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Maradona vs Ali: dos genios impulsivos, dos destinos paralelos

Maradona y Muhammad Ali compartían algo más que el talento: impulsividad desbordante, carisma brutal y una incapacidad para frenar. ¿Casualidad o TDAH sin gestionar?

tdahfamosos

Dos deportistas. Dos disciplinas completamente distintas. Dos vidas que, si las pones en paralelo, parecen el mismo guion escrito dos veces.

Uno con una pelota. Otro con los puños. Ambos con un carisma que podía llenar estadios y vaciar habitaciones al mismo tiempo.

Maradona y Muhammad Ali.

Y detrás de todo ese brillo: un cerebro que nunca paraba. Que nunca podía parar.

¿Qué tienen en común un futbolista argentino y un boxeador americano?

Más de lo que piensas.

Los dos llegaron desde abajo. Los dos rompieron todas las expectativas. Los dos se convirtieron en leyendas en vida y luego vieron cómo sus propias vidas se les escapaban de las manos.

Y los dos compartían algo que no aparece en los libros de historia: una impulsividad que era tanto su motor como su veneno.

Esto no es un diagnóstico. Ni Ali ni Maradona fueron evaluados por TDAH de forma pública. Pero si miras sus biografías, sus comportamientos, sus patrones repetitivos. Si ves cómo vivían, cómo tomaban decisiones, cómo se relacionaban con el mundo. La sospecha es razonable.

Y lo que nos enseña la comparación es bastante más útil que una etiqueta clínica.

El carisma como síntoma

Hay algo curioso en las personas con un cerebro hiperactivo en el deporte: son magnéticas.

No es que sean simpáticas. Es que hay algo en ellas que parece en llamas permanentemente. Como si todo lo que sientes tú en tus mejores momentos, ellas lo sintieran al cien por cien todo el rato.

Maradona entró a un vestuario y lo llenó de energía antes de abrir la boca. Ali daba una rueda de prensa y dejaba a los periodistas con la boca abierta sin haber dicho todavía nada serio.

Ese nivel de presencia no se aprende. Viene de dentro.

Y muchas veces viene de un cerebro que procesa el mundo a otra velocidad. Que busca estímulos de forma constante. Que vive en un estado de alerta permanente del que solo escapa cuando hace algo que lo absorbe del todo.

Para Maradona: la pelota.

Para Ali: el ring.

Fuera de esos contextos, los dos eran difíciles. Intensos. Impredecibles.

La impulsividad que ganó títulos

Aquí está la parte que la gente no quiere escuchar.

La misma impulsividad que lleva a malas decisiones, a adicciones, a relaciones rotas. Esa misma impulsividad es la que hace que un deportista tome la decisión antes de que su cerebro consciente la procese.

Maradona no calculaba si gambetear a cinco defensas. Lo hacía.

Ali no analizaba si lanzar una combinación imposible. La lanzaba.

Esa reactividad instantánea, ese "actúa antes de pensar" que tanto daño hace en la vida cotidiana, en el campo o en el ring es una ventaja brutal.

El problema es que el cerebro no sabe que ya saliste del campo.

Sigues tomando decisiones a esa velocidad. Sin filtros. Sin pausas. Sin considerar consecuencias.

Y entonces aparecen las otras historias. Las que no salen en los pósters.

Dos genios. Dos autodestrucciones.

Maradona y la cocaína es una historia que todo el mundo conoce. Pero menos gente habla del patrón detrás: la búsqueda constante de estímulos extremos, la incapacidad de estar quieto, las relaciones caóticas, las explosiones públicas que luego él mismo no sabía muy bien explicar.

Ali tuvo su propia versión. Antes del Parkinson, hubo años de excesos, de peleas que no debería haber dado, de una incapacidad para retirarse cuando su cuerpo ya le pedía parar. La necesidad de la adrenalina no desaparecía solo porque el médico dijera que era peligroso seguir.

No es que fueran autodestructivos por capricho. Es que sus cerebros necesitaban el nivel de estimulación que solo encontraban en los extremos.

Y cuando el deporte ya no podía darlo, buscaban otra cosa.

Eso tiene un nombre. Y no es falta de carácter.

Lo que nos enseña la comparación

Cuando ves a deportistas con TDAH en su máximo esplendor, es fácil romantizar el caos.

"Es que eran tan libres. Tan auténticos. Sin ataduras."

Sí. Y también murieron antes de tiempo, o vivieron sus últimas décadas sufriendo consecuencias que se podían haber evitado.

La impulsividad sin gestión no es libertad. Es una ruleta rusa con más cilindros cargados de los que parece.

Maradona murió a los 60. Ali pasó más de treinta años con Parkinson que algunos médicos han vinculado al daño acumulado de los golpes que siguió recibiendo cuando ya debería haberse retirado.

Dos genios. Dos vidas que podían haber sido distintas con las herramientas adecuadas.

No estoy diciendo que el TDAH los destruyó. Estoy diciendo que un cerebro así, sin apoyo, sin estrategias, sin siquiera saber que ese cerebro funciona diferente, acaba pagando un precio muy alto.

El patrón se repite

Esto no es solo Maradona y Ali.

Es el mismo patrón que encuentras en la impulsividad de JFK, en músicos, en escritores, en artistas de todo tipo.

Cerebros que arden. Que crean cosas extraordinarias. Que cuando se les da el contexto adecuado, rompen todos los límites.

Y que cuando no tienen ese contexto, o cuando la sociedad los empuja fuera de él, se queman de formas muy concretas y muy predecibles.

Lo predecible es lo importante aquí.

Porque si es predecible, es gestionable.

No siempre. No del todo. Pero mucho más de lo que ocurrió con Maradona y con Ali.

Qué puedes hacer tú con esta información

Si te ves reflejado en algo de lo que has leído aquí, no lo ignores.

No te estoy diciendo que seas el próximo Maradona. Te estoy diciendo que si tu cerebro funciona a esa velocidad, si la impulsividad te ha costado cosas en la vida, si el aburrimiento te resulta literalmente insoportable. Merece la pena investigar.

El primer paso siempre es entender cómo funciona tu cerebro.

Puedes empezar con el test de TDAH para adultos. No es un diagnóstico. Es información. Y la información es lo primero que necesitas para no repetir patrones que ya sabes a dónde llevan.

Maradona y Ali no tuvieron esa información.

Tú sí puedes tenerla.

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