Tu tarifa refleja tu autoestima, no tu valor real

Cobras poco porque no crees que lo vales. Tu tarifa no la decide el mercado, la decide tu cabeza. Y con TDAH, esa cabeza te miente mucho.

Cuando me preguntan cómo pongo mis precios, miento.

Digo cosas como "analizo el mercado", "calculo el valor percibido", "hago una matriz de competencia". Suena profesional. Suena a que sé lo que hago.

La verdad es que durante los primeros 3 años de emprender, mis precios los ponía mi miedo. No el mercado. No el valor. No una estrategia. Mi miedo. Ese que te dice "si cobras más de X, nadie te va a comprar y vas a acabar solo delante de un Mercadona vacío a las 7 de la mañana".

Y con TDAH, el miedo tiene amplificador.

¿Por qué los emprendedores con TDAH cobramos menos?

Hay una conexión directa entre autoestima y tarifa que nadie te explica cuando montas un negocio.

Tu cerebro TDAH lleva años escuchando cosas. "Eres vago." "Si quisieras, podrías." "Tienes mucho potencial pero no lo aprovechas." Y eso deja marca. No una marca visible, sino un programa de fondo que se ejecuta cada vez que tienes que ponerle un número a lo que haces.

Abres el formulario de precios. Escribes un número. Lo miras. Y tu cerebro dice: "¿Tú? ¿Eso? No me hagas reír."

Y borras. Y pones un número más bajo. Y otro más bajo. Hasta que llegas a algo que no te da vergüenza. Que no significa que sea justo. Significa que es lo máximo que tu autoestima puede sostener en ese momento.

El test de la vergüenza

Hice una prueba hace un par de años. Cogí mi precio, lo dupliqué, y lo dije en voz alta delante del espejo.

"Esta consultoría vale 400 euros."

Me dio vergüenza. Literal. Se me subieron los colores. Solo. En mi casa. Delante de un espejo. Sin nadie mirándome.

Eso me dijo todo lo que necesitaba saber. No era un problema de mercado. Era un problema de espejo.

Porque mira, el mercado no te dice cuánto vales tú. El mercado te dice cuánto está dispuesta a pagar la gente por resolver un problema. Son cosas distintas. Tu valor como persona no sube ni baja con tu tarifa. Pero tu cerebro TDAH no distingue. Para él, que alguien diga "es muy caro" equivale a "tú no vales".

¿Cómo saber si tu tarifa es miedo o es mercado?

Te doy un test rápido. Tres preguntas:

1. ¿Has subido el precio en los últimos 12 meses? Si no, probablemente sea miedo. 2. ¿Algún cliente te ha dicho "pensaba que eras más caro"? Si sí, tu precio está por debajo. 3. ¿Cuando dices tu precio, lo dices rápido y bajando la voz? Si sí, no te lo crees ni tú.

Yo fallé las tres. Las tres. Y seguía convencido de que mi precio era "el correcto porque así lo decidí".

No lo decidiste tú. Lo decidió la versión de ti que lleva 20 años pensando que no es suficiente.

Lo que cambia cuando subes el precio

No voy a decirte que el día que dupliqué mis precios se solucionó todo. No es así. Subir el precio no arregla tu autoestima. Lo que hace es obligarte a enfrentarte a ella.

Porque cuando cobras más, tienes que justificarlo. No ante el cliente, sino ante ti mismo. Tienes que mirarte y decir "esto vale lo que pido". Y ahí es donde empieza el trabajo real.

Hay mañanas que abro LinkedIn y veo a gente que cobra el doble que yo y parece que saben menos. Y pienso: "¿Por qué yo no puedo cobrar eso?" Y la respuesta no es "porque tu producto es peor". Es "porque tú no te crees que puedas".

Es lo que tiene el síndrome del impostor con 14 productos encima. Los números dicen una cosa, tu cabeza dice otra.

La conversación que nadie tiene

No sé, a mí me habría ayudado mucho que alguien me dijera esto hace 5 años: tu tarifa no es un reflejo de tu valor. Es un reflejo de tu estado emocional en el momento que la pusiste.

Si la pusiste un día que te sentías bien, probablemente sea justa. Si la pusiste un día que tenías el síndrome del impostor hasta las cejas, probablemente sea un 40% más baja de lo que debería.

Y no pasa nada. Se puede cambiar. No hace falta rebranding, ni un nuevo producto, ni una estrategia de pricing de 47 páginas. Hace falta mirarte al espejo, decir el número en voz alta, y no apartar la mirada.

Si te sube el color, ya sabes por dónde empezar.

Porque emprender con TDAH ya es suficientemente difícil como para encima hacerlo cobrando la mitad.

¿Cuánto dinero estás dejando en la mesa por culpa de tu TDAH? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos. Sin vergüenza.

Relacionado

Sigue leyendo