Conexión emocional y TDAH: querer estar presente pero no poder
Te importa. Muchísimo. Pero cuando alguien te necesita de verdad, tu cerebro se va. La culpa después es brutal. Esto es la conexión emocional con TDAH.
Estaba cenando con mi pareja.
Ella me estaba contando algo importante. De esas cosas que necesitan que estés de verdad ahí, no solo con el cuerpo. Había emoción en su voz. Me miraba buscando que le respondiera de alguna forma.
Y yo estaba pensando en si el personaje que había visto en una serie tres días antes era el mismo actor que en otra película de los noventa.
Físicamente ahí. Mentalmente en IMDB.
Lo peor es que me importaba. Me importaba lo que me estaba contando. Me importa ella. Y sin embargo mi cerebro decidió que era el momento perfecto para resolver un misterio cinematográfico que absolutamente nadie le había pedido que resolviera.
Cuando me preguntó qué pensaba, no supe qué contestar.
Y la cara que puso ella fue mucho peor que cualquier discusión.
¿Por qué desconecto justo cuando más importa?
No es que seas frío.
No es que no te importe.
No es que seas incapaz de querer a alguien.
Es que tu cerebro tiene una relación muy particular con la atención. Y la atención, con el TDAH, no se dirige hacia donde debería. Se dirige hacia donde hay estímulo. Punto. Sin negociación, sin lógica, sin importar lo que esté en juego.
Tu pareja te está contando algo doloroso y tu cerebro decide que hay una idea más urgente que explorar. Tu hijo te habla de algo que le preocupa en el colegio y tu mente ya está en otro sitio. Tu amigo te confiesa algo que le ha costado decir y tú asientes con cara de estar ahí mientras por dentro calculas algo completamente irrelevante.
No es mala voluntad.
Es que el interruptor de la atención no funciona con importancia emocional. Funciona con novedad y estímulo. Y una conversación emocionalmente intensa, aunque te importe, no siempre tiene el tipo de novedad que tu cerebro necesita para quedarse quieto.
El resultado es que las personas que más te quieren son las que más veces han tenido que verte con los ojos en blanco justo cuando más te necesitaban.
El momento en que te das cuenta
Hay un patrón que se repite.
Alguien a quien quieres te está hablando. Tú estás físicamente presente. Y en algún punto del camino, sin que sepas exactamente cuándo, tu cerebro se fue.
No lo notaste irse. Simplemente ya no estabas.
Y entonces llega la pregunta. O el silencio incómodo. O la mirada de "¿me estás escuchando?". Y tú sabes que no tienes respuesta que no suene a excusa.
Lo que viene después es la culpa.
No una culpa pequeña. Una culpa del tamaño de una habitación. Porque no puedes decir "es que no me importa". Te importa. Muchísimo. Pero eso no cambia lo que acaba de pasar. Y la otra persona tampoco puede verlo por dentro, solo puede ver lo de fuera. Y lo de fuera parece que pasas de todo.
Si reconoces esto en ti mismo, probablemente ya conozcas también la sensación de ver que dejar a alguien en visto sin querer puede desatar una tormenta emocional, pero desde el otro lado. Tú eres el que involuntariamente manda la señal equivocada.
¿Qué pasa exactamente en el cerebro?
El TDAH no es solo no poder concentrarte en el trabajo.
Uno de sus efectos menos contados es cómo afecta a la conexión emocional en tiempo real. No a las emociones en general, sino a la capacidad de estar presente en un momento concreto con otra persona.
Tu cerebro tiene problemas con lo que se llama regulación de la atención. Y eso incluye la atención interpersonal. La que necesitas para escuchar de verdad, para procesar lo que te dicen, para responder de forma conectada.
Si alguien te habla de algo emocionalmente cargado y tu sistema de atención no engancha bien con ese estímulo, tu cerebro busca otro. Y lo encuentra. Siempre lo encuentra.
Esto conecta directamente con algo más amplio: la regulación emocional. Las personas con TDAH no procesamos las emociones de la misma forma. No es que sintamos menos. A veces es todo lo contrario. Pero el problema aparece cuando hay que estar presentes en las emociones de otra persona, cuando la tarea es simplemente escuchar y acompañar, sin estímulo externo, sin novedad, solo presencia.
Eso es exactamente lo que más le cuesta a un cerebro con TDAH.
Y como bien explica el post sobre cómo afecta el TDAH a la comunicación en pareja, no es un problema de intención. Es un problema de arquitectura cerebral.
La culpa que se acumula
Hay algo muy concreto que pasa cuando esto se repite mucho.
Las personas a tu alrededor empiezan a interpretar tus desconexiones como señales. "No le importo suficiente." "No está aquí para mí." "Da igual lo que le cuente."
Y tú lo sabes. Puedes ver que lo piensan aunque no lo digan. Y la culpa se va acumulando en capas.
Con el tiempo, algunos dejamos de intentarlo tanto. No porque hayamos dejado de querer. Sino porque repetir el ciclo de desconexión-culpa-disculpa tantas veces cansa. Y acaba pareciendo más seguro no comprometerse del todo emocionalmente, no abrir ciertas conversaciones, no pedir cierta intimidad, que enfrentarse a otra vez que tu cerebro te traicione justo cuando más lo necesitas.
Eso tiene un coste enorme. Para ti y para las personas que tienes cerca.
Si la intimidad y la distracción son temas que te pesan, lo que pasa con la intimidad cuando el TDAH está de por medio lo aborda de forma bastante directa.
Lo que no es una excusa pero sí una explicación
"Tengo TDAH" no resuelve nada si se queda como frase.
Pero sí cambia la conversación cuando va acompañado de algo más. Porque la diferencia entre una excusa y una explicación es lo que haces después.
Una excusa es: "Perdona, es que me desconecté, ya sabes que tengo TDAH."
Una explicación es: "Mira, cuando me pasa esto no es porque me dé igual lo que me cuentas. Mi cerebro tiene un problema real para mantenerse presente en conversaciones, especialmente cuando hay carga emocional. No es disculpa. Es lo que pasa. Y quiero encontrar formas de que esto funcione mejor."
Esa segunda conversación, aunque da más vértigo tenerla, cambia las cosas.
Porque la persona que tienes delante puede empezar a interpretar tus desconexiones de otra forma. No como desinterés. Como un síntoma que no está dirigido a ellos.
Y tú puedes dejar de cargarte con culpa de una forma tan absoluta.
Cosas pequeñas que ayudan
No voy a prometerte que hay un truco que lo soluciona.
Pero hay ajustes que cambian bastante la dinámica.
El más importante es decírselo antes de que pase, no después. No esperes al momento incómodo. Habla en un momento tranquilo: "Oye, hay veces que me desconecto cuando me hablas. No es por ti. Es literal por cómo funciona mi cerebro. Si pasa, llámame la atención sin drama."
Eso solo, una vez dicho con calma, quita toneladas de peso a la relación.
Otra cosa que funciona: pedir que te repitan. Sin vergüenza. "Perdona, me fui un momento. ¿Me lo repites?" Suena raro las primeras veces. Pero es mucho mejor que fingir que has estado y que salte el desastre más tarde.
Y si la persona con quien convives tiene TDAH y eres tú quien busca que esté más presente, hay cosas concretas que puedes hacer. Cómo hablar con alguien que no escucha por TDAH da algunas pistas sobre cómo manejar esto desde el otro lado.
La cosa más difícil de entender
Tu cerebro puede quererte fallar en el peor momento posible.
Puedes estar en un momento de esos que importan de verdad, con alguien que te importa de verdad, y aun así irte. No porque quieras. No porque decidas irse. Sino porque el interruptor se fue solo.
Y eso no te convierte en alguien que no sabe querer.
Te convierte en alguien que tiene un cerebro que funciona diferente y que necesita más herramientas de las habituales para construir conexiones estables.
La diferencia no está en si te importa. Está en si haces algo con eso.
Si todo esto te suena demasiado familiar, puede que valga la pena entender mejor cómo funciona tu cerebro. Hice un test de TDAH de 43 preguntas que evalúa no solo la concentración sino también la regulación emocional, la memoria de trabajo y las cosas que los tests rápidos nunca miden. 10 minutos.
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