Rembrandt y las compras compulsivas: cuando tu cerebro no sabe decir "no"
Rembrandt ganaba fortunas y lo gastaba todo en armaduras y cocodrilos disecados. Las compras compulsivas y el TDAH tienen una explicación.
Rembrandt ganaba fortunas y las gastaba en armaduras, conchas exóticas y cocodrilos disecados. Si alguna vez has comprado algo a las 3AM que no necesitabas, esta historia te va a resultar muy familiar.
Porque lo que le pasaba a Rembrandt no era capricho de artista rico. Era un cerebro que no sabía decir "no" a lo que le generaba un chute de dopamina. Y ese mecanismo, cuatrocientos años después, sigue funcionando exactamente igual en millones de personas.
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El gabinete de curiosidades más caro de Ámsterdam
Ya hemos hablado de los rasgos de TDAH en Rembrandt. Su hiperfoco con la pintura, su incapacidad para gestionar el dinero, su tendencia a tomar decisiones impulsivas que le costaron la carrera. Pero hay un rasgo concreto que merece su propio capítulo: las compras.
Porque Rembrandt no compraba cosas normales.
Compraba armaduras japonesas. Conchas de nautilo traídas desde el otro lado del mundo. Bustos romanos. Mapas antiguos. Minerales raros. Textiles orientales. Pieles de animales exóticos. Y sí, un cocodrilo disecado.
Su casa en Ámsterdam, la que hoy es un museo, era básicamente un gabinete de curiosidades del siglo XVII. Un almacén de objetos fascinantes que nadie le había pedido comprar y que no necesitaba para nada. Pero que su cerebro le decía que eran absolutamente imprescindibles en el momento exacto de la compra.
¿Te suena?
¿Por qué las personas con TDAH compran cosas que no necesitan?
Aquí es donde la historia de Rembrandt deja de ser una anécdota de museo y empieza a ser tu historia.
El cerebro con TDAH tiene un sistema de recompensa que funciona diferente al del resto. Produce menos dopamina de base. Eso significa que necesita más estímulos para sentirse "bien". Y una de las formas más rápidas de generar un pico de dopamina es comprar algo nuevo.
No es el objeto. Es la novedad.
El momento en que encuentras algo, lo deseas, tomas la decisión y lo compras. Ese proceso entero dura segundos y genera un subidón que tu cerebro llevaba horas, o días, necesitando. Es como rascarse un picor que no sabías que tenías hasta que lo rascas.
Y luego pasa lo de siempre. El paquete llega, lo abres, y sientes... nada. O peor: culpa. Porque el subidón ya se fue. Se fue en el momento en que pulsaste "comprar". El objeto en sí te da igual. Lo que querías era el proceso de conseguirlo.
Rembrandt compraba conchas de nautilo y cocodrilos disecados.
Tú compras gadgets a las tres de la mañana, libros que nunca vas a leer, cursos online que ni abres, o ropa que se queda con la etiqueta puesta en el armario durante seis meses.
El mecanismo es exactamente el mismo.
La trampa del "esta vez es diferente"
Uno de los patrones más crueles de las compras compulsivas con TDAH es la justificación instantánea. Tu cerebro no solo te impulsa a comprar. También te da una razón perfectamente lógica para hacerlo.
"Es una inversión."
"Estaba de oferta."
"Lo voy a necesitar algún día."
"Me lo merezco después de la semana que llevo."
Rembrandt probablemente se decía que esas armaduras eran material de referencia para sus cuadros. Que las conchas exóticas le servían para estudiar la luz y las texturas. Y en parte era verdad. Usaba algunos de esos objetos como modelos. Pero la proporción entre lo que compraba y lo que realmente usaba era, digamos, desproporcionada.
Es como si yo me comprara treinta teclados mecánicos porque "necesito probar cuál es el mejor para escribir". Mira, uno o dos vale. Pero treinta es tu cerebro buscando dopamina y disfrazándola de productividad.
Marie Antoinette tenía un patrón parecido
El problema no es comprar. Es no poder parar.
Aquí hay un matiz importante que mucha gente no entiende.
Todo el mundo compra cosas que no necesita de vez en cuando. Todo el mundo ha tenido un impulso y ha acabado con algo absurdo en el carrito. La diferencia es que la mayoría de cerebros tienen un sistema de frenos que dice "espera, ¿de verdad necesitas esto?" antes de pulsar el botón.
El cerebro con TDAH tiene los frenos sueltos.
No es que no quieras parar. Es que la señal de "para" llega tarde. O llega bajito. O llega cuando ya has comprado tres cosas y el cargo ya está en la tarjeta. La parte del cerebro que regula los impulsos, la corteza prefrontal, funciona diferente. Y eso se traduce en que la distancia entre "quiero esto" y "lo tengo" es de medio segundo.
Rembrandt era el mejor pintor de su generación. Ganaba cantidades obscenas de dinero. Y acabó en bancarrota. No porque no supiera de dinero. Sino porque su cerebro convertía cada objeto interesante en una necesidad urgente e innegociable.
Cuatrocientos años después, la gente sigue pensando que las compras compulsivas son un tema de fuerza de voluntad. De "contrólate". De "piénsalo dos veces".
Claro. Dile a un cerebro con TDAH que piense algo dos veces. Ese cerebro ya ha pensado cuarenta y siete cosas desde que empezaste la frase.
Lo que Rembrandt nos enseña sobre nuestro propio cerebro
La historia de Rembrandt y sus compras no es una curiosidad histórica. Es un espejo.
Si alguna vez has sentido ese impulso irrefrenable de comprar algo que sabes que no necesitas, y luego la culpa instantánea cuando el subidón desaparece, no eres un desastre con el dinero. No es que no tengas disciplina. Es que tu cerebro funciona de una forma concreta, y nadie te ha explicado el mecanismo que hay detrás.
Rembrandt no lo supo nunca. Murió arruinado sin entender por qué no podía parar.
Tú tienes la ventaja de poder ponerle nombre.
Si te has visto reflejado en esta historia y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, el test de TDAH es un buen primer paso. Rápido, gratuito y sin rodeos.
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