Ser fotógrafo con TDAH: el encuadre perfecto que tu cerebro casi pierde
Ves el momento perfecto, levantas la cámara y tu cerebro se fija en una nube. Ser fotógrafo con TDAH es una pelea constante contra el instante.
Ves el momento perfecto. La luz cae justo como tiene que caer. Levantas la cámara. Y tu cerebro decide fijarse en una nube que pasa por detrás. O en el cartel de una cafetería. O en que no has contestado un email de hace tres días.
Ser fotógrafo con TDAH es capturar instantes cuando tu atención dura menos que un disparo.
Lo digo en serio. Tienes un ojo brutal para el detalle. Ves composiciones que otros ni registran. Pero también ves la matrícula del coche que pasa, y la textura de la pared, y que ese señor lleva los mismos zapatos que tu padre. Todo a la vez. Todo al mismo nivel de importancia. Y mientras tu cerebro procesa todo eso, el momento se ha ido.
¿Cómo trabaja un fotógrafo con TDAH sin perder el momento?
No con disciplina. Eso te lo digo ya.
El consejo clásico es "concéntrate más". Como si no se te hubiera ocurrido. Como si pudieras apretar un botón y tu cerebro dejara de saltar de estímulo en estímulo como un gorrión borracho.
Lo que funciona de verdad es entender cómo funciona tu cabeza y trabajar a favor, no en contra.
Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina
El problema no es la sesión de fotos. El problema es todo lo demás.
¿Por qué editar fotos con TDAH es un infierno?
Porque la edición es la parte aburrida. Y tu cerebro con TDAH no hace aburrido.
Sales de una sesión con 400 fotos. Estás eufórico. Has pillado cosas que ni esperabas. Te sientas a editar y... abres Lightroom. Importas. Empiezas a seleccionar. Las primeras 20 van bien. En la 21 miras el móvil. En la 35 ya estás buscando un nuevo preset. En la 50 has abierto YouTube "solo para poner algo de fondo". A la hora tienes 12 fotos editadas y un documental sobre tiburones a medias.
Y así una semana. Y otra. Y el cliente esperando.
No es que seas mal fotógrafo. No es que seas vago. Es que tu cerebro necesita estímulo para funcionar, y seleccionar entre 400 fotos casi idénticas de alguien sonriendo no es exactamente un estímulo nuevo.
La parte que nadie te cuenta: el caos administrativo
Facturas. Presupuestos. Responder emails. Cuadrar agenda. Cobrar lo pendiente.
Si la edición es un infierno, la parte administrativa es el infierno con lista de espera. Porque al menos editando estás haciendo algo creativo. Pero mandar un presupuesto a las tres semanas porque "se me pasó" no tiene nada de creativo. Solo tiene de frustrante.
He visto fotógrafos con un talento que da miedo y un desorden organizativo que da más miedo todavía. Tardan semanas en entregar. Pierden archivos. Se olvidan de cobrar. Literalmente, se olvidan de cobrar. Y no porque no quieran dinero, sino porque su cerebro archivó esa tarea en la carpeta de "luego" y luego nunca llega.
Aquí es donde las adaptaciones laborales con TDAH dejan de ser un lujo y se convierten en supervivencia. Automatizar lo que puedas. Plantillas de presupuesto. Recordatorios para cobrar. Un sistema que no dependa de tu memoria, porque tu memoria es un compañero de piso que a veces se va de viaje sin avisar.
¿Y las ventajas? Porque las hay
Vamos a hablar de lo bueno. Que no todo va a ser drama.
Un cerebro con TDAH ve el mundo diferente. Literalmente. Procesa estímulos visuales de una forma que un cerebro neurotípico no hace. Ves patrones donde otros ven ruido. Ves la foto antes de hacerla. Esa capacidad de conectar cosas que aparentemente no tienen relación es lo que separa una foto técnicamente correcta de una foto que te para en seco.
La hiperfocalización. Esa cosa que te hace olvidarte de comer durante 6 horas porque estás editando una serie que te tiene enganchado. Cuando la dopamina aparece, no hay quien te pare. Y los resultados son brutales.
La espontaneidad. Mientras otro fotógrafo sigue el plan al milímetro, tú ves algo inesperado y disparas. Y muchas veces, esa foto improvisada es la mejor de toda la sesión.
El problema nunca ha sido tu talento. El problema es que te han enseñado a trabajar como si tu cerebro funcionara igual que el del resto. Y no funciona igual. Funciona diferente. A veces peor para lo rutinario. Casi siempre mejor para lo creativo.
Aprender por tu cuenta siendo fotógrafo y disperso
La mitad de los fotógrafos buenos que conozco son autodidactas. Se han formado a base de YouTube, cursos online, y 45 pestañas abiertas a las 3 de la mañana.
El truco está en dejar de pelearte con eso. En lugar de obligarte a seguir un curso de principio a fin, salta a lo que necesitas ahora. Aprende lo que te pide el siguiente encargo. Tu cerebro aprende mejor cuando hay urgencia y contexto real, no cuando hay un temario lineal con 47 módulos y un certificado al final.
Lo que de verdad necesitas no es más disciplina
Es un sistema que aguante tu forma de funcionar.
Un flujo de trabajo que no dependa de que hoy estés inspirado. Que tenga pocos pasos. Que te dé dopamina en los momentos clave. Que automatice lo aburrido. Que te recuerde lo que tu cerebro va a olvidar.
Porque si montas un sistema que funciona para cerebros neurotípicos, te va a durar dos semanas. Y después vas a pensar que eres tú el que falla. Que no te esfuerzas lo suficiente. Que si otros pueden, por qué tú no.
No eres tú. Es el sistema.
Tu cámara no necesita un fotógrafo con más disciplina. Necesita un fotógrafo que entienda cómo funciona su cabeza y deje de intentar encajar en el molde de otro.
Y eso empieza por entender qué pasa ahí dentro.
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Si te has visto en algo de lo que has leído y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información sobre tu cabeza que buscar "TDAH fotógrafo" en Google a las 2 de la mañana. 10 minutos, gratis, y sin email obligatorio.
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