El TDAH que no sale en los vídeos: la cara B que nadie monta

Lo que ves son chistes, analogías y consejos. Lo que no ves son los días en los que no puedo ni abrir el portátil. Eso también es TDAH.

Hoy no te voy a contar un truco. Hoy te voy a contar lo otro.

La parte del TDAH que no sale en los vídeos. Que no cabe en un Reel. Que no tiene chiste. Que no monetiza. Que no se edita porque no hay nada que editar. Solo un tío mirando la pantalla sin poder hacer nada y fingiendo delante del mundo que todo va bien.

Esa parte.

Por qué lo que ves en redes es TDAH en su mejor versión

Piénsalo un segundo. Cuando ves un vídeo mío, ¿qué ves? A un tío que ha conseguido abrir el portátil. Que ha conseguido sentarse. Que ha conseguido pensar un tema. Que ha conseguido grabar. Que ha conseguido editar. Que ha conseguido publicar.

O sea, lo que ves es el 5% de los días que sí funcionan.

El 95% restante no se graba. No porque lo esté ocultando, sino porque no hay nada que grabar. Son días en los que te sientas delante del portátil y no consigues ni abrir el primer documento. Son días en los que te mandas a ti mismo quince recordatorios para hacer una cosa y acaba sin hacerse. Son días en los que tu cerebro decide, sin consultarte, que hoy tocaba estar roto por dentro mientras por fuera tienes que seguir pareciendo una persona funcional.

Y eso es lo que no ves.

La fachada es un trabajo a jornada completa

Los que tenemos TDAH somos expertos en una cosa concreta. En montar fachadas. Nos sale bien. Lo llevamos haciendo desde niños, cuando nos decían "si quisieras, podrías" y empezamos a ensayar la cara de "estoy bien" como quien ensaya un guion.

El problema es que esa fachada cuesta energía. Mucha. Imagínate estar todo el día cargando una mochila de treinta kilos mientras fingimos que pesa cuatro. Llega un punto en el que ya no puedes. Y cuando no puedes, o te rompes por dentro sin que nadie se entere, o te rompes por fuera y entonces la gente se pregunta "pero si hace un rato estaba bien, ¿qué le ha pasado?".

No le ha pasado nada de golpe. Lleva meses pasándole. Lo que pasa es que por fin ha dejado de fingir. Y eso, para el que lo ve desde fuera, parece un drama de la nada.

Spoiler. No es de la nada.

La paradoja de estar tranquilo cuando todo arde

Surge un problema gordo. Todo el mundo entra en pánico. Y tú estás ahí, con cara de póker, pensando. Alguien te pregunta: "¿Pero cómo puedes estar tan tranquilo?".

Y tú contestas: "No estoy tranquilo. Estoy pensando en una solución".

Es verdad. Estás pensando en una solución. Pero por dentro estás cagado. Lo que pasa es que llevas años con el volumen emocional a 11 todos los días, así que cuando el resto se pone a gritar, para ti es un martes cualquiera. No es que no te afecte. Es que llevas tanto tiempo nadando en el agua turbulenta de tu propia cabeza que una ola más no te va a tirar.

La diferencia no es que estés bien. Es que estás acostumbrado a no estarlo.

"Pero es que a otra gente le va peor"

Vamos al tema que más me jode.

Vivimos en una sociedad donde expresar que estás mal está mal visto. Hay una lista larga de razones por las que no puedes quejarte.

No puedes quejarte porque a otra gente le va peor. No puedes quejarte porque deberías sentirte afortunado por lo que tienes. No puedes quejarte porque el de al lado ha sufrido más que tú.

Al final parece que la meritocracia ahora va por ver quién ha sufrido más. Como si hubiera un premio para el que peor lo ha pasado y eso le diera derecho a pisar al resto. Lo que deberíamos premiar es justo lo contrario. Ojalá que a nadie le vaya mal. No necesito competir por quién está peor para poder abrir la boca y decir que hoy no estoy bien.

Pero no. Aquí el que se queja queda como un llorón. Y los que tenemos un cerebro que amplifica cada emoción por cuatro acabamos tragándonos todo porque es más fácil callarse que aguantar otra ronda de "pues otros están peor".

Y así llegas a los 30 y tu psicóloga te dice que eres demasiado racional. Pues claro, amigo. Cada vez que lo he intentado me ha salido mal.

El día que la máscara se te cae

A todos los que tenemos TDAH nos llega ese día. El día en que la máscara deja de sostenerse. No porque tomes la decisión. Es que simplemente no puedes más.

Un miércoles cualquiera, en la oficina, en una reunión, en el sofá. De repente notas que ya no tienes energía para fingir. Que la cara de "estoy bien" se te cae y debajo hay una cara que no sabes muy bien cómo es. Porque llevas años sin ensayarla.

Y entonces o te rompes delante de alguien, o te vas corriendo al baño a respirar, o cancelas los planes y te metes en casa a desaparecer tres semanas. Ninguna cuarta opción.

Eso también es TDAH. Esa parte que nadie edita porque no sale en cámara. Que tu pareja conoce, que tu familia cercana igual ha visto alguna vez, pero que el resto del mundo no sabe que existe.

Si prefieres el formato vídeo lo tienes aquí.

Por qué yo muestro lo que muestro (y lo que no)

En mis vídeos salgo mucho más entero de lo que estoy la mitad de los días. Y no es que esté engañando a nadie. Es por dos cosas.

Una, los días malos no puedo grabar. Literalmente. Si no puedo ni abrir el portátil, no voy a poder montar una cámara para contártelo. Así que lo que ves es un sesgo de supervivencia. Solo los días en los que he podido.

Dos, no creo que sirva de nada exhibir cada bajón como contenido. Prefiero contarte esto desde un día neutro, con perspectiva, y no en vivo cuando estoy en medio del pozo. Porque en medio del pozo tampoco tengo nada útil que decir. Solo puedo estar.

Pero sí quiero que sepas que existe. Porque si solo ves los vídeos entretenidos y las analogías chulas, puedes pensar que el TDAH es algo curioso con lo que se convive bien. Y sí. A ratos. Pero también tiene la otra parte.

Lo que estoy aprendiendo (que no es mágico)

No te voy a vender que esto lo tengo resuelto. No lo tengo. Lo que sí he aprendido es a permitirme sentir.

Si me apetece reír, me río. Si me apetece llorar, lloro. Si estoy mal, lo digo. Si no entiendo algo en una reunión, pregunto. Si hay un problema, entro en pánico como todo el mundo y luego ya pensaré. No me voy a tragar tres días de ansiedad para mantener intacta la cara de tío zen que nunca fui.

Va de permitirme estar donde estoy. Dejar de fingir normalidad cuando no la tengo. Y avisar cuando no puedo. No es revolucionario. Pero es la diferencia entre sostener una fachada hasta que revienta, o dejar que las emociones pasen por ti sin acumularse hasta hundirte.

Lo que me jode de que pienses que exagero

Cada vez que alguien escucha esto y responde "qué exagerado", "os gusta victimizaros", "en mi época no había TDAH y tirábamos para adelante", lo que está diciendo en realidad es "no tengo ni idea de lo que hay dentro de tu cabeza y tampoco me interesa saberlo".

Y mira, no te pido que lo entiendas. Te pido que si no lo entiendes, al menos no lo pises. Que si alguien cercano tiene TDAH y te dice que está mal, no le contestes con "pues hay gente peor". Contéstale con "qué te hace falta". O con "te escucho". O con un silencio que no juzga. Ya vale.

Y si eres tú el que se siente así. Si llevas años sosteniendo la fachada porque nadie te ha dado permiso para bajarla. Si te reconoces en esto de estar roto por dentro mientras sonríes por fuera. Quiero que sepas una cosa. No estás solo. Y esforzarte por parecer normal es, muchas veces, lo que más te rompe.

Si llevas años con la sensación de que por fuera todo va bien pero por dentro el caos no para, empieza por aquí.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo