El storytelling que aburre y por qué el tuyo probablemente entra en esa categoria
Todos hablan de storytelling pero nadie te dice cuándo tu historia aburre. Aquí está la lista de señales y cómo solucionarlo sin ponerte a escribir una.
Te han dicho que cuentes historias. Que el storytelling conecta. Que la narrativa vende. Te lo han repetido en cada curso de marketing, en cada post de LinkedIn de alguien con traje y micrófono de corbata.
Y lo has intentado. Has contado historias. Y no ha funcionado como esperabas. No porque el storytelling no funcione. Sino porque hay una versión del storytelling que aburre profundamente. Y es la versión que la mayoría de emprendedores practica sin darse cuenta.
No es tu culpa. Nadie te ha explicado cuándo una historia funciona y cuándo solo ocupa espacio.
¿Qué hace que una historia aburra?
El storytelling que aburre tiene características muy reconocibles.
Empieza con contexto innecesario. "Corría el año 2019. Yo estaba en un momento de mi vida en el que me cuestionaba todo. Llevaba tres años trabajando en una empresa que no me llenaba y sentía que necesitaba un cambio." Cuatro frases de setup y todavía no ha pasado nada. La gente ya ha salido de la página.
El storytelling que aburre también confunde extensión con profundidad. Piensa que más detalles equivalen a más conexión emocional. No. Los detalles innecesarios son ruido. El cerebro los filtra. Lo que genera conexión emocional es precisión, no cantidad.
Y luego está el problema de la moraleja explícita. El storytelling que aburre te cuenta la historia y después te explica lo que significa, por si no lo habías captado. "Y de eso aprendí que lo más importante es nunca rendirse." La persona que escribe eso no confía en que el lector pueda sacar sus propias conclusiones. Y esa falta de confianza se transmite. El lector lo siente y le irrita.
La trampa del "journey" emprendedor
Hay un tipo específico de storytelling que ha infectado el mundo del emprendimiento y que es especialmente aburrido. El "journey". La historia del viaje del héroe aplicada a "cómo monté mi negocio".
Tuve una crisis. Me di cuenta de que necesitaba algo más. Di el salto. Al principio fue duro. Luego encontré mi camino. Ahora ayudo a otros a hacer lo mismo.
La estructura es tan predecible que ya no genera ninguna emoción. La has visto en mil versiones. Tu cerebro la completa automáticamente antes de terminar de leerla. Y cuando algo es predecible, es invisible.
No digo que no cuentes tu historia de emprendimiento. Digo que si la cuentas así, la estás malgastando.
¿Cuándo una historia sí funciona?
Cuando empieza por la tensión, no por el contexto. El contexto viene después, si acaso. Primero el momento de máxima incomodidad. Primero la frase que hace que alguien piense "eso me ha pasado a mí".
Cuando tiene un detalle concreto que ancla la emoción. No "era un momento difícil". Sino "eran las once de la noche, tenía 37 euros en la cuenta y un cliente me había cancelado por WhatsApp con un emoji de corazón". Un detalle específico. No diez detalles genéricos.
Cuando no te explica lo que tienes que sentir. Te da los elementos y se aparta. La emoción la pone el lector, no el escritor. Cuando el escritor la pone, el lector no la siente. Es un mecanismo extraño, pero funciona así.
Y cuando tiene una conexión directa con algo que importa al que lee. No una conexión que tú explicas. Una conexión que el lector hace solo porque reconoce algo de su propia experiencia en lo que describes.
Por qué el TDAH complica el storytelling
Con TDAH, el storytelling tiene un problema específico. La historia que tienes en la cabeza es perfecta. Tiene ritmo, tiene detalle, tiene emoción. Pero en el proceso de sacarla, algo se pierde.
O te vas por las ramas en los detalles irrelevantes porque son los que más te interesan a ti. O la aceleras tanto en la transcripción que te saltas las partes que generan emoción. O la revisas tantas veces que la desinfectas de todo lo espontáneo y queda un texto clínico que no le interesa a nadie.
El mejor storytelling con TDAH suele salir de los primeros borradores, no de las decimoterceras revisiones. La primera versión tiene la energía. Las revisiones deben preservar esa energía, no reemplazarla con corrección.
Una historia corta y viva vale diez veces más que una larga y muerta. Y con TDAH, la historia corta también es más fácil de terminar, lo que ya es una ventaja en sí misma.
Si quieres entender por qué emprender con TDAH implica este tipo de fricciones en comunicación, la respuesta siempre vuelve al mismo sitio: un cerebro que procesa distinto también comunica distinto. No peor. Distinto.
Y distinto puede ser exactamente la ventaja que necesitas, si aprendes a usarlo en vez de intentar corregirlo.
Es una de esas lecciones que aprendes sin querer.
Pero primero tienes que dejar de contar historias de cuatro párrafos de contexto donde no pasa nada. Ese es el primer paso.¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.
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