El método de los 2 minutos con TDAH: el truco que tu cerebro no ve venir
Si tarda menos de 2 minutos, hazlo ahora. Suena simple. Y por eso funciona con TDAH: tu cerebro no tiene tiempo de boicotearlo.
Si tarda menos de 2 minutos, hazlo ahora.
Esa frase me cambió la vida. No porque sea profunda. Porque es lo bastante simple como para que mi cerebro no la boicotee.
Y eso, con TDAH, es casi un milagro.
Porque mi cerebro boicotea todo. Boicotea las tareas de 20 minutos. Las de una hora. Las de una semana. Pero también boicotea contestar un email de tres líneas, colgar una toalla húmeda, o poner la lavadora que literalmente consiste en meter ropa, echar jabón y pulsar un botón.
Tres pasos. Diez segundos. Y a veces no puedo.
Hasta que descubrí que el truco no es obligarme a hacer cosas grandes. Es quitarme de encima las pequeñas antes de que se acumulen.
¿Qué es el método de los 2 minutos?
Es una idea de David Allen, el tío del Getting Things Done. Y dice algo muy básico: si una tarea te va a llevar menos de 2 minutos, no la apuntes, no la planifiques, no la dejes para luego. Hazla ahora.
Así de simple.
El razonamiento original es de productividad pura: apuntar la tarea, organizarla y recordarla luego te va a costar más tiempo y energía mental que hacerla directamente. Pero para un cerebro con TDAH, la cosa va más allá.
Porque nuestro problema no es el tamaño de la tarea. Es la barrera de entrada.
Es esa barrera invisible que te separa de la tarea aunque sepas que es fácil, que son 5 minutos, que no tiene ningún misterio. Tu cerebro monta un muro invisible entre tú y la acción. Y cuanto más tiempo pasa, más alto se hace el muro.
El método de los 2 minutos esquiva ese muro. No le das tiempo a formarse.
¿Por qué funciona especialmente con TDAH?
Porque tu cerebro con TDAH tiene un problema con la activación. No con la ejecución. Una vez que empiezas, muchas veces puedes seguir sin drama. Lo jodido es arrancar.
Y arrancar algo que dura 2 minutos no asusta.
Tu cerebro no tiene tiempo de montar la película entera de "uf, qué pereza, luego lo hago, ahora no me apetece, mejor mañana, mañana seguro que estoy más motivado". No le da tiempo. Antes de que active la maquinaria de evitación, ya has terminado.
Es como colar un gol por la escuadra. Tu portero mental no reacciona lo suficientemente rápido.
Hay otra razón que funciona de escándalo: la dopamina del "hecho". Cada tarea completada, por pequeña que sea, le da a tu cerebro un chute minúsculo de satisfacción. Y un cerebro con TDAH, que funciona con dopamina en vez de disciplina, necesita esos chutes como el aire.
Tres tareas de 2 minutos completadas y tu cerebro ya está en marcha. Ya tiene inercia. Ya no estás en punto muerto. Estás rodando.
El efecto bola de nieve inverso
Aquí viene lo que nadie te cuenta sobre las tareas pequeñas.
Cuando no las haces, se acumulan. Y la acumulación es lo que te destruye. No es la toalla sin colgar. Es la toalla, más el email sin contestar, más la cita sin pedir, más la factura sin pagar, más el mensaje sin responder. Cada una por separado es ridícula. Juntas son una montaña que te paraliza.
Tu cerebro ve la montaña, no las piezas. Ve 47 cosas pendientes y se apaga. No distingue entre "llamar para pedir cita" y "reorganizar toda mi vida". Todo le parece igual de imposible.
El método de los 2 minutos funciona porque evita que la montaña se forme. Cada tarea pequeña que haces al momento es una piedra menos en la pila. Y sin pila, no hay parálisis.
Es prevención, no cura.
La trampa: no todo dura 2 minutos
Ojo. Aquí está el matiz importante.
Tu cerebro con TDAH es un mentiroso profesional con los tiempos. Te dice "esto son 2 minutos" y una hora después sigues reorganizando el armario que solo ibas a abrir para coger una camiseta.
La regla de los 2 minutos funciona si eres honesto con lo que realmente dura 2 minutos. Y para eso, hay una prueba infalible: si puedes hacerlo de pie, sin sentarte, sin abrir el portátil, sin necesitar concentración profunda, probablemente dura menos de 2 minutos.
Colgar la chaqueta. Tirar un envase al reciclaje. Contestar un "sí" o "no" por WhatsApp. Guardar un plato en el lavavajillas. Poner una alarma. Firmar un papel.
Eso sí.
Contestar un email largo, hacer una llamada, revisar un documento. Eso no son 2 minutos. Tu cerebro te dirá que sí. Miente. Le miento a mi cerebro todos los días y funciona, pero en este caso el que miente es él.
¿Cómo lo aplico yo?
No tengo un sistema sofisticado. De hecho, cuanto más simple, mejor. Mis únicas dos reglas son:
Regla 1: Si estoy de pie y veo algo que puedo hacer en menos de 2 minutos, lo hago. Sin pensar. Sin decidir. Sin "ahora vuelvo y lo hago". Ahora. Porque si me siento, no vuelvo. Si abro el móvil, no vuelvo. Si me distraigo un segundo, no vuelvo.
Regla 2: Si estoy sentado trabajando y me viene una tarea de 2 minutos a la cabeza, la apunto. No la hago. Porque si me levanto, pierdo el foco de lo que estaba haciendo, y recuperar el foco con TDAH es como intentar volver a dormirte después de que alguien encienda la luz. Técnicamente posible. Prácticamente, un infierno.
Esas dos reglas cubren el 90% de las situaciones. De pie, hazlo. Sentado y concentrado, apúntalo para luego.
No es perfecto. Hay días en los que estoy de pie delante de la toalla húmeda, sé que tardaría 3 segundos en colgarla, y mi cerebro dice "luego". Esos días existen. Pero son muchos menos desde que aplico esto.
No es magia. Es inercia.
El método de los 2 minutos no va a solucionar tu TDAH. No va a hacer que de repente seas una persona organizada que nunca olvida nada y siempre tiene la casa perfecta.
Pero va a hacer algo mejor: va a darte pequeñas victorias constantes. Y esas victorias generan inercia. Y la inercia es lo más parecido a la motivación que un cerebro con TDAH puede fabricar de forma fiable.
Porque la motivación no viene antes de actuar. Viene después. Haces algo pequeño, te sientes un poco mejor, y eso te da energía para hacer algo un poco más grande. No al revés. Nunca al revés.
Si llevas días sin poder hacer nada, no intentes hacer algo grande. Haz algo de 2 minutos. Algo ridículo. Algo tan pequeño que te dé vergüenza decir que es un logro.
Y luego haz otro.
Y otro.
Tu cerebro no lo va a ver venir. Y para cuando quiera boicotearte, ya llevas tres cosas hechas y tienes inercia suficiente para que le cueste mucho más frenarte.
Ese es el truco. No es motivación. No es disciplina. Es velocidad. Actuar antes de que tu cerebro tenga tiempo de decir que no.
Si un truco tan simple puede cambiar tu día a día, imagina lo que puedes hacer cuando entiendes cómo funciona tu cerebro de verdad. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos. Sin registro. Para entender por qué tu cabeza funciona así.
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