No puedes enfermar cuando eres tu propio jefe
Tienes 38 de fiebre y estás contestando emails desde la cama. Cuando eres tu propio jefe no existen los días de baja.
38 de fiebre. La cabeza te va a explotar. No puedes ni tragar saliva sin que te duela todo.
Y estás contestando emails desde la cama.
Con el portátil apoyado en la almohada, la pantalla a un brillo que te taladra los ojos, y un vaso de agua con limón en la mesita que llevas dos horas sin tocar porque levantarte a por otro te parece un esfuerzo olímpico.
Pero el email del cliente no puede esperar. El contenido tiene que salir. La reunión de las 4 no se puede cancelar. Porque no tienes baja. No tienes un compañero que cubra tu puesto. No tienes un jefe al que llamar diciendo "oye, hoy no voy". Eres tú. Solo tú.
Y tú no puedes enfermar.
La mentira más grande del emprendimiento
"Sé tu propio jefe." "Libertad total." "Trabaja cuando quieras."
Sí. Excepto cuando estás enfermo. Entonces trabaja siempre.
Cuando eres empleado y te pones malo, existe un protocolo. Llamas, te dan la baja, alguien cubre tu trabajo, y tú te metes en la cama con un caldito y Netflix. No es perfecto, pero existe.
Cuando eres emprendedor y te pones malo, el protocolo es: negarlo. Ponerte una manta encima, abrir el portátil, y fingir que estás bien. Contestar mensajes con un ojo cerrado. Grabar un vídeo con la voz rota y ponerlo como "estilo cinematográfico". Hacer una call con la cámara apagada porque pareces un zombie.
Y encima te sientes culpable por estar enfermo. Como si fuera una decisión. Como si pudieras haber elegido no pillar la gripe.
Cuando me dio COVID en Dubai, solo
Te cuento una cosa que no suelo contar así.
Me dio COVID en Dubai. Solo. En un apartamento alquilado. Sin familia, sin amigos, sin nadie que me trajera una sopa o me preguntara cómo estaba.
Y ¿sabes qué fue lo primero que pensé? No fue "me voy a morir". Fue "tengo tres emails pendientes y mañana sale una automatización".
Eso no es dedicación. Eso es un problema. Serio. Porque tu cerebro se ha reprogramado para creer que tu negocio no puede funcionar ni un solo día sin ti, y por tanto tú no puedes permitirte estar enfermo ni un solo día.
Es la trampa del emprendedor que no puede delegar. Si todo pasa por ti, todo depende de ti. Y si todo depende de ti, no puedes parar. Nunca. Ni con fiebre, ni con gripe, ni con una gastroenteritis que te tiene a cuatro metros del baño.
El coste real de no parar
Aquí va la parte que nadie te dice.
Cuando trabajas enfermo, no trabajas. Haces una simulación de trabajo. Mandas emails con errores. Tomas decisiones con el cerebro a medio gas. Dices que sí a cosas que en estado normal habrías rechazado. Y cuando te recuperas, tienes que deshacer la mitad de lo que hiciste enfermo.
He enviado emails estando enfermo que luego tuve que explicar. "Perdona, estaba con fiebre y no sé qué quise decir aquí." Profesional a más no poder.
Trabajar enfermo no es ganar tiempo. Es pedirle prestado al futuro con un interés del 200%. Porque no solo no avanzas: retrocedes. Y encima alargas la enfermedad porque tu cuerpo no puede recuperarse si estás gastando energía en un Zoom a las 4 de la tarde.
¿Qué hago ahora cuando me pongo malo?
Lo primero: avisar. A los clientes, a la audiencia, a quien sea. "Oye, estoy malo. Vuelvo en X días." ¿Sabes cuántas veces me ha pasado algo malo por hacer esto? Cero. Ni un cliente se ha ido. Ni un proyecto se ha caído. La gente entiende que te pongas enfermo. El que no lo entiende es tu cerebro TDAH, que te dice que si paras un día todo se derrumba.
Lo segundo: apagar el portátil. En serio. Cerrarlo y meterlo en un cajón si hace falta. Porque si está abierto, vas a mirarlo. Y si lo miras, vas a contestar algo. Y si contestas algo, ya estás trabajando. Es como un alcohólico con una botella en la mesita. Quítala de la vista.
Lo tercero: aceptar que tu negocio puede sobrevivir tres días sin ti. Si no puede, ese es un problema mucho más gordo que un resfriado. Un negocio que se hunde porque su dueño tiene gripe no es un negocio. Es una trampa.
La próxima vez que te pongas malo, quédate en la cama. Tu negocio va a seguir ahí cuando te levantes. Prometido.
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