Cuando la terapia no avanza con TDAH: señales de que algo falla
Llevas meses en terapia y sientes que no avanzas. No es tu culpa. Hay señales claras de que tu terapia no funciona con TDAH.
Llevaba ocho meses yendo al psicólogo cada jueves.
Cada jueves me sentaba en el sillón, contaba cómo había ido la semana, ella asentía, yo decía "sí, tienes razón, voy a intentarlo", y me iba. La semana siguiente volvía, contaba exactamente lo mismo, y repetíamos el bucle.
Ocho meses.
32 sesiones. A 60 euros la sesión, casi dos mil euros invertidos en decir "esta semana me ha costado mucho organizarme" mientras alguien al otro lado del sillón me decía "¿y cómo te hace sentir eso?".
Mal. Me hacía sentir mal. Igual que las 31 veces anteriores.
El problema no era la terapia en sí. El problema era que esa terapia no estaba funcionando para mí. Y yo llevaba ocho meses sin atreverme a decirlo.
¿Cómo saber si tu terapia no está funcionando?
Hay una diferencia enorme entre "esto es lento" y "esto no funciona". Y con TDAH es fácil confundirlas, porque estamos tan acostumbrados a culparnos de todo que asumimos que si la terapia no avanza, el problema somos nosotros.
No siempre.
Señales de que algo no va bien:
Llevas meses y no puedes identificar un solo cambio concreto. No hablo de estar "curado". Hablo de algo pequeño. Una herramienta que uses en tu día a día. Una forma distinta de reaccionar ante algo. Un patrón que antes no veías y ahora sí. Si después de tres o cuatro meses no hay nada tangible, algo falla.
Cada sesión se siente como un déjà vu. Cuentas lo mismo, te dicen lo mismo, sales igual. La terapia debería evolucionar. Si la semana 20 se parece a la semana 3, no estás avanzando. Estás pagando por hablar.
Las estrategias que te dan no encajan con tu cerebro. Esto pasa mucho. Te dicen "hazte una lista de tareas" y tú piensas "tío, si pudiera hacerme una lista de tareas y seguirla, no estaría aquí". Te dan técnicas diseñadas para cerebros neurotípicos y cuando no funcionan, te sientes peor. Como si fuera culpa tuya que la herramienta no sirva.
No lo es.
¿Tu terapeuta entiende el TDAH de verdad?
Esta es la pregunta que te da miedo hacerte.
Porque tu terapeuta es buena persona. Porque te escucha. Porque te cae bien. Y dejar a alguien que te cae bien se siente fatal, sobre todo con una disforia sensible al rechazo que te hace evitar cualquier conflicto como si fuera una amenaza de muerte.
Pero que alguien te caiga bien no significa que sea el profesional adecuado para ti.
Hay terapeutas que saben mucho de ansiedad, de depresión, de trauma, y no saben nada de TDAH. Y no pasa nada. No tienen por qué saberlo todo. Pero si tu problema principal es el TDAH y tu terapeuta lo trata como un problema de motivación, de hábitos o de actitud, estás perdiendo el tiempo.
Señales de que tu terapeuta no entiende el TDAH:
Te dice cosas como "solo necesitas organizarte mejor" o "prueba a esforzarte un poco más". Si la solución fuera esforzarse más, no necesitarías terapia.
Minimiza tu diagnóstico. "Todos tenemos un poco de TDAH." No. No todos tienen un poco de TDAH. Todos se distraen a veces. No es lo mismo.
No adapta las técnicas. Te da las mismas herramientas que le daría a cualquier paciente sin considerar que tu cerebro procesa la información de forma diferente.
No conoce la diferencia entre los tipos de terapia que funcionan con TDAH y los que no. No toda terapia sirve para todo. Y eso no es un fallo del paciente.
¿Cuándo cambiar de terapeuta y cuándo aguantar?
Aquí es donde la cosa se pone complicada.
Porque los que tenemos TDAH somos expertos en abandonar cosas a la primera dificultad. Sabemos cómo es: empiezas algo con ilusión, a las tres semanas pierdes el interés, y buscas algo nuevo. Es un patrón real. Y a veces te preguntas si querer cambiar de terapeuta es una señal legítima o es tu cerebro haciendo lo de siempre.
La diferencia está en los datos.
Si llevas menos de dos meses, probablemente es pronto. Dale tiempo. La terapia no es una pastilla que hace efecto en media hora.
Si llevas entre tres y seis meses y hay pequeños cambios, aunque sean lentos, quédate. Lento no es igual a roto. A veces las cosas tardan.
Si llevas más de seis meses, no puedes señalar un solo cambio concreto, y cada sesión se siente como repetir el mismo guion, no es impaciencia. Es que no funciona.
Y hay una señal que lo resume todo: si sales de la sesión sintiéndote peor que cuando entraste, de forma consistente, algo va mal. La terapia tiene días duros, claro. Hay sesiones que remueven cosas difíciles. Pero el patrón general debería ser hacia arriba, no en círculos.
No te tiene que dar culpa irte
Esto es lo que más cuesta.
Porque sientes que estás fallando. Que si fueras mejor paciente, la terapia funcionaría. Que cambiar de terapeuta es rendirte. Que estás siendo difícil, exigente, impaciente.
No.
Estás siendo responsable con tu proceso. Tu proceso es tuyo. No del terapeuta, no de tu madre que te recomendó a esa psicóloga, no del seguro que solo cubre a tres profesionales. Tuyo.
Y si algo no funciona, tienes todo el derecho a buscar algo que sí funcione. No es una ruptura sentimental. Es un servicio profesional. Y tú mereces un profesional que entienda cómo funciona tu cerebro.
Encontrar un terapeuta que entienda el TDAH no es fácil. Pero es infinitamente mejor que pasar otro año sentado en un sillón repitiendo "esta semana me ha costado mucho organizarme" mientras alguien asiente.
¿Y si el problema soy yo?
A veces sí. Voy a ser honesto.
A veces el problema es que no estás haciendo lo que acordaste en sesión. Que te dan herramientas y no las pruebas. Que llegas cada semana sin haber hecho nada entre sesiones. Y eso también hay que mirarlo.
Pero ojo. Si no haces lo que te piden, la pregunta no es "¿por qué soy tan vago?". La pregunta es "¿por qué no puedo hacerlo?". Y un buen terapeuta de TDAH sabe que la respuesta no es falta de voluntad. Es que la tarea requiere más activación de la que tu cerebro produce. Y debería ajustar la estrategia, no repetir la misma instrucción más fuerte.
Si tu terapeuta reacciona a tu falta de cumplimiento con frustración, con frases tipo "si no pones de tu parte yo no puedo hacer nada", tienes un terapeuta que no entiende tu condición. Porque poner de tu parte es exactamente lo que te cuesta. Eso es literalmente por lo que estás ahí.
La terapia que funciona se nota
No tiene que ser espectacular. No tiene que ser un antes y un después de película. Pero se nota.
Se nota porque un día reaccionas diferente a algo que antes te hundía. Porque usas una herramienta sin pensarlo. Porque entiendes un patrón que antes te confundía. Porque ya no te machacas igual por llegar tarde. Porque ya no sientes que eres un fraude las 24 horas del día.
Son cosas pequeñas. Pero son cosas.
Si llevas meses y no hay ni una sola cosa pequeña, no te culpes. No eres mal paciente. No eres un caso perdido. No eres la persona a la que la terapia no le funciona.
Eres una persona con un cerebro que funciona diferente, que necesita un profesional que sepa trabajar con esa diferencia. Y buscarlo no es rendirse.
Es lo más valiente que puedes hacer por ti.
Si estás en ese punto de "¿tengo TDAH o me lo invento?" y por eso la terapia se siente rara, quizá conviene empezar por ahí. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero es un punto de partida para hablar con tu terapeuta con datos. 10 minutos.
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