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La productividad invisible del TDAH: todo lo que haces que nadie ve

Las batallas internas que libras antes de las 9AM no aparecen en ningún tablero. Pero existen. La productividad invisible del TDAH y por qué importa.

tdah

Son las 8:47 de la mañana.

Llevas 40 minutos despierto. Todavía no has abierto el portátil. Para alguien de fuera, no has hecho nada.

Para ti, ha sido el sprint más agotador de la semana.

Porque antes de llegar al portátil has tenido que negociar con tu propio cerebro durante casi una hora. Tres alarmas. Una lista mental de todo lo que no puedes olvidar hoy. Un momento de parálisis mirando la agenda. La decisión de si ducharte primero o desayunar primero, que parece trivial pero con TDAH es un callejón sin salida de cinco minutos. Y la pequeña victoria de no quedarte en la cama dándole vueltas a por qué ayer no hiciste lo que ibas a hacer.

Todo eso pasó antes de las 9.

Y nadie lo vio.

¿Por qué la productividad con TDAH es tan difícil de medir?

Porque los sistemas de medición están hechos para cerebros que no son el tuyo.

La productividad neurotípica se mide en outputs visibles. Tareas marcadas. Reuniones atendidas. Proyectos entregados. Hay una línea directa entre esfuerzo y resultado, y esa línea es más o menos constante.

En un cerebro con TDAH, esa línea no existe. O existe, pero no es recta. Es un circuito que pasa por mil sitios antes de llegar a destino. Y gran parte del trabajo que haces ocurre antes de que empiece el trabajo visible.

El cerebro neurotípico abre el portátil y empieza. Tú abres el portátil, te congelas, cierras tres pestañas que no necesitabas abrir, vuelves a la tarea, pierdes el hilo, recuperas el contexto, y entonces, finalmente, empiezas. Ese proceso de diez minutos no aparece en ningún sitio. Pero existió. Y costó batería real.

La lista mental que nadie ve

Hay una lista que llevas siempre encima y que nunca escribes porque no cabe en papel.

Está el recordatorio de llamar al médico que llevas aplazando tres semanas. La factura que hay que pagar antes del día 20. La conversación con ese amigo que quedó rara y a la que no has dado una vuelta completa todavía. La reunión de esta tarde, para la que no sabes si tienes todo preparado. El miedo de fondo de estar olvidando algo importante sin saber qué es.

Todo eso ocupa espacio cognitivo todo el rato. No puedes apagarlo. No tiene botón de pausa. Y mientras tú intentas concentrarte en lo que toca, esa lista sigue ahí, consumiendo RAM en segundo plano.

Un cerebro sin TDAH puede cerrar esas ventanas. Las pone en algún cajón mental y las olvida hasta que toca. El tuyo no puede. El tuyo las tiene todas abiertas, parpadeando, a la vez.

Trabajar con eso encima no es trabajar igual con un obstáculo. Es trabajar con una carga que los demás no cargan. Y el esfuerzo de ignorarla, o de gestionarla mientras haces lo otro, eso no lo ve nadie.

Las pequeñas victorias que no cuentan como victorias

Hoy pusiste tres alarmas para no llegar tarde. Y no llegaste tarde.

Para alguien sin TDAH, llegar puntual no es un logro. Es el mínimo. Para ti, fue una operación logística que incluía cálculo de tiempos, anticipación de los puntos donde sueles despistar, y la decisión activa de preparar la mochila la noche anterior porque sabes que por la mañana no vas a poder.

Lo conseguiste. Pero nadie va a darte una medalla por eso. Ni tú mismo vas a anotarlo como un éxito del día. Porque desde fuera es simplemente llegar puntual.

Eso tiene un coste enorme para la autoestima a largo plazo. Cuando nunca puedes ver tu propio esfuerzo como logro porque el baremo con el que te comparas es el de gente que hace lo mismo sin esfuerzo, acabas convencido de que eres peor. Más lento. Menos capaz.

Cuando en realidad estás haciendo el doble de trabajo para llegar al mismo sitio.

El agotamiento que no se explica solo

Hay una cosa que la gente con TDAH conoce bien y que es muy difícil de explicar.

Puedes tener un día en el que objetivamente no has hecho casi nada y llegar a la noche completamente destrozado. Como si hubieras corrido una maratón. Sin saber muy bien por qué.

Pero es que sí que has hecho cosas. Solo que no las cuentan. Has gestionado la ansiedad de anticipación durante horas. Has forzado la atención en cinco momentos en los que se escapaba. Has tomado micro-decisiones que para ti son agotadoras. Has mantenido la fachada en una reunión en la que por dentro estabas completamente ido.

El agotamiento de fingir que funciona tu cerebro como el de los demás

Ese esfuerzo existe aunque no lo veas. Aunque los demás no lo vean. Aunque tú mismo no sepas ponerle nombre.

El autosabotaje que evitaste y que tampoco cuenta

Esto es quizá lo más invisible de todo.

Hoy ibas a mandarte a tomar viento y cancelar la reunión. Y no lo hiciste.

Hoy ibas a dejarlo todo para mañana, otra vez. Y en algún momento te pillaste a ti mismo antes de que pasara y lo reconduiste.

Hoy el bucle de pensamiento estuvo a punto de comerte durante media hora y lo cortaste. No perfectamente. No sin coste. Pero lo cortaste.

Nada de eso aparece en ningún lado. No hay métrica para el autosabotaje evitado. No hay casilla que marcar cuando consigues no ceder al impulso que llevas años cediendo. Pero ocurrió. Y fue trabajo real.

Cuando el masking y la gestión interna se convierten en tu modo por defecto

¿Y entonces qué? ¿Cómo se mide la productividad real?

No te voy a vender un sistema nuevo. Hay suficientes sistemas de productividad en internet como para llenar una biblioteca.

Lo que sí creo es que hay algo que necesitas cambiar antes del sistema: el baremo.

Si te mides contra alguien que hace las mismas cosas con la mitad de fricción, siempre vas a salir perdiendo. No porque seas peor. Sino porque la comparación es falsa desde el principio. Es como medir quién nada más rápido sin contar que uno va en traje de baño y el otro lleva una mochila de 15 kilos.

La productividad invisible existe. Los 40 minutos antes de las 9 de la mañana existen. La lista mental existe. El autosabotaje evitado existe. El agotamiento de gestionar todo eso existe.

Que no se vea no significa que no cuente.

Significa que tu cerebro está trabajando en sitios donde los sistemas de medición no llegan. Y eso no es un fallo tuyo. Es un fallo del sistema de medición.

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Si cada vez que parece que no has hecho nada del día sabes perfectamente que no es verdad, quizá vale la pena entender por qué tu cerebro funciona así. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para empezar a poner nombre a lo que llevas años cargando.

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