Tu to-do list tiene 47 cosas y no vas a hacer ninguna
Tu lista de tareas tiene 47 cosas y no empiezas ninguna. No es pereza. Es tu cerebro viendo todo a la vez y sin saber por dónde arrancar.
Abre la app. Mírala. 47 tareas.
Cierra la app.
Abre Instagram. Te quedas 20 minutos viendo a un tío que cocina pasta en un bosque noruego. Cierras Instagram. Miras la hora. Las 11:42. Vuelves a abrir la app.
47 tareas.
Bueno, 48. Porque mientras estabas en Instagram se te ha ocurrido otra cosa que "no puedes olvidar".
Y no vas a hacer ninguna.
¿Por qué tener más tareas te paraliza en vez de moverte?
A ver, esto tiene una explicación que no es "eres vago". Tu cerebro necesita un orden de prioridad para arrancar. Necesita saber: esto primero, esto segundo, esto puede esperar. Necesita un semáforo.
Y lo que tiene es un cruce de 47 calles sin un solo semáforo. Todo es urgente. Todo es importante. Todo debería haberse hecho ayer. Y tu cerebro, ante esa situación, hace lo más lógico del mundo.
Nada.
Se queda en el cruce mirando para los 47 lados y pensando "bueno, si me atropellan al menos no tengo que decidir". No es pereza. Es parálisis por análisis. Tu cerebro no puede procesar 47 prioridades simultáneas, así que elige la opción por defecto: el scroll infinito.
El engaño de "apuntar las cosas para no olvidarlas"
Te lo digo por experiencia. He tenido listas de tareas en Notion, en Todoist, en TickTick, en una app que se llamaba algo así como "Focus Bear" y que duró en mi móvil exactamente 4 días. He tenido post-its. He tenido libretas. He tenido una pizarra blanca en la pared que a las dos semanas era un mural abstracto que ni Picasso.
Y todas esas listas tenían algo en común: eran cementerios.
Apuntar una tarea te da un subidón de dopamina. "Mira, estoy organizado. Mira, tengo un sistema." Pues no. Tienes una lista. Y una lista sin prioridades es un menú de restaurante de 15 páginas donde acabas pidiendo lo de siempre o no pidiendo nada.
El problema no es que no apuntes las cosas. El problema es que las apuntas todas con el mismo peso. "Responder email de Juan" está al lado de "Replantear toda la estrategia de contenido". Y tu cerebro las ve como iguales. Que no lo son. Pero tu lista no lo sabe.
Lo que hice yo cuando mi lista tenía 83 tareas (número real)
Un día, harto de mirar mi Notion como quien mira un examen de 15 páginas sin haber estudiado, hice algo radical.
Borré todo.
No archivé. No moví a "algún día". Borré. Seleccionar todo, eliminar, confirmar. 83 tareas a la basura.
Y me senté delante de la pantalla vacía y me pregunté: si solo pudiera hacer 3 cosas esta semana, ¿cuáles serían?
Tres.
No quince. No "las 5 más importantes". Tres. Porque mi cerebro puede gestionar tres cosas. Cinco ya son muchas. Diez es ciencia ficción. Y 47 es directamente un chiste.
Y sabes qué pasó. Esa semana hice las 3. La semana siguiente, otras 3. En dos semanas había avanzado más que en el mes anterior con mi lista de 83 cosas que me miraban desde la pantalla como 83 profesores decepcionados.
¿Y las otras 80 tareas?
No pasó nada.
De verdad. No pasó absolutamente nada. El 90% de las cosas que tenía en esa lista eran cosas que yo creía importantes pero que el mundo no necesitaba. Emails que podían esperar. Ideas que no iban a ningún lado. Mejoras cosméticas que nadie iba a notar. Reorganizar carpetas que solo yo abro.
Es que hay una trampa brutal con las to-do lists: te hacen creer que todo lo que apuntas merece tu tiempo. No es verdad. La mayoría de las tareas que apuntas son ruido disfrazado de productividad. Las apuntas porque apuntarlas te hace sentir productivo sin tener que producir nada.
La regla que uso ahora y que es tan simple que da vergüenza
Tres tareas al día. Máximo. Sin excepciones.
Si acabo las tres y me sobra energía, genial, hago una cuarta. Pero las tres primeras son las que importan. Y las elijo por la noche, antes de dormir, cuando mi cerebro ya está medio desconectado y no tiene energía para sobrepensar.
Porque el problema de elegir por la mañana es que tu cerebro está fresco y quiere comerse el mundo. "Hoy hago 12 cosas." No, chaval. Hoy haces 3. Y si las haces, eres un crack. Y si no las haces, mañana son las mismas 3 hasta que salgan.
No es un método revolucionario. No tiene nombre molón. No hay una app para esto. Es una nota en el móvil con tres frases.
Tu lista de 47 cosas no es ambición. Es miedo a elegir.
Cuando metes 47 cosas en una lista, lo que estás haciendo no es ser ambicioso. Es esconderte. Porque mientras tengas 47 cosas pendientes, no tienes que comprometerte con ninguna. Puedes saltar de una a otra. Puedes decirte "es que tengo mucho". Puedes justificar no avanzar porque "tengo demasiadas cosas".
Pero la realidad es más simple y más incómoda: no has elegido.
Y elegir da miedo. Porque elegir significa dejar cosas fuera. Significa que si eliges A, no estás haciendo B ni C ni D. Y tu cerebro, que quiere hacerlo todo a la vez, se rebela contra eso.
Pero no puedes hacerlo todo. No puedes. Y cuanto antes lo aceptes, antes empiezas a hacer algo.
Tres cosas. Hoy. Las que de verdad importan.
El resto puede esperar. Y si no puede esperar, probablemente tampoco era tan importante.
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