TDAH y energía: por qué funcionas a ratos y cómo usarlo

Con TDAH la energía va por interruptor: o todo o nada. Te explico por qué entras en hiperfoco y cuatro formas de usar ese ON/OFF a tu favor.

Te dejo el vídeo arriba, pero aquí lo tienes por escrito para que puedas volver cuando quieras.

Si tienes TDA, seguro que has vivido esto: te levantas un día con una energía con la que sientes que puedes con todo. Te pones a hacer algo y esa energía te dura quince minutos, veinte, media hora como mucho. Y de golpe, al pozo. No entiendes nada. Pensabas que iba a ser un gran día y acaba siendo otro día más.

Y lo raro es que a los diez minutos vuelve. De repente te enganchas, se te olvida comer, se te olvida que tenías que haber salido de trabajar hace tres horas, y ahí sigues. Seis horas seguidas. Lo mismo pasa al revés: te levantas hecho un escombro, das el día por perdido, y acaba siendo uno de los más productivos de la semana.

Vamos a ver por qué pasa esto y, sobre todo, qué hacer con ello.

Por qué tu energía funciona como un interruptor

A esto los psicólogos lo llaman disregulación del sistema nervioso autónomo. Como acordarse de eso es complicado, lo traduzco a lenguaje humano.

El cerebro de una persona con TDA no gestiona la energía como el resto. La mayoría tiene una especie de batería que se va gastando poco a poco hasta que se agota. Nosotros no. Nosotros tenemos un interruptor de encendido y apagado. No hay término medio, no hay "me voy descargando". O está funcionando o no funciona. Ya está.

Y ojo con una cosa, porque el TDA en realidad no es un problema de atención. Cuando lo llaman trastorno por déficit de atención se quedan cortos, porque atención sí prestamos. Lo que tenemos es una atención más selectiva. El problema aparece cuando no somos nosotros los que decidimos a qué prestársela.

¿Qué es de verdad la dopamina?

Todo esto viene de cómo regulamos la dopamina. A la dopamina la llaman "la hormona de la felicidad", y quien le puso ese nombre no tenía ni idea. La verdadera hormona de la felicidad es la serotonina.

La dopamina no es lo que te causa placer. Es la hormona de la anticipación. Aparece cuando crees que vas a conseguir algo. Y entender esto lo cambia todo.

Muchas veces intentamos disfrazar la vida para que todo sea placentero, pensando que así el cerebro va a funcionar. Y no. Funciona cuando crees que vas a recibir ese placer, no cuando lo recibes.

Por eso te dicen "haz una lista de tareas", te pones a hacerla y te enfocas de maravilla: en tu cabeza estás anticipando el resultado. Se libera la dopamina por ese placer anticipado. Y por eso mismo el scroll infinito de TikTok o los Reels engancha tanto: no por lo que estás viendo ahora, sino por la anticipación de que lo siguiente sea mejor.

El problema es que nuestro sistema dopaminérgico está mal calibrado. Necesita estímulos más intensos o más novedosos para activarse. Piensa en la dopamina como la gasolina que tu cerebro necesita para arrancar.

¿Por qué entras en hiperfoco y luego te desplomas?

Cuando encuentras algo que te da esa novedad o ese estímulo intenso (un videojuego, por ejemplo), el sistema dopaminérgico se llena, te inunda el cerebro y entras en hiperfoco a lo bestia. El hiperfoco no es otra cosa que eso.

Pero cuando el estímulo desaparece, el hiperfoco no baja poco a poco. Se corta de raíz. Dejas de funcionar, y el cuerpo sin dopamina no sabe cómo seguir. De ahí ese bajón inmenso de "hace diez minutos estaba a tope y ahora soy un escombro".

Y si de repente aparece otro estímulo, vuelves a llenar el depósito, entras otra vez en hiperfoco y te cunde como nunca. Es como entrar en el casino. Suena interesante cuando lo entiendes, pero vivir así es agotador. Al menos explica por qué los TDA podemos ser tremendos escombros o altamente productivos.

La clave no es forzar la consistencia ni intentar estar siempre en ese estado. Es diseñar tu vida para aprovechar las cimas, esos momentos en los que estás a tope, y protegerte para no hundirte cuando lleguen los valles.

Cuatro formas de usar el interruptor a tu favor

Para no dejarte con la teoría a medias, aquí van cuatro maneras de usar todo esto.

1. Urgencia artificial. Cuando un plazo está a punto de vencer, recibimos un estímulo muy fuerte. Es tan intenso que el sistema dopaminérgico se enciende, y por eso nos ponemos en el último momento y sacamos lo que parecía imposible. Puedes provocarlo tú: ponte plazos más cortos, engáñate pensando que tienes que acabar algo antes de lo que toca.

2. Novedad forzada. Cambia el estímulo a propósito. A mucha gente le va bien irse a una cafetería o a otro sitio a trabajar, porque el cambio de entorno le inunda de novedad. O algo tan simple como cambiar la música. Aparece algo nuevo y vuelves a funcionar.

3. Ejercicio. La más obvia y la más infravalorada, pero la que mejor funciona. Te lo digo por experiencia: he adelgazado 50 kilos y lo sigo haciendo con calma, sin prisa. No te hablo de largas sesiones. A mí me funciona la alta intensidad y muy rápida. Si noto que no arranco, me tiro al suelo y hago cuatro burpees. O salgo, hago un sprint hasta el final de la calle y vuelvo. O subo y bajo las escaleras del rellano lo más rápido que puedo. Ese esfuerzo bestia en poco tiempo me activa del todo. Y no es solo dopamina: también se segregan otros neurotransmisores como la noradrenalina. Si necesitas un chute rápido para funcionar, esta es probablemente la mejor.

4. Fragmenta la tarea. Muchas veces la tarea da asco porque el cerebro la ve imposible de atacar: demasiado grande, demasiado incierta. A veces basta con dividirla en trozos más pequeños hasta que deje de dar asco. Pero no te pases: hay quien salta de dos tareas enormes a una lista de 837 microtareas, y entonces vuelve a dar asco porque es demasiado. Encuentra el punto medio. Sentido común.

Si quieres seguir tirando del hilo, aquí te dejo por qué tu cerebro parece que no produce dopamina y no es que seas vago, un truco para concentrarte combinando dos tareas y más ideas para el día a día en la guía de IA para el día a día.

Esto salió de una pregunta que me hicieron en la sección "Pregúntale a Rubén" de mi web. Si sospechas que tienes TDA, tienes un test gratuito para hacértelo: no es un diagnóstico clínico, pero te dice si tienes altas probabilidades. Y si es así, ve a un especialista. Nadie mejor que él para ayudarte.

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