profesional. Los emails llegaban a tiempo. Los recordatorios eran puntuales. El onboarding era impecable.
¿Entonces por qué la gente se iba?
El email que me abrió los ojos
Un alumno que canceló me mandó un email. Decía algo así: "Oye, Rubén, me encantan tus cursos. Pero últimamente siento que estoy hablando con un robot. Antes me contestabas tú. Ahora me llegan emails automáticos que suenan como si los hubiera escrito ChatGPT".
Y tenía razón.
No los había escrito ChatGPT, pero sí los había escrito yo un lunes a las 7 de la mañana intentando automatizar todo lo posible para "liberar tiempo". Y cuando escribes un email pensando en eficiencia en vez de en la persona que lo va a leer, se nota.
Se nota que no hay calor. Que no hay persona. Que es una máquina disfrazada de humano. Y la gente se da cuenta. A lo mejor no sabe explicar por qué algo se siente diferente, pero lo siente.
El problema no es la automatización
A ver, que no estoy en contra de automatizar. La automatización es una herramienta brutal. Especialmente con TDAH, donde olvidarte de mandar un email de seguimiento es tan probable como que salga el sol mañana.
El problema es automatizar lo que no debería automatizarse. Y lo que no debería automatizarse es la conexión humana.
Hay cosas que tienen que ser automáticas. Los recordatorios de pago. Las confirmaciones de compra. Los emails de acceso. Todo lo logístico. Eso no necesita tu toque personal. De hecho, es mejor que sea automático porque así siempre funciona.
Pero hay cosas que necesitan ser humanas. La bienvenida a un alumno nuevo. La respuesta a una duda. El check-in con alguien que lleva una semana sin entrar al curso. Si automatizas eso, estás automatizando la razón por la que la gente te compra a ti y no a otro.
Con TDAH, la tentación de automatizar todo es irresistible
Lo entiendo perfectamente. Porque con TDAH, cada tarea manual es una oportunidad para olvidarte, para procrastinar, para que se acumule. Y la automatización elimina ese riesgo.
Pero hay una diferencia entre automatizar para no olvidarte y automatizar para no tener que hablar con nadie. La primera es inteligente. La segunda es cobardía disfrazada de eficiencia.
Yo caí en la segunda. Automaticé antes de validar si lo que estaba automatizando necesitaba serlo. Y el resultado fue un negocio que funcionaba como un reloj suizo pero que se sentía como un hospital: frío, eficiente y sin alma.
Lo que cambié
Volví a mandar emails personales. No a todos. Pero a los nuevos alumnos sí. Un email escrito por mí, con mi nombre, preguntando cómo están y qué necesitan. Sin plantilla. Sin automatización. Dos minutos por persona.
Esos dos minutos generan más retención que todo mi sistema de emails automáticos junto. Porque la gente no cancela cuando siente que hay alguien al otro lado. Cancela cuando siente que es un número en una base de datos.
También empecé a contestar comentarios personalmente. No todos, pero los importantes. Los que tienen una pregunta real detrás. Los que merecen una respuesta que no sea un template.
¿Me lleva más tiempo? Sí. ¿Hace que mi negocio funcione mejor? Sí. Mucho mejor.
La regla del 80/20 de la automatización
Automatiza el 80% que es logístico, repetitivo y que no necesita tu toque. Haz manual el 20% que es humano, emocional y que genera conexión.
Ese 20% es lo que hace que tu negocio sea tuyo. Que tus clientes te recuerden. Que recomienden tu producto a sus amigos. Que se queden cuando podrían irse a otro sitio que ofrece algo parecido.
Porque mira, tu producto no es único. Tu curso no es el único. Tu servicio no es el único. Lo que es único eres tú. Tu forma de explicar las cosas. Tu humor. Tu experiencia. Y si automatizas eso, has automatizado lo único que te diferencia.
La eficiencia sin humanidad es escalar sin sentido. Y un negocio sin alma es un negocio con fecha de caducidad.
Así que automatiza. Pero no automatices tu personalidad. Eso déjalo manual. Déjalo imperfecto. Déjalo tuyo. Porque emprender con TDAH ya es bastante difícil como para encima hacerlo parecer que no hay nadie al volante.
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