Ves el éxito de otros y te preguntas qué estás haciendo mal

Abres LinkedIn, ves que alguien de 24 factura más que tú y te preguntas qué haces mal. El problema no es tu negocio. Es lo que miras.

Abres LinkedIn a las 8 de la mañana. Primer post: un tío de 24 años que factura 200k al año. Segundo post: una tía que dejó su trabajo hace 6 meses y ya vive de su negocio. Tercer post: alguien que ha lanzado su tercer producto este trimestre.

Y tú, que llevas 3 años con tu negocio y sigues peleando por llegar a los 3k mensuales, cierras LinkedIn con una sensación en el estómago que es una mezcla entre rabia y tristeza que no sabes ni nombrar.

¿Qué estoy haciendo mal?

Te lo dices cada mañana. A veces en voz alta. A veces en ese monólogo interior que no para. ¿Qué hago mal? ¿Por qué a ellos les funciona y a mí no? ¿Soy yo? ¿Es mi producto? ¿Es que no trabajo suficiente?

La comparación es información incompleta con sentimiento completo

Mira, lo que ves en LinkedIn es un highlight reel. Y lo sabes. Intelectualmente, lo sabes. Sabes que nadie publica su peor día. Nadie publica que canceló 3 reuniones porque no podía ni levantarse. Nadie publica que lleva 2 meses sin pagar la autónoma.

Pero saberlo no ayuda. Porque tu cerebro no procesa esa información con lógica. La procesa con emoción. Y la emoción dice: ese tío tiene éxito y tú no. Punto. No hay matices. No hay contexto. No hay "pero es que él tenía contactos, inversión y un padre con una empresa". Solo hay un hecho emocional: él arriba, tú abajo.

Y con TDAH esto se multiplica por mil. Porque tu cerebro ya tiene un sesgo natural hacia la autocrítica. Ya te dice que no eres suficiente sin necesidad de que LinkedIn le eche gasolina. Pero LinkedIn le echa gasolina. Todos los días. A las 8 de la mañana. Con el café.

No estás haciendo nada mal (probablemente)

Te voy a decir algo que nadie te dice porque no queda bien en un reel motivacional: la mayoría de los negocios tardan tiempo. Mucho tiempo. Años. Y no es porque estés haciendo algo mal. Es porque así funciona.

El tío de 24 que factura 200k probablemente lleva desde los 17 probando cosas. O tiene un padre que le financió. O tuvo un golpe de suerte con un vídeo viral. O simplemente tiene un nicho que paga mucho y llegó en el momento justo. Nada de eso tiene que ver contigo.

Pero tú, a las 8 de la mañana con tu café, no piensas en eso. Piensas en que tú llevas 3 años y no facturas ni la mitad. Y te sientes un fraude. Un impostor con 14 productos que no acaban de arrancar.

Y ese sentimiento te paraliza. Porque en vez de hacer la siguiente tarea, te quedas rumiando. Dándole vueltas. Buscando el fallo. Y como no lo encuentras (porque probablemente no hay un fallo gordo, solo falta de tiempo y consistencia), te frustras más. Y la frustración te lleva a hacer menos. Y hacer menos te lleva a compararte más. Y el ciclo sigue.

Lo que aprendí cuando dejé de mirar a los lados

Hace cosa de un año tomé una decisión radical: dejé de seguir a todo emprendedor en LinkedIn que publicara resultados económicos. Unfollow masivo. No por envidia (bueno, un poco sí). Sino porque me di cuenta de que cada vez que veía esos posts me pasaba el resto del día en modo "¿qué estoy haciendo mal?" en vez de en modo "voy a hacer algo".

Las primeras semanas fueron raras. Mi feed se quedó vacío de esos posts inspiracionales de "empecé con nada y ahora facturo 6 cifras". Y en su lugar empecé a ver cosas más normales. Gente compartiendo dudas. Gente preguntando cosas. Gente siendo honesta sobre lo difícil que es esto.

Y sabes qué, mi productividad subió. No porque LinkedIn sea mágico. Sino porque dejé de empezar cada mañana con un puñetazo emocional en la cara.

Tu línea de meta no es la misma que la suya

Esto es lo que nadie te enseña sobre emprender: cada negocio tiene su ritmo. Y comparar tu ritmo con el de otro es como comparar tu maratón con la de alguien que corre en llano mientras tú corres cuesta arriba con una mochila de 20 kilos. Los dos corren. Pero no es la misma carrera.

Si tienes TDAH, tu mochila pesa más. No es excusa. Es realidad. Tu cerebro te complica la planificación, la constancia, las decisiones a largo plazo. Todo lo que un negocio necesita, tu cerebro lo hace más difícil. Así que compararte con alguien que no tiene esa mochila es, como mínimo, injusto. Y como máximo, destructivo.

Qué hacer cuando el gusano de la comparación aparece

No te voy a decir "no te compares" porque es imposible. Tu cerebro se compara automáticamente. Es como decirle a alguien con insomnio "pues duerme". Gracias, no se me había ocurrido.

Lo que sí puedes hacer es compararte con tu yo de hace un año. ¿Sabes más? ¿Produces más? ¿Cobras mejor? ¿Tienes más claro qué quieres? Si la respuesta a alguna de esas es sí, estás avanzando. Aunque el de al lado vaya más rápido.

Y si la respuesta es no, tampoco pasa nada. Porque un año es un periodo cortísimo para un negocio. Corto de verdad. Yo tardé 4 años en saber qué demonios estaba haciendo. Cuatro. Y ahora, mirando atrás, esos 4 años fueron necesarios. Todos.

Cierra LinkedIn. Abre tu proyecto. Haz una cosa hoy. Solo una. Y mañana otra.

Esa es la única comparación que importa: hoy vs ayer. Todo lo demás es ruido con foto de perfil bonita.

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