¿Es TDAH o es estrés crónico? Cuando tu vida explica tus síntomas
Olvidos, irritabilidad, falta de concentración. ¿Es tu cerebro o es tu vida? El estrés crónico imita al TDAH y la trampa es brutal.
Llevas semanas olvidándote de todo.
Las llaves. Las citas. Esa llamada que ibas a hacer "después de comer" y ya es jueves. Tu pareja te habla y asientes, pero tu cabeza está en otro sitio. No sabes en cuál. Solo sabes que no está aquí.
Y cuando buscas en Google qué te pasa, la primera página te lanza dos opciones: TDAH o estrés crónico.
Lo gracioso es que los dos encajan.
¿Por qué el estrés crónico se parece tanto al TDAH?
Porque el estrés, cuando se instala de forma permanente, no solo te pone nervioso. Te roba funciones cognitivas. Literalmente.
El cortisol, que es la hormona que tu cuerpo suelta cuando detecta peligro, está diseñado para emergencias. Para que corras más rápido, reacciones más rápido, sobrevivas. Pero cuando la emergencia no para nunca, cuando llevas meses con el trabajo al límite, durmiendo mal, comiendo peor y con la bandeja de entrada como un campo de minas, tu cerebro empieza a funcionar como si le hubieras quitado piezas.
Memoria de trabajo. Capacidad de concentración. Regulación emocional. Control de impulsos.
¿Te suena? Sí. Son exactamente los mismos síntomas del TDAH.
Es como tener dos enfermedades completamente distintas que comparten el mismo disfraz. Por fuera son idénticas. Por dentro no tienen nada que ver.
¿Cómo distinguir el TDAH del estrés crónico?
La clave está en una pregunta que parece simple pero no lo es: ¿desde cuándo?
El TDAH no aparece. Estaba ahí. Siempre.
Si te remontas a tu infancia y recuerdas que perdías los deberes, que no podías quedarte quieto en clase, que tu madre te decía "estás en las nubes" tres veces al día, que empezabas cosas con una energía brutal y a las dos semanas las abandonabas, eso no es estrés. Eso es un cerebro que lleva toda la vida funcionando a su manera.
El estrés crónico, en cambio, tiene un "antes". Un punto en el que las cosas cambiaban. Un trabajo nuevo, una época de mierda, una ruptura, un lío económico que se fue alargando. Algo que puedes señalar y decir "antes de esto, yo funcionaba".
Si antes funcionabas y ahora no, probablemente tu vida te está rompiendo el cerebro temporalmente. Si nunca has funcionado del todo y siempre has ido a trompicones aunque tu vida estuviera bien, probablemente hay algo más debajo.
¿Y si es estrés crónico que lleva tanto tiempo que ya parece TDAH?
Buena pregunta. Porque eso también pasa.
Hay gente que lleva cinco, diez, quince años con un nivel de estrés sostenido que ha reconfigurado su forma de funcionar. Ya no recuerdan cómo era "antes". Su línea base se ha movido tanto que lo anormal se ha convertido en lo normal.
Y cuando les dices "¿siempre has sido así?", dicen que sí. Pero no porque nacieran así, sino porque llevan tanto tiempo estresados que no recuerdan otra cosa.
Esto es importante porque el burnout y el TDAH también se solapan de una forma bestia. El estrés crónico sostenido lleva al burnout, y el burnout tiene los mismos síntomas que un TDAH descontrolado. Es un bonito efecto dominó en el que todo se parece a todo y nadie sabe qué va primero.
La diferencia es que si es estrés, cuando quitas el estrés, mejoras. Si es TDAH, cuando quitas el estrés, mejoras un poco. Pero sigues olvidándote de las llaves.
¿Puede ser los dos a la vez?
Sí. Y es más frecuente de lo que piensas.
Las personas con TDAH son más vulnerables al estrés crónico. Porque vivir con un cerebro que no regula ya es estresante de por sí. Llegas tarde, se te olvidan cosas, no cumples plazos, la gente se enfada contigo, tú te enfadas contigo. Ese ciclo genera un estrés constante que se suma al TDAH que ya tenías.
Es como tener una mochila de veinte kilos y que alguien te ponga otra encima. Las dos pesan. Las dos te frenan. Pero una estaba ahí desde siempre y la otra te la han puesto las circunstancias.
Y encima, el burnout en alguien con TDAH no se parece al burnout general. Es más profundo, más confuso, más difícil de detectar. Porque ya vivías en modo supervivencia, así que cuando te quemas del todo, la diferencia entre "estresado" y "quemado" es casi imperceptible.
¿Qué haces con esto?
Primero: no te autodiagnostiques con un post de blog. Con este tampoco.
Segundo: observa. No tu presente, tu historia. ¿Esto que te pasa ahora tiene un inicio claro? ¿Hay un "antes" en el que funcionabas bien? ¿O llevas toda la vida parcheando, compensando, haciendo malabares para que nadie se dé cuenta de que por dentro todo va a mil?
Si tu vida actual es un desastre y antes no lo era, puede que tu vida sea el problema. Y eso tiene arreglo. Quitas lo que te estresa, descansas, tu cerebro se recupera.
Si tu vida ha sido siempre un poco caótica y ahora el estrés lo ha empeorado todo, puede que haya algo debajo que nadie ha mirado. Y eso también tiene arreglo. Pero primero alguien tiene que mirarlo.
No es lo mismo que te falte gasolina a que el motor tenga una pieza suelta. Los dos coches se paran. Pero el mecánico tiene que abrir el capó para saber cuál es cuál.
Y cuidado con el comodín del "es que estoy muy estresado". A veces es verdad. Pero a veces es la explicación cómoda que te evita hacerte la pregunta incómoda: ¿y si no es solo estrés? ¿Y si nunca lo ha sido?
Hay cosas que también se camuflan como estrés o TDAH y resulta que son una simple deficiencia de vitaminas. El cerebro es tramposo. No acepta la primera respuesta sin más.
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