Necesitas validación de desconocidos para creer en tu proyecto
Tu madre te dice que tu proyecto es genial y no te lo crees. Un desconocido te da like y te sientes validado 8 segundos. El problema no es el like.
Tu madre te dice que tu proyecto es genial. No te lo crees. "Es mi madre, qué va a decir."
Tu pareja te dice que lo que haces tiene valor. No te lo crees. "Me quiere, tiene que decirlo."
Un amigo te dice que tu producto está muy bien. No te lo crees. "Es un colega, no me va a decir que es una basura."
Un desconocido en LinkedIn te da like. Y por 8 segundos te sientes validado.
Ocho segundos.
Luego se pasa. Y necesitas otro like. Y otro. Y otro. Como un gotero de autoestima que se vacía en cuanto dejas de recibir.
¿Por qué la validación de cercanos no cuenta?
Porque tu cerebro la descarta. Tiene un filtro brutal para las opiniones positivas de gente que te conoce. Las categoriza como "dicen eso porque me quieren" y las tira a la basura emocional. No importa que sean sinceras. No importa que tu madre de verdad piense que tu proyecto es bueno. Tu cerebro ha decidido que su opinión no es objetiva y por tanto no vale.
Y en cambio, la opinión de un desconocido, alguien que no te debe nada, alguien que no tiene ninguna razón para mentirte, eso sí cuenta. Porque si un desconocido dice que tu trabajo es bueno, tiene que ser verdad. Nadie le obliga a decirlo. Nadie le obliga a darle like. Lo ha hecho porque de verdad le parece bueno.
El problema es que esa validación dura 8 segundos. Y luego necesitas otra. Y otra. Y acabas diseñando tu negocio alrededor de lo que genera validación en vez de alrededor de lo que genera valor.
El negocio diseñado para likes en vez de para clientes
Te lo digo por experiencia. Hubo una época en la que yo tomaba decisiones de contenido basándome exclusivamente en la respuesta de la audiencia. Si un tema tenía muchos likes, hacía más de ese tema. Si un formato generaba comentarios, repetía formato. Si un post se hacía viral, clonaba la estructura.
Y sabes qué pasó. Mi negocio empezó a ir peor.
Porque los likes no son ventas. Los comentarios no son clientes. Las impresiones no son ingresos. Estaba optimizando para la métrica equivocada. Estaba persiguiendo 10.000 seguidores en vez de 100 clientes. Y los seguidores no pagan el alquiler.
Pero cada mañana, cuando miraba las métricas, lo que me hacía sentir bien era el número de likes. No las ventas. Porque las ventas son frías y esporádicas. Los likes son inmediatos y constantes. Son un chute de dopamina que tu cerebro con TDAH necesita como el oxígeno.
La trampa del emprendedor que crea para gustar
Hay un momento peligroso en la vida de todo emprendedor. Es cuando dejas de crear para resolver y empiezas a crear para gustar. Es cuando tu decisión de qué publicar, qué vender, qué construir no depende de "qué necesita mi cliente" sino de "qué va a generar más reacción".
Y es una trampa casi invisible. Porque crear algo que gusta parece bueno. Parece positivo. "La gente responde, eso es que voy por buen camino." Pero responder no es comprar. Interactuar no es pagar. Y un negocio que genera likes pero no genera ingresos es un hobby con métricas bonitas.
Con TDAH, esta trampa es peor. Porque tu cerebro necesita feedback inmediato. Y un like es feedback inmediato. Una venta puede tardar días, semanas. Tu cerebro no tiene paciencia para eso. Prefiere el like. Aunque el like no pague nada.
Lo que hice cuando me di cuenta de que estaba enganchado a la validación
Dejé de publicar métricas. Dejé de mirar las analíticas cada hora. Me puse una regla: mirar métricas una vez a la semana. Los viernes. Durante 30 minutos. Y el resto de la semana, trabajar sin mirar.
Las primeras semanas fueron un infierno. Mi mano iba sola al móvil a mirar cuántos likes tenía el último post. Mi cerebro me pedía esa dosis cada 20 minutos. Era literalmente un mono de dopamina.
Pero al mes empecé a notar algo. Como no estaba diseñando para likes, empecé a diseñar para resultado. Empecé a preguntarme: "¿Esto ayuda a alguien?" en vez de "¿Esto va a tener muchos likes?" Y la diferencia fue brutal. Porque lo que ayuda a alguien muchas veces no tiene muchos likes. Pero sí tiene clientes.
Un post que tuvo 15 likes me trajo 3 clientes. Un post que tuvo 500 likes me trajo 0. Y ahí entendí que las métricas que importan no son las que se ven.
Tu proyecto no necesita validación. Necesita clientes.
Mira, si un desconocido te dice que tu proyecto es bueno, genial. Pero eso no paga el alquiler. Lo que paga el alquiler es que alguien saque la tarjeta y te dé su dinero a cambio de lo que ofreces. Esa es la única validación que importa. La del bolsillo.
Y sé que suena frío. Y sé que a tu cerebro le sigue gustando más un like que una venta. Pero si quieres que esto funcione, tienes que aprender a distinguir entre validación emocional y validación real. Una te hace sentir bien 8 segundos. La otra te permite seguir otro mes.
Tu madre tenía razón, por cierto. Tu proyecto es bueno. Pero no necesitas que te lo diga ella, ni un desconocido, ni nadie. Necesitas que alguien pague por él.
Esa es la única opinión que cuenta.
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