La soledad del emprendedor que nadie ve en Instagram

Publicas tu lanzamiento, la gente te felicita y tú estás solo en tu escritorio a las 2AM sin nadie con quien celebrar.

Has lanzado algo. Ha ido bien. Los números son buenos. La gente te escribe. "Enhorabuena." "Crack." "Qué inspirador."

Cierras el portátil. Son las 2 de la mañana. Tu piso está en silencio. No hay nadie con quien chocar los cinco. No hay nadie que abra una cerveza contigo y diga "lo has petado, tío". No hay compañeros de trabajo que te palmeen la espalda mañana en la oficina.

Hay tú. Tu escritorio. Y el silencio.

Y en ese silencio, algo raro: el éxito se siente exactamente igual que el fracaso. Vacío.

La versión de Instagram vs. la versión real

En Instagram el emprendimiento es libertad. Trabajar desde Bali. Cafés con portátil. Gráficas que suben. Capturas de Stripe con números gordos. Sonrisas. Éxito. Abundancia.

La versión real es otra.

La versión real es comer solo la mayoría de días. Es no tener con quién hablar de tu trabajo porque nadie entiende lo que haces. Es que tus amigos del cole tengan horarios de oficina y queden a las 7 de la tarde mientras tú estás terminando algo que debería haber estado listo a las 3. Es que tu teléfono suene mucho con notificaciones de clientes y poco con llamadas de gente que te quiera preguntar cómo estás.

No soy el primero que lo dice. Pero sí quiero ser honesto sobre cómo se siente.

Se siente como estar en una isla. Una isla bonita, que tú has construido, de la que estás orgulloso. Pero una isla.

¿Es TDAH o es emprendimiento? Spoiler: son los dos.

El emprendimiento ya aísla de por sí. Pero con TDAH, la soledad tiene una capa extra.

Porque el TDAH afecta a las relaciones. La impulsividad hace que digas cosas que no deberías. La falta de atención hace que te olvides de contestar mensajes durante días. El hiperfoco hace que desaparezcas del mapa cuando estás metido en un proyecto. Y la inconsistencia hace que seas el amigo que cancela planes a última hora porque "ha surgido algo" (el "algo" es que tu cerebro ha decidido que hoy no puede socializar).

Resultado: tu círculo se va encogiendo. No porque la gente se enfade. Sino porque dejas de estar disponible. Y con el tiempo, dejan de llamarte. No por maldad, sino porque aprenden que probablemente no vas a contestar.

Y un día te das cuenta de que llevas dos semanas sin hablar con alguien que no sea un cliente o un seguidor. Que tu interacción social se ha reducido a DMs, comentarios de YouTube, y emails transaccionales.

Eso no es socializar. Eso es comunicarte. Que no es lo mismo.

La trampa de la conexión digital

"Pero si tienes una comunidad." "Tienes seguidores que te quieren." "La gente te escribe todos los días."

Sí. Y es genial. De verdad. No lo minimizo.

Pero hay una diferencia entre que alguien te escriba "gran post, Rubén" y que alguien se siente contigo a las 11 de la noche y te diga "oye, ¿cómo estás de verdad?" La primera es validación. La segunda es conexión. Y tu cerebro sabe la diferencia aunque tú intentes convencerte de que son lo mismo.

Las redes crean una ilusión de compañía. Estás rodeado de gente todo el día. Miles de personas ven lo que haces. Pero cuando cierras la pantalla, la habitación sigue vacía.

Y no es que necesites un abrazo cada cinco minutos. Es que la soledad crónica tiene un coste que no se ve en las métricas del negocio. Tomas peores decisiones porque no las consultas con nadie. No tienes perspectiva externa. Tu eco chamber eres tú mismo. Y un emprendedor solo con sus pensamientos a las 3 de la mañana es una fábrica de ideas terribles que parecen geniales.

Lo que hice para dejar de estar solo sin dejar de emprender

Lo primero fue admitirlo. Que no es fácil. Porque admitir que estás solo suena a debilidad, y los emprendedores estamos entrenados para ser invulnerables. "Yo estoy bien." "Yo puedo solo." "Yo no necesito a nadie." Ya. Pues resulta que sí. Que necesitas gente. Que todo el mundo necesita gente.

Lo segundo fue buscar a los míos. Y los míos no son mi familia (que me quieren pero no entienden lo que hago) ni mis seguidores (que me apoyan pero no me conocen). Los míos son otros emprendedores. Gente que sabe lo que es un lunes con cero ventas. Gente que sabe lo que es un viernes a las 10 de la noche todavía trabajando. Gente que no necesita que les expliques por qué no puedes quedar a las 7 de la tarde un martes.

Los encontré en comunidades, en eventos, en cafés virtuales. No fue natural. Fue incómodo. Pero fue necesario.

Lo tercero, y esto es lo importante: dejé de usar el trabajo como sustituto de la conexión humana. Porque eso es lo que hacemos. Nos sentimos solos, nos ponemos a trabajar, y la dopamina del trabajo tapa la soledad durante un rato. Hasta que paras y vuelve.

Emprender con TDAH

Y mirar a alguien que no sea una pantalla.

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