Invertí en publicidad sin saber qué hacía y perdí hasta la vergüenza
Puse 2.000 euros en anuncios sin estrategia, sin público definido y sin producto validado. El resultado fue exactamente el que imaginas.
Hay una fase del emprendimiento que nadie te cuenta. La fase en la que crees que la publicidad es la solución a todo.
No vendes suficiente. Solución: publicidad. No creces. Solución: publicidad. No te conoce nadie. Solución: publicidad. Es como ese amigo que te dice "ponte crema" para cualquier problema de piel. Quemadura, eccema, herida abierta. Crema. Siempre crema.
Pues yo fui ese emprendedor. El de la crema. El que pensó que 2.000 euros en Facebook Ads solucionarían todos sus problemas.
No los solucionaron.
¿Cómo se pierden 2.000 euros en una semana?
Fácil. Abres el Business Manager de Facebook. No entiendes nada, pero da igual. Pones tu tarjeta. Creas un anuncio con una foto que te parece bonita, un texto que has escrito en 10 minutos, y le das a "publicar". Audiencia: todo el mundo. Presupuesto: el máximo que puedas permitirte.
Y empiezas a ver números. Impresiones. Clics. CPM. CTR. Números que suben, que bajan, que cambian cada hora. Y tú ahí, refrescando la página como un loco, pensando que cada clic es un cliente potencial.
Spoiler: no lo era.
En cinco días gasté 2.000 euros. Conseguí algo así como 4.000 clics. Y de esos 4.000 clics, cero ventas. Otra vez el cero. El puñetero cero.
Pero esta vez el cero venía con factura.
El error no fue gastar, fue no saber por qué gastaba
Mira, la publicidad funciona. De verdad que funciona. Pero funciona cuando tienes claro a quién le hablas, qué le ofreces y por qué debería importarle. Si no tienes eso, estás tirando billetes por la ventana de un coche en marcha.
Yo no tenía nada de eso. No tenía buyer persona. No tenía funnel. No tenía ni una landing decente. Tenía un producto, un botón de compra y la esperanza de que el algoritmo hiciera magia.
El algoritmo no hace magia. El algoritmo es un amplificador. Si amplificas algo bueno, funciona. Si amplificas basura, obtienes basura más cara.
Y eso es exactamente lo que obtuve. Basura de 2.000 euros.
¿Qué aprendí gastando dinero que no tenía?
Lo primero: que antes de pagar por tráfico, tienes que saber qué haces con el tráfico. De nada sirve traer a 4.000 personas a tu web si cuando llegan no hay nada que les enganche, que les convenza, que les haga sacar la cartera.
Lo segundo: que facturar no es ganar. Y gastar en publicidad no es invertir. Invertir es cuando hay un retorno esperado basado en datos. Gastar es cuando pones dinero porque estás asustado y necesitas sentir que haces algo.
Lo tercero: que la publicidad es el último paso, no el primero. Primero creas algo que alguien quiere. Luego lo vendes a mano, uno a uno, a pelo, sin anuncios. Y cuando eso funciona - cuando tienes un sistema que convierte sin pagar - entonces metes dinero para amplificarlo.
Pero claro, eso requiere paciencia. Y la paciencia no es exactamente el fuerte de nadie que esté emprendiendo con las cuentas en rojo.
Lo que haría si pudiera volver a esa semana
Primero, no habría gastado ni un euro hasta tener al menos 30 ventas orgánicas. Treinta personas que hubieran comprado sin que les pusiera un anuncio delante.
Segundo, habría gastado 100 euros, no 2.000. Un test pequeño. Suficiente para saber si el mensaje funciona sin hipotecar el mes.
Tercero, habría puesto un pixel de seguimiento antes de gastar nada. Así al menos tendría datos para la siguiente campaña. Pero claro, yo ni sabía lo que era un pixel. Estaba jugando a un juego cuyas reglas no había leído.
Es la impulsividad clásica del TDAH aplicada al dinero. Ves una solución, te enganchas, y antes de que la parte racional de tu cerebro diga "espera", ya has sacado la tarjeta. Me ha pasado con publicidad, con herramientas, con cursos. El patrón es siempre el mismo.
La lección que me costó 2.000 euros
A día de hoy, cada vez que voy a gastar dinero en publicidad me hago una pregunta: ¿funcionaría esto sin el anuncio? Si la respuesta es no, no pongo un euro.
Porque si tu oferta no convence a la gente que ya te conoce, no va a convencer a desconocidos por mucho que pagues para ponérsela delante.
Los 2.000 euros no volvieron. Pero la lección sigue aquí. Y te la cuento gratis, que ya he pagado yo por los dos.
No hay atajo que funcione si no sabes adónde vas. Y emprender sin mapa es caro. Muy caro.
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