Crear un producto digital cuando eres un servicio: el salto

Vendes tu tiempo como servicio y quieres crear un producto digital. El salto es posible pero nadie te cuenta lo que duele.

Yo era un servicio. Un tío que hacía cosas para otros. Diseñaba, programaba, resolvía problemas. Mis clientes me pagaban por mi tiempo y yo les daba mi tiempo. Así de simple. Así de limitado.

Un día escuché la frase que todos los emprendedores digitales repiten como un mantra: "crea un producto digital y gana dinero mientras duermes".

Suena fenomenal. Suena a playa, portátil, y coco con pajita. Lo que nadie te dice es que antes de ganar dinero mientras duermes, vas a perder dinero, sueño y salud mental durante meses.

Pero lo hice. Y funcionó. Y sí, cambió todo.

Solo que el camino no se parecía en nada a lo que prometían los gurús.

El primer error: crear lo que tú quieres, no lo que necesitan

Mi primer producto digital fue un desastre. Lo creé basándome en lo que yo sabía, no en lo que la gente necesitaba. Un curso de 47 lecciones sobre algo que a mí me parecía fascinante y que a mi audiencia le daba exactamente igual.

Vendí 3 unidades. Tres. Una de ellas me la compró mi madre. Y no la terminó.

El problema no era el producto. Era que lo creé en una burbuja. Sin preguntar a nadie. Sin validar nada. Sin comprobar si alguien estaba dispuesto a pagar por eso.

Con TDAH, crear un producto es la parte fácil. Tienes ideas a chorros. Puedes sentarte un fin de semana en hiperfoco y crear 8 módulos de un curso en 48 horas. El cerebro TDAH es una máquina de creación.

Pero validar es aburrido. Preguntar es incómodo. Y esperar a tener datos antes de lanzarte es casi imposible cuando tu cerebro ya está diseñando la página de ventas.

¿Cuándo es el momento de dar el salto?

Nunca. No hay momento perfecto. Si esperas al momento perfecto, vas a seguir vendiendo tu tiempo hasta que no te quede tiempo que vender.

Pero hay un momento razonable: cuando ya tienes clientes que te piden lo mismo una y otra vez.

Si 5 clientes diferentes te han pedido resolver el mismo problema, ahí tienes un producto. Literalmente. El problema ya está validado. La gente ya paga por resolverlo. Solo tienes que empaquetar la solución.

En mi caso, varios alumnos me preguntaban lo mismo sobre productividad con TDAH. Las mismas preguntas. Los mismos problemas. Las mismas frustraciones. Y yo les daba las mismas respuestas, una y otra vez, en llamadas individuales.

Un día pensé: ¿y si grabo esto una vez y lo vendo mil veces?

Así nació mi primer producto que funcionó de verdad.

Lo que nadie te dice sobre la transición

1. No dejas el servicio de golpe. No puedes. El servicio paga las facturas. El producto, al principio, no paga nada. Lo que haces es crear el producto mientras sigues dando servicio. Es como construir un avión mientras vuelas en otro.

2. Vas a sentirte un fraude. "¿Quién soy yo para crear un curso?" Esa frase me la repetí 400 veces. Con 14 productos a veces sigo abriendo LinkedIn pensando que soy un fraude. No se va. Aprendes a crear con el síndrome del impostor sentado al lado.

3. El primer lanzamiento va a ser decepcionante. No vas a vender 10.000 euros el primer día. Ni el primer mes. Probablemente ni el primer año. Pero cada lanzamiento enseña. Cada lanzamiento mejora. Cada lanzamiento está construyendo algo que el servicio nunca te va a dar: un activo que trabaja sin ti.

Servicio vs. producto: lo que cambia en tu cerebro TDAH

Cuando das servicio, tu cerebro tiene una recompensa inmediata. Haces el trabajo, te pagan, dopamina. Cada proyecto es un ciclo completo. Inicio, desarrollo, entrega, cobro. Tu cerebro entiende eso.

Cuando creas un producto, la recompensa está lejos. Muy lejos. Creas durante semanas sin que nadie te pague un euro. Sin validación. Sin dopamina. Y tu cerebro TDAH empieza a gritar "esto no funciona, déjalo, empieza otra cosa".

La solución que me funcionó: dividir el producto en trozos que pudiera vender antes de terminarlo. Pre-venta. Acceso anticipado. Versión beta. Lo que fuera para que mi cerebro tuviera una recompensa antes de los 3 meses de sequía.

El momento en que todo tiene sentido

Llega un día en el que te despiertas y ves que alguien compró tu producto a las 3 de la mañana. Mientras dormías. Mientras no hacías nada.

No es una fortuna. Son 47 euros. O 97. O lo que cueste. Pero esos euros entraron sin que tú hicieras nada en ese momento. Sin una llamada. Sin un email. Sin cambiar tu tiempo por dinero.

Y entonces entiendes por qué todo el mundo habla de productos digitales. No es por la playa. No es por el portátil. Es por esa sensación de que tu trabajo de ayer sigue produciendo resultados hoy.

Para un cerebro TDAH que se aburre del propio negocio cada 6 meses, eso es la diferencia entre un negocio que te atrapa y uno que te libera.

El salto duele. El salto tarda. El salto te va a hacer sentir que la estás cagando el 80% del tiempo.

Pero al otro lado del salto hay un negocio que no depende de que tu cerebro funcione cada hora de cada día. Y eso, créeme, no tiene precio por hora.

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