Por qué me aburro en las conversaciones aunque quiera estar presente
Tu amigo habla. Tú asientes. Pero tu cerebro lleva 3 minutos en otro continente. No es que no te importe.
Tu amigo está hablando. Te está contando algo que le importa. Tú le miras a los ojos, asientes, dices "ya" y "claro" en los momentos correctos. Y tu cerebro lleva 3 minutos en otro continente.
Estás pensando en qué vas a cenar. O en una cosa que dijiste hace 4 años en una fiesta. O en nada concreto, solo estás flotando en algún sitio que no es esta conversación. Y cuando tu amigo para y te mira esperando una respuesta, tienes que improvisar. Porque no has escuchado los últimos 2 minutos.
Y te sientes fatal. Porque no es que no te importe. Te importa. Es tu amigo. Le quieres. Quieres estar ahí. Pero tu cerebro no quiere estar ahí. Tu cerebro quiere estar en cualquier otro sitio.
¿Por qué no puedo mantenerme presente en una conversación?
A ver, esto no es falta de educación ni de interés. Es neurología.
Tu cerebro necesita un nivel mínimo de estimulación para mantenerse enganchado. Y la mayoría de conversaciones no llegan a ese nivel. No porque sean aburridas. No porque la persona no sea interesante. Sino porque tu umbral de estímulo es más alto que el de la mayoría.
Imagínate que tu atención es un perro con correa. En la mayoría de cerebros, el perro es un golden retriever: obedece, se queda quieto, mira a donde le dices. En tu cerebro, el perro es un galgo que acaba de ver un conejo. Da igual lo fuerte que agarres la correa. Se va.
Y las conversaciones son especialmente difíciles porque son estímulos lineales. Una persona hablando. Un ritmo. Un tono. Sin variación. Sin saltos. Para tu cerebro, eso es como estar en una carretera recta durante 300 kilómetros. Se desconecta automáticamente.
Lo peor es que no te das cuenta de cuándo pasa. No hay un momento en el que decides dejar de escuchar. Simplemente, en un momento estás ahí y al siguiente no. Y cuando vuelves, ya has perdido 3 minutos que no puedes recuperar.
Las estrategias que usas sin saber que las usas
Esto es lo interesante. Porque cuando tienes este problema mucho tiempo, desarrollas mecanismos para disimular. Y ni te das cuenta de que los estás usando.
Asientes mucho. Dices "ya, ya" aunque no tengas ni idea de qué está diciendo la otra persona. Repites la última frase que escuchaste para aparentar que seguías. Haces preguntas genéricas tipo "¿y qué pasó?" que funcionan en cualquier contexto.
Y funciona. La mayoría de la gente no se da cuenta. Pero tú sí. Y cada vez que lo haces, un trocito de ti piensa: "Soy un fraude". Porque estás fingiendo estar presente cuando no lo estás.
Yo lo he hecho mil veces. En conversaciones con gente que me importa de verdad. En reuniones de trabajo donde necesitaba prestar atención. En cenas con amigos donde todos se reían y yo estaba intentando reconstruir de qué estábamos hablando.
Y lo que más jode es que cuando la conversación toca un tema que activa tu cerebro, estás al 1000%. Escuchas cada palabra. Participas. Brillas. Y la otra persona piensa: "Entonces sí puede concentrarse". Y tú piensas: "Sí, pero solo cuando mi cerebro decide que merece la pena".
La parte social que nadie cuenta
Esto tiene un coste social que la gente no ve.
Porque cuando te aburres en las conversaciones, empiezas a evitarlas. No conscientemente. Pero empiezas a preferir conversaciones cortas. Empiezas a inventar excusas para no quedar. Empiezas a estar más cómodo solo que en grupo.
Y la gente cree que eres introvertido. O antisocial. O que pasas de ellos. Pero no es nada de eso. Es que mantener una conversación larga te agota. Es un esfuerzo activo que los demás no tienen que hacer. Ellos solo escuchan. Tú tienes que escuchar Y mantener a tu cerebro enganchado al mismo tiempo. Es el doble de trabajo.
Si alguna vez has notado que necesitas estímulo constante para funcionar, las conversaciones son otro escenario donde eso se nota. No es que la gente sea aburrida. Es que tu cerebro necesita más intensidad de la que una conversación normal ofrece.
Y si además sientes que tus emociones cambian sin previo aviso, imagínate lo que es estar en una conversación, desconectarte, darte cuenta de que te has desconectado, sentirte culpable, frustrarte contigo mismo, y todo eso mientras la otra persona sigue hablando sin enterarse de nada.
No eres mala persona
Esto necesito que lo leas bien.
No eres mala persona por desconectarte en las conversaciones. No eres egoísta. No eres insensible. Eres una persona cuyo cerebro necesita un tipo de estimulación que las conversaciones lineales no siempre dan.
Y cuando aceptas eso, cuando dejas de culparte por "no ser un buen amigo" o "no saber escuchar", puedes empezar a hacer cosas con ello. Conversaciones mientras camináis. Quedar para hacer algo en vez de solo hablar. Ser honesto con la gente que te importa sobre cómo funciona tu cabeza.
A mucha gente le cuesta todo más que a los demás. Y una de las cosas que más cuesta es algo que para la mayoría es tan natural que ni lo piensan: estar presente con otra persona.
Esto no es un diagnóstico. Si esto te suena a toda tu vida, habla con un profesional. No para que te digan que eres raro, sino para que te expliquen por qué tu atención funciona así.
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