Mis rutinas de autocuidado no duran nada: cremas, vitaminas, ejercicio
Empiezas con cremas, vitaminas y ejercicio. A las dos semanas ya no queda ni el bote. Si tu autocuidado siempre muere joven, hay una explicación.
Compré cremas. Vitaminas. Un bote de omega-3 que costaba lo que una cena. Apunté en la nevera un horario de ejercicio con colores y todo. Martes, jueves y sábado. Cardio y fuerza. Muy bonito.
Duró nueve días.
El bote de omega-3 sigue en la estantería. Las cremas están en el cajón del baño, debajo de tres cosas que ni recuerdo haber comprado. Y el horario de ejercicio ahora es un papel que uso para apoyar el vaso de agua.
¿Por qué el autocuidado se me da tan mal?
A ver, no me malinterpretes. Yo quiero cuidarme. De verdad. Me importa mi salud. Me importa mi piel. Me importa no tener el cuerpo de un señor de 60 años a los 30. Pero hay algo entre el "quiero cuidarme" y el "me cuido" que mi cerebro no consigue conectar.
Y no es pereza. Porque el día que empiezo, lo hago a lo bestia. Crema por la mañana, crema por la noche, sérum, protector solar. Vitamina D, magnesio, omega-3 y probióticos. Sesión de gym con playlist motivacional y todo.
El problema no es empezar. El problema es el día 7. O el día 10. Cuando tu cerebro ya se acostumbró a la rutina y deja de sentirla como nueva. Porque cuidarte no tiene recompensa inmediata. No te miras al espejo y ves resultados. No sientes nada diferente después de tomarte las vitaminas. Y tu cerebro necesita sentir algo para seguir haciendo algo.
Es como pedirle a un niño que riegue una planta todos los días. Los primeros días mola. Luego es un coñazo. Y la planta no crece más rápido por echarle más atención.
¿Es normal no poder mantener una rutina de cuidado básico?
Depende de a quién le preguntes. Si le preguntas a tu amigo que lleva 5 años yendo al gym sin fallar un día, te dirá que es disciplina. Que es cuestión de hábitos. Que "solo tienes que hacerlo".
Ya. Claro. Solo tienes que hacerlo. Como si fuera tan fácil.
El tema es que hay cerebros que funcionan con constancia natural. Que pueden repetir una tarea 300 días seguidos sin necesitar una razón nueva cada día. Y hay cerebros que no. Cerebros que necesitan novedad. Que necesitan variación. Que necesitan que cada día haya algo ligeramente diferente para no desconectar.
Si tus rutinas duran dos semanas y luego desaparecen, no eres vago. Tu cerebro simplemente no funciona con la repetición. No es un defecto de carácter. Es cableado.
Y lo peor es que cada vez que lo intentas y fallas, te sientes peor. Porque la narrativa es: "Si no puedes ni cuidarte a ti mismo, ¿qué puedes hacer?" Y eso te paraliza más. Y la próxima vez que compras cremas, en el fondo ya sabes que no las vas a usar. Pero las compras igual. Porque la esperanza de esta vez es más bonita que la realidad de las últimas 47 veces.
La trampa del kit completo
Esto me pasa siempre. Decido cuidarme y me compro TODO. El kit completo. La suscripción al gym, las zapatillas nuevas, los suplementos, la app de meditación premium. Como si tener las herramientas fuera lo mismo que usarlas.
Y es una trampa. Porque comprar todo eso ya te da la recompensa. Ya sientes que te estás cuidando. Tu cerebro ya marcó la casilla de "autocuidado: hecho". Sin haber hecho nada real.
Es lo mismo que pasa cuando cada sistema que creas lo acabas abandonando. No es el sistema el que falla. Es que la emoción de crear el sistema te da más dopamina que usarlo.
¿Y entonces qué hago?
Lo que a mí me funciona. No sé si a ti te funcionará, pero por lo menos puedo contarte lo mío.
Primero: una cosa a la vez. No el kit completo. Una crema. Solo una. Cuando lleves un mes con esa crema sin pensarlo, entonces añades la siguiente.
Segundo: ponlo donde no puedas ignorarlo. El omega-3 al lado del café. La crema encima del cepillo de dientes. Si tu cerebro no lo ve, no existe. Así de simple.
Tercero: deja de exigirte perfección. Si un día se te olvida, no pasa nada. No es "he roto la racha y ya da igual". Es "ayer no lo hice, hoy sí". Sin drama. Sin resetear el contador a cero.
Porque intentar crear hábitos y fracasar no significa que no puedas cuidarte. Significa que todavía no has encontrado la forma que encaja con tu cerebro. Y hay formas. Solo que no son las que te venden en Instagram.
Y si esto de las rutinas que mueren jóvenes te pasa en todo - no solo en autocuidado, sino en todo lo que te cuesta más que a los demás - a lo mejor el problema no es que seas un desastre. A lo mejor hay algo debajo que explica por qué tu cerebro funciona así.
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Si tus rutinas de autocuidado siempre mueren antes de las dos semanas y quieres entender por qué, hice un test de 43 preguntas sobre cómo funciona tu atención. No es un diagnóstico, pero te da pistas. Hacer el test TDAH.
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