Siento que todo es urgente aunque objetivamente no lo sea

Tu cerebro trata un email como una emergencia y una emergencia como un email. Todo urgente, todo ya, todo a la vez. Y no puedes pararlo.

Estoy trabajando. Suena una notificación. Un email. Nada importante. Una newsletter. Pero mi cerebro ya activó el modo emergencia. "Ábrelo. Ahora. Podría ser importante. No, ES importante. ÁBRELO."

Y lo abro. Y es una newsletter de una tienda de ropa que me ofrece un 20% de descuento. Y mi cerebro se queda ahí, con toda la adrenalina activada, sin saber qué hacer con ella. Porque la emergencia no era real. Pero la reacción sí lo fue.

Y esto me pasa con todo. Con los emails. Con los mensajes. Con las tareas pendientes. Con los plazos que son para dentro de tres semanas pero que mi cerebro trata como si fueran para dentro de tres minutos.

Todo es urgente. Todo es ahora. Todo tiene que hacerse ya. Y como todo es urgente, nada es urgente de verdad. Y me quedo paralizado, con 15 cosas que hacer y sin saber por dónde empezar porque todas me gritan al mismo nivel.

¿Por qué mi cerebro no distingue lo urgente de lo que no lo es?

Porque tu cerebro no tiene un sistema de prioridades que funcione bien. Lo tiene. Pero está estropeado.

Un cerebro con buen sistema de prioridades hace esto: llega un estímulo, lo evalúa, le asigna un nivel de urgencia, y responde proporcionalmente. Email de trabajo importante: urgencia media, responder en unas horas. Newsletter de descuento: urgencia cero, ignorar.

Tu cerebro hace esto: llega un estímulo. Cualquiera. Y le asigna urgencia máxima. Todos. Siempre. Sin filtro. Sin escala. Todo al 10.

Es como tener una alarma de incendios que suena igual con un incendio real que con una tostada quemada. Técnicamente está funcionando - detecta humo. Pero la respuesta es desproporcionada para el estímulo. Y lo peor es que al final dejas de distinguir qué es fuego real y qué es una tostada. Porque todo suena igual.

Y esto conecta con las decisiones impulsivas. Porque cuando todo parece urgente, reaccionas a todo como si fuera urgente. Y reaccionar a todo es lo mismo que actuar sin pensar. Respondes el email en 3 segundos sin pensarlo. Aceptas el compromiso sin evaluar si puedes. Compras lo del 20% de descuento porque "es urgente, se acaba hoy".

¿Es ansiedad o es otra cosa?

Buena pregunta. Porque parece ansiedad. Y parte lo es. Pero no es solo ansiedad.

La ansiedad pura es preocupación por el futuro. "¿Y si pasa algo malo?" Lo mío no es eso. Lo mío es que todo lo que llega al presente se siente como una emergencia. No me preocupo por el futuro. Me agobio por el ahora. Por cada cosa que entra en mi campo de atención, que inmediatamente se convierte en lo más importante del universo hasta que otra cosa la reemplaza 30 segundos después.

Es una mezcla de dos cosas: un cerebro que no filtra la urgencia de los estímulos y un regulador emocional que no funciona. Porque la urgencia no es un pensamiento. Es una emoción. Y si tu cerebro no regula emociones, tampoco regula la sensación de urgencia.

¿Cómo dejo de sentir que todo es una emergencia?

Lo primero: la regla de las 24 horas. Si algo me genera urgencia, espero 24 horas antes de actuar. Si después de 24 horas sigue pareciendo urgente, entonces sí lo es. Si no, era mi cerebro siendo dramático. Este truco me ha ahorrado decenas de emails impulsivos, compras innecesarias y compromisos que no quería.

Lo segundo: escribir las "emergencias". Cuando mi cerebro me dice que algo es urgente, lo apunto en una lista. No lo hago. Lo apunto. Y al final del día miro la lista. Normalmente el 90% de las cosas ya no me parecen urgentes. Porque nunca lo fueron. Era la emoción del momento.

Lo tercero: apagar notificaciones. Esto parece básico pero para mí fue revolucionario. Cada notificación es un estímulo. Cada estímulo activa la urgencia. Menos estímulos, menos falsas alarmas. Mi teléfono no suena excepto para llamadas. Todo lo demás lo veo cuando yo decido verlo, no cuando el teléfono decide interrumpirme.

Lo cuarto: aceptar que me va a pasar siempre. No se cura. Se gestiona. Mi cerebro va a seguir tratando las newsletters como emergencias. La diferencia es que ahora lo sé. Y saber que es mi cerebro siendo dramático me permite no obedecer al impulso.

Ahora bien, si la urgencia constante te domina la vida, si no puedes soltar lo que te molesta, si sientes que todo te cuesta más que a los demás, hablar con un profesional puede ser el mejor paso. Porque detrás de "todo es urgente" muchas veces hay algo que tiene nombre y que se puede trabajar.

---

Si tu cerebro trata todo como una emergencia y quieres entender por qué, tengo un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención y tu regulación emocional. Gratis, sin diagnóstico, y con pistas que valen la pena. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo