Sabotaje interno: cuando tu peor enemigo vive dentro de tu cabeza
Estás a punto de lograrlo y te saboteas. No es pereza ni mala suerte. Es tu cerebro con TDAH activando el botón de autodestrucción.
Estás a punto de conseguirlo. Y entonces haces exactamente lo que no deberías.
No es mala suerte. Es tu cerebro con TDAH activando el botón de autodestrucción justo cuando más tienes que perder.
Yo lo viví hace unos meses con un proyecto que llevaba semanas preparando. Todo listo. El trabajo hecho, los detalles pulidos, solo quedaba darle al botón y publicar. ¿Y qué hice? Decidí que era el momento perfecto para reorganizar completamente la estructura de carpetas de mi ordenador. A las once de la noche. Un martes.
Tres horas después tenía un sistema de carpetas impecable y un proyecto sin entregar.
No fue la primera vez. Ni la segunda. Es un patrón que llevo viendo toda mi vida y que tardé años en entender. Porque desde fuera parece pereza, irresponsabilidad, o simplemente que "no te importa lo suficiente". Pero desde dentro es otra cosa. Desde dentro es terror disfrazado de productividad falsa.
¿Por qué te saboteas justo cuando estás a punto de lograrlo?
Porque tu cerebro con TDAH no regula bien la dopamina. Y cuando estás cerca de algo importante, se activan dos cosas a la vez que no deberían activarse juntas.
La primera: la presión del resultado. Algo que importa de verdad, algo con consecuencias reales. Tu cerebro detecta eso como una amenaza, no como una oportunidad.
La segunda: la necesidad de estímulo. Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y cuando la tarea final es simplemente "darle al botón" o "terminar el último detalle", no hay dopamina suficiente para sostener la atención. La tarea es importante pero aburrida. Y para un cerebro con TDAH, aburrido es sinónimo de imposible.
¿El resultado? Tu cabeza busca una salida. Cualquier cosa que genere estímulo inmediato y te aleje de esa presión. Reorganizar carpetas. Investigar un tema nuevo. Contestar emails que llevan dos semanas sin abrir. Cosas que parecen productivas pero que son el disfraz perfecto para la huida.
No estás siendo vago. Estás siendo secuestrado por un cerebro que no sabe gestionar la proximidad del éxito.
¿Y si el problema no es que no quieras triunfar?
Hay una teoría que me voló la cabeza cuando la leí. Se llama "miedo al éxito" y suena a frase de libro de autoayuda barato, lo sé. Pero escucha.
Cuando llevas toda la vida fallando en cosas que "deberían" ser fáciles, tu cerebro aprende algo muy concreto: que tú no eres de los que terminan cosas. Que tú no eres de los que llegan al final. Esa identidad se graba a fuego. Y cuando estás a punto de demostrar lo contrario, tu cerebro entra en conflicto.
Porque si lo consigues, ¿qué pasa con todo lo que creías sobre ti?
Es como si tu cerebro dijera: "Espera, espera. Nosotros no hacemos esto. Nosotros la cagamos en el último momento. Eso es lo nuestro."
Y entonces saboteas. No porque seas masoquista. Sino porque cumplir lo que te propones contradice la historia que llevas años contándote. La culpa de no ser normal se convierte en profecía autocumplida.
¿Cómo se ve el autosabotaje en el día a día?
Porque no siempre es tan obvio como reorganizar carpetas a las once de la noche. A veces es mucho más sutil.
Es no contestar un email que puede cambiarte la vida profesional. No porque se te olvide, sino porque cada vez que lo ves en la bandeja de entrada, algo dentro de ti dice "luego".
Es empezar seis proyectos y no terminar ninguno. Porque empezar da dopamina. Terminar da miedo.
Es decir que sí a compromisos que sabes que no vas a cumplir. Porque en el momento de decir que sí, tu cerebro está convencido de que esta vez será diferente. Spoiler: no lo es.
Es dejar todo para el último minuto y luego hacerlo en un sprint de tres horas con un café triple y música épica de fondo. Y que salga bien. Pero acabar destrozado. Y pensar "¿por qué no puedo hacer las cosas como la gente normal?".
La respuesta es que tu cerebro no funciona como el de "la gente normal". Y eso no te convierte en peor. Te convierte en alguien que necesita entender sus propias reglas para dejar de jugar con las de otros.
¿Se puede romper el ciclo?
Sí. Pero no con fuerza de voluntad. Eso es como intentar apagar un incendio soplando.
Lo primero es reconocer el patrón. Que cuando te pilles haciendo algo "productivo" justo antes de una deadline importante, pares y te preguntes: "¿Esto es necesario ahora o estoy huyendo?"
Solo eso. Solo la pregunta. Porque el autosabotaje funciona en modo automático. No lo decides. Tu cerebro lo ejecuta sin consultarte. Y el primer paso para desactivarlo es verlo venir.
Lo segundo es reducir la distancia entre tú y la tarea final. Si lo que te bloquea es el último paso, haz que ese paso sea ridículamente pequeño. No "publicar el proyecto". Sino "abrir el documento". Solo abrirlo. Que tu cerebro no tenga excusa para huir porque la tarea es tan pequeña que no activa la alarma.
Y lo tercero, lo más difícil: dejar de castigarte cuando te pilles saboteándote. Porque el castigo refuerza la identidad de "soy el que siempre la caga". Y esa identidad es exactamente lo que alimenta el ciclo.
Hay mucho trabajo invisible que haces y que nadie ve
Esto no es debilidad
El autosabotaje no es un defecto de carácter. Es un mecanismo de un cerebro que no regula bien la dopamina, que tiene miedo al fracaso, que tiene miedo al éxito, y que lleva años funcionando sin manual.
No estás roto. Estás jugando al ajedrez con reglas que nadie te ha explicado. Y aun así, sigues sentándote frente al tablero cada día.
Eso no es debilidad. Eso es cabezonería de la buena.
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